“Lo que más necesita una persona que está pasando por una época de duelo son las tres “Ces”, Comunidad, Comunicación y Comunión”
El pasado 17 de enero se presentó en Cintruénigo el primer grupo parroquial de Mutua Ayuda en Duelo “Resurrección” en Navarra. Para las personas que no pudieron acudir a la presentación, ¿podría explicarnos en qué va a consistir este grupo?
Va a ser un grupo de unas 10 personas dolientes (que sufren por la muerte de un ser querido) que se reúnen en la parroquia acompañados por una coordinadora, a lo largo de 12 semanas, con una reunión a la semana, a fin de ir profundizando sobre los temas característicos que aparecen de manera natural en las personas en duelo (la extrañeza, la aceptación, la culpa, el desapego, la ubicación del ser querido tras su muerte, vivir la vida con entusiasmo, etc.) y, a través de la ayuda mutua que brinda el grupo, ir sanando las heridas internas y alcanza paz, alegría y felicidad.
¿Qué labores se realizan desde la Pastoral del Duelo?
Esta pastoral, con identidad propia, reviste una alta dimensión de integración transversal con el resto de las pastorales, especialmente con la pastoral litúrgica, catequética, de exequias y de la salud.
Específicamente, la Pastoral del Duelo asume labores asistenciales de acompañamiento a quienes sufren por la muerte de seres queridos, a través de los medios siguientes:
• El grupo parroquial presencial de Mutua Ayuda en Duelo Resurrección
• El grupo virtual de Mutua Ayuda en Duelo Resurrección, por conexión online a través de Internet, para aquellas personas que todavía no disponen de un grupo parroquial presencial cercano a su domicilio
• El Ministerio de Escucha en Duelo, que es un acompañamiento parroquial individual
El campo de acción de esta Pastoral se ampliará en breve en lo relativo al acompañamiento en los procesos de duelo por la muerte próxima de seres queridos y por la propia muerte.
¿Cómo definiría el duelo desde una mirada cristiana y pastoral?
La Pastoral del Duelo es la presencia y acción de un ministerio eclesial de todo el Pueblo de Dios; está inspirada en el misterio Trinitario y en la docencia, praxis y vivencia del Señor Jesús; está dinamizada por la acción del Espíritu Santo como uno de los signos de los tiempos; animada específicamente por agentes cualificados; que anuncia, testimonia, conciencia, educa y celebra sobre la realidad del duelo, y porta el consuelo y la esperanza de la plena salud-salvación del Reino de Dios para todos; acompañando cualificadamente a los dolientes y sus allegados en el proceso de elaboración de su duelo.
El disparador que causa el sufrimiento es la muerte del ser querido, en este caso. El sufrimiento es la reacción interior que aparece en las seis dimensiones del doliente (dimensiones física, emocional, intelectual, relacional, valórica y espiritual) y que se manifiesta en forma de una serie de síntomas del sufrimiento, tales como pérdida del apetito, alteración del sueño, tristeza, vacío interior, añoranza, soledad, desconcierto, pérdida de autoestima, culpa, incredulidad, dolor profundo al despertar cada mañana, no soportar escuchar música, auto aislamiento de familiares y amigos, considerarse no ser digno de vivir situaciones alegres y placenteras, etc. Y el duelo es el trabajo de elaboración del sufrimiento que el doliente debe hacer sobre sí mismo a fin de sanar su sufrimiento.
El sufrimiento no es una enfermedad, sino una crisis de inadaptación a una realidad no deseada. El sufrimiento es Normal, Natural y hasta Necesario al principio, como alarma disparadora para ponerse manos a la obra de la propia sanación (al igual que el dolor, en el cuerpo, es la alarma que nos hace ir al médico para curar nuestro cuerpo). Por ello, lo que se hace en los grupos Resurrección no es una terapia, sino una revisión profunda, humanista y trascendente, sobre la vida, la muerte, el amor, la Vida eterna y la resurrección.
El duelo se puede hacer o bien de manera inmanente, de tejas para abajo (todo queda en la vida de la Tierra), o bien trascendente, incluyendo la proyección hacia la eternidad. Sólo un duelo trascendente aporta una verdadera sanación integral del doliente, sostenida por la esperanza en el reencuentro futuro con el ser querido hoy ausente.
¿Qué papel juega la fe en todo este proceso del duelo?
