«Tú también puedes ser santo» es el lema de la campaña del Día de la Iglesia Diocesana se celebra este año el domingo 9 de noviembre (dedicación de la Basílica de Letrán), jornada establecida por el papa Francisco para conmemorar a los santos, beatos, venerables y siervos de Dios en las Iglesias particulares.
¿Cómo se financia la Iglesia en Navarra?
En nuestra diócesis contamos con una serie de fuentes que permiten sostener nuestra misión. En primer lugar, las aportaciones voluntarias de los fieles (colectas parroquiales, donativos y suscripciones) constituyen una parte esencial de nuestros ingresos. Además, mediante la declaración del IRPF, los contribuyentes pueden marcar la casilla para la Iglesia: esa llamada “X” permite que el 0,7 % de la cuota íntegra, si así lo decide el contribuyente, se destine al sostenimiento de la Iglesia. Asimismo, generamos ingresos patrimoniales (alquileres, rendimientos de inversiones) y tenemos convenios o ayudas puntuales de la administración para proyectos concretos. En el ejercicio 2024 los ingresos alcanzaron algo más de 29 millones de euros, de los que aproximadamente el 75% provienen directamente de los fieles.
Hay gente que cree que el Estado financia a la Iglesia, ¿es cierto?
No, eso es falso. El Estado no financia a la Iglesia Católica. La Iglesia se sostiene gracias a los fieles, no con dinero público. La única colaboración estable que existe con el Estado es el sistema de asignación tributaria del IRPF: cada ciudadano, libremente, puede marcar la casilla de la Iglesia en su declaración de la renta, y entonces el 0,7 % de sus impuestos se destina a su sostenimiento. Pero es una decisión personal y voluntaria del contribuyente, no una aportación del Estado. Además, como cualquier otra entidad social o cultural, la Iglesia puede recibir ayudas puntuales para proyectos concretos (por ejemplo, la restauración del patrimonio histórico o programas sociales), siempre dentro de convocatorias públicas abiertas o convenios específicos. Pero el día a día de la Iglesia no lo paga el Estado: lo sostienen las colectas, los donativos y la generosidad de miles de personas en Navarra.
¿Cuál es el destino de los fondos diocesanos y cómo se gestionan los recursos?
El destino principal de nuestros recursos es la acción pastoral y social de la Iglesia, que está en el corazón de su misión. La mayor parte del presupuesto se orienta a mantener la actividad de las parroquias, el trabajo de los sacerdotes, religiosos y religiosas y agentes de pastoral, y sobre todo a sostener las iniciativas sociales y asistenciales que llegan cada día a miles de personas en Navarra: atención a familias en dificultad, acompañamiento a mayores, migrantes, trata, enfermos o personas sin recursos. También destinamos una parte importante al sostenimiento del clero y del personal laico, que son quienes hacen posible esa presencia constante de la Iglesia en cada pueblo y barrio. Por supuesto, existe también un esfuerzo grande en conservar los templos y edificios, que son lugares de encuentro y servicio, pero todo ello está al servicio de las personas.
Ante los cambios socioeconómicos, ¿qué nuevas estrategias están implementando para asegurar la sostenibilidad económica de la diócesis?
Nuestro objetivo es asegurar la estabilidad y la sostenibilidad económica de la diócesis a medio y largo plazo. Para ello, estamos trabajando en generar ingresos recurrentes, que nos permitan planificar con serenidad el trabajo pastoral y social. Queremos depender menos de los ingresos puntuales y más de aportaciones estables: el sostenimiento regular de los fieles, las cuotas y suscripciones periódicas, la asignación tributaria del IRPF y el aprovechamiento responsable de los bienes patrimoniales. También nos gustaría contar con mayor colaboración por parte de las administraciones públicas, especialmente en el ámbito del patrimonio histórico y de la acción social. La Iglesia realiza una labor de servicio que beneficia al conjunto de la sociedad, y creemos que esa colaboración puede ser más fluida y más reconocida. En definitiva, buscamos un modelo económico más sólido, compartido y sostenible, que garantice que la Iglesia pueda seguir acompañando y ayudando a quienes más lo necesitan.
¿Cómo se está afrontando el coste de mantenimiento de iglesias históricas, especialmente aquellas que han recibido menos apoyo público?