Hay distintas actitudes espirituales en relación con el proceso de duelo:
• A veces tener fe cuenta positivamente, en el caso de aquellos creyentes a quienes su espiritualidad cultivada y su vivencia íntima de Dios consuelan, sostienen e iluminan ante tamaño golpe
• En otras ocasiones, tener fe cuenta negativamente. Es el caso de aquellos creyentes, a quienes su espiritualidad no sirve de soporte para encarar un buen trabajo de duelo. Cuestionan a Dios por su estado, le achacan la falta de protección, que los ha abandonado, que no han sido escuchados en sus oraciones, incluso se sienten hasta probados y castigados
• Y hay incluso ocasiones en los que tener fe es indiferente en relación con el proceso de duelo. Es el caso de aquellos creyentes que, en el momento de gran padecimiento, se encuentran con una fe adormecida, indiferente, sin cultivar. Su vinculación comunitaria se reduce a la práctica sacramental, poco regular u ocasional, sin compromiso pastoral de servicio alguno con la comunidad. En esta situación, su creencia superficial no repercute positivamente en su situación
Eso sí, en todos los casos, el paso por el grupo de duelo Resurrección supone una profunda revisión de fe para los dolientes, que siempre afirman, al terminar el itinerario de su trabajo de duelo en el grupo Resurrección, que no solamente han sanado su sufrimiento, sino que se sienten mucho más cerca de Dios.
¿Cuáles son las heridas más profundas que suele dejar la pérdida de un ser querido?
Una cosa son los síntomas del sufrimiento, como los que hemos detallado más arriba (se pueden presentar muchos otros más, dependiendo de la personalidad, formación, experiencia vivida e información del doliente), y otra cosa es la herida profunda que subyace bajo esos síntomas. Sucede algo similar, en el cuerpo, con la fiebre, que es un síntoma, pero no es aquello que causa ese síntoma.
Podemos nombrar a la herida profunda de varias maneras, las siguientes:
• Me percibo muy herido dentro de mí
• He sido privado de un gran bien. Estoy vacío
• No encuentro sentido a lo que pasa
• No acepto mi nueva realidad
• Mi herida interna se expresa con muchos síntomas de sufrimiento
• Apegado a mi vida anterior, tengo resistencia a hacer cambios en un proyecto de futuro
En resumen, la herida profunda es el doliente mismo, que está muy herido. La buena noticia es que, una vez entendida la realidad de la herida, cuando el doliente se ponga manos a la obra y realice los cambios necesarios dentro de sí mismo, la herida sanará y desaparecerán los síntomas de sufrimiento que la herida había venido provocando.
Desde su experiencia, ¿qué es lo que más necesita una persona que está pasando por una época de duelo?
Lo que más necesita son las tres “Ces”, Comunidad, Comunicación y Comunión: Comunidad, es decir, no tratar de gestionar sola su duelo, sino rodearse de una comunidad de personas en su misma situación, lo que le aportará la calidez de los vínculos humanos; la Comunicación es fundamental, en sentido bidireccional, no solo de desahogo, sino sobre todo de escucha de lo que los demás le puedan aportar; y la Comunión es el influjo sanador de dar ayuda y recibirla mutuamente entre los dolientes del grupo.
Esto es lo que se denomina “ayuda mutua”: Por el hecho de que los dolientes comparten sus pensamientos y sentimientos en el grupo, se genera una corriente sanadora entre ellos, porque no hay dos personas que piensen una misma cuestión de la misma manera. El intercambio de actitudes y pareceres ilumina y enriquece sobremanera a todos los dolientes, que van haciendo cambios en su interior y van transformando su manera de ver la realidad, hasta alcanzar un nuevo estado de conciencia y acabar teniendo una vida más grande, más madura, más solidaria y más santa.
¿Qué errores o actitudes bienintencionadas deberíamos evitar cuando acompañamos a alguien que ha perdido a un ser querido?
Uno de los errores más comunes es el uso de “frases hechas que deshacen”, tales como las siguientes:
• Es mejor así, dejó de padecer
• Dios quería un angelito
• Es la voluntad de Dios
• Dios se lo ha llevado, lo necesitaba junto a Él
• Si me pasara a mí, me moriría
• Es ley de vida
• Hemos nacido para penar
• No pienses tanto en él, así no te afliges
• Era demasiado bueno para este mundo
Hay que purificar el lenguaje insano sobre el sufrimiento y evitar los eufemismos (irse, perder, partir, abandonar, desaparecer…), que no ayudan en nada ¡Lenguaje sano, duelo sano!