El mantenimiento del patrimonio histórico es uno de los grandes retos que afrontamos. La diócesis dedica cada año una parte muy importante de su presupuesto a conservar templos y edificios, porque no son sólo bienes materiales: son lugares de fe, historia y cultura que forman parte de la identidad de Navarra. Para poder sostener ese esfuerzo, impulsamos programas de mecenazgo y animamos a particulares, empresas y entidades a colaborar, recordando que las aportaciones destinadas a la conservación del patrimonio religioso gozan de importantes desgravaciones fiscales. El mecenazgo es, además, una forma de participación ciudadana en la preservación de lo que también es patrimonio común. Ahora bien, creemos que este esfuerzo debe ser compartido. Sería deseable una mayor implicación de las administraciones públicas, que tienen (y así lo reconoce la ley) una responsabilidad en la conservación y mantenimiento de los bienes de especial valor cultural. Esa colaboración debería encauzarse a través de una actitud positiva y de cooperación, facilitando recursos, asesoramiento y programas conjuntos. Al final, preservar nuestras iglesias es cuidar parte esencial del alma y de la historia de Navarra.
¿Qué finalidad tiene la celebración del Día de la Iglesia diocesana?
El “Día de la Iglesia Diocesana” es una jornada para recordar algo esencial: que la diócesis somos todos. A veces tendemos a identificar la Iglesia únicamente con nuestra parroquia, nuestro pueblo o nuestra ciudad, porque es el lugar donde participamos habitualmente, donde nos bautizaron o donde colaboramos. Pero la realidad es mucho más amplia. Cada parroquia, cada comunidad, cada movimiento forma parte de una gran familia diocesana que camina unida en la misma misión. Este día nos invita a mirar más allá de nuestras fronteras parroquiales, a sentirnos corresponsables del conjunto de la diócesis y de su acción evangelizadora y social. Nos ayuda a entender que lo que se hace en una parroquia pequeña de la montaña o en un barrio de Pamplona también forma parte de la misma Iglesia de Navarra, y que todos contribuimos, de una forma u otra, a sostenerla. Es, en definitiva, una jornada para reavivar el sentido de comunión y de pertenencia, para agradecer el trabajo de tantos y para recordar que solo si caminamos juntos (fieles, sacerdotes, religiosos y religiosas, comunidades, instituciones) la Iglesia podrá seguir siendo signo de esperanza y servicio en nuestra tierra.
¿Cuáles son las necesidades más importantes que tiene la Iglesia en Navarra?
Prioritariamente, el sostenimiento del patrimonio (templos, casas parroquiales, centros pastorales) que requieren mantenimiento constante; la continuidad de las acciones pastorales y sociales (atención a jóvenes, familias, migrantes, personas en vulnerabilidad); y tener los recursos adecuados para mantener al clero y al personal laico que desarrolla la misión. Además, el desafío de adaptarnos a la nueva realidad sociocultural y seguir teniendo capacidad de respuesta ante nuevas problemáticas sociales, como por ejemplo la migración, la pobreza, la soledad…) exige que contemos con los medios necesarios para intervenir con eficacia.
¿Cuál es el papel del ecónomo en la administración de los bienes de la diócesis?
El ecónomo diocesano es el responsable de velar por el buen uso de los medios materiales y financieros de la diócesis. Bajo la autoridad del Obispo, coordina la contabilidad, prepara el presupuesto, supervisa los pagos y los ingresos, gestiona los inmuebles y las relaciones con auditorías externas. Es una figura clave para asegurar que cada recurso se emplea de forma racional, conforme al mandato de transparencia y al servicio de la misión de la Iglesia.
Para terminar, ¿qué mensaje le gustaría transmitir a los fieles con motivo del Día de la Iglesia Diocesana?
Me gustaría invitar a todos a sentirse parte activa de esta gran familia diocesana. La Iglesia no es algo ajeno ni distante: somos todos nosotros, con nuestras parroquias, nuestras comunidades y nuestros proyectos compartidos. Cada gesto, cada aportación cuenta y hace posible que la Iglesia siga presente allí donde más se la necesita. Por eso, animo a todos los navarros y navarras a participar en el Día de la Iglesia Diocesana, colaborando con generosidad. Las aportaciones pueden realizarse, como siempre, en la colecta de las celebraciones de ese domingo o también de forma sencilla a través del portal www.donoamiiglesia.es o del Bizum de la Diócesis que tiene el número 11927. Con cada donativo ayudamos a sostener la misión pastoral, social y caritativa de la diócesis. Entre todos podemos mantener viva una Iglesia cercana, comprometida y servidora, que sigue ofreciendo esperanza en medio de nuestra sociedad. n