Otro tanto sucede con las respuestas que damos a las expresiones sufrientes de los dolientes, muchas veces no son las que más pueden ayudar. Quien escucha a un doliente puede darle respuestas de alguno de los tipos siguientes:
• Respuesta enjuiciadora: es de tipo evaluador, es decir, que contiene un juicio criticador o aprobador, quien escucha hace las veces de censurador
• Respuesta interpretativa: es interpretación de lo que ha dicho el doliente. Quien escucha al doliente comprende lo que ha dicho, pero comprende lo que le conviene comprender, busca lo que le parece esencial, y su mente trata de encontrar una explicación. En realidad, distorsiona lo que la otra persona quería decir, deforma su pensamiento
• Respuesta consoladora: es de apoyo; procura dar ánimo, consuelo o compensación; quien escucha se conduele demasiado, piensa que hay que evitar que el doliente dramatice
• Respuesta investigadora: quien escucha se apresura por saber más, orienta la conversación o el encuentro hacia lo que le parece importante, presume que el doliente no quiere decir lo importante o que simplemente pierde el tiempo, guía al doliente hacia lo que le interesa o le parece más fácil
• Respuesta de solución inmediata: tiende a dar una solución inmediata al problema, quien escucha ve inmediatamente la solución o la salida que cree le serviría a él mismo, no espera saber más. Este método le permite, a quien escucha, liberarse del doliente y de sus quejas
• Respuesta empática: es comprensiva y refleja un esfuerzo para entrar de manera sincera y real en el problema de la misma manera que es vivido por el doliente. Quien escucha quiere, ante todo, verificar que ha comprendido lo que ha dicho el doliente. Esta actitud permite que el doliente se exprese con más soltura, puesto que puede cerciorarse de que se le escucha sin prejuicio. Esta respuesta da protagonismo al doliente y sirve de trampolín para dar vía libre al problema y al doliente
Las respuestas empáticas son las que más ayudan al doliente, y responder así requiere de formación y de entrenamiento en quien escucha.
Volviendo al nuevo grupo de duelo “Resurrección” que se pondrá en marcha en nuestra Diócesis, ¿qué funciones realizan los voluntarios? Y ¿qué formación o sensibilidad se considera necesaria para quienes desean implicarse en la Pastoral del Duelo?
En el caso más general, el voluntario, que aquí llamamos coordinador, es alguien que ha sufrido en su propia carne la muerte de un ser querido, ha sanado ese sufrimiento en un grupo Resurrección, se ha capacitado en el arte y la ciencia de la relación de ayuda y asiste regularmente a los Encuentros del Programa de Formación Permanente, liderados por el P. Mateo Bautista García.
Su misión es ser el catalizador o dinamizador del verdadero protagonista, el grupo, exponiendo el tema propio del Encuentro de cada semana, planteando las dinámicas interpersonales (preguntas a ser respondidas por los dolientes abiertamente ante el grupo), controlando el tiempo del uso de la palabra de cada doliente… El 90% de los coordinadores son laicos, y disponen de una Guía para el Coordinador, que es un documento editado por el P. Mateo Bautista García (creador de los grupos de duelo Resurrección hace más de 32 años) que le indica al coordinador qué es lo que tiene que decir y hacer a lo largo de cada uno de los 12 Encuentros semanales.
El coordinador debe ser alguien de fe profunda, empático, de buena capacidad de expresión, y lleno de amor y de ganas de ayudar a sus hermanos en sufrimiento practicando esta gran obra de misericordia que es consolar al triste de manera organizada y a lo largo de un proceso de sanación.
¿Cuál es el desarrollo actual de los Grupos Resurrección en España?
Actualmente, hay 52 grupos Resurrección en España, contando los ya operativos y los de próxima apertura. Si hablamos de las diócesis de implantación, tenemos presencia en 19 diócesis españolas, contando con los grupos de próxima apertura.
En cuanto a los grupos virtuales (por conexión a través de Internet), actualmente existen 5 de ellos, y próximamente se va a poner en marcha un sexto grupo. Con estos grupos se atiende a dolientes residentes en cualquier lugar de España, y algunos en el extranjero (Alemania, USA…).
¿Y qué personas pueden acudir a pedir ayuda a este grupo? ¿Hace falta ser creyente o puede ir cualquier persona que haya sufrido la muerte de un ser querido?
La mayoría de los dolientes suelen ser creyentes. Muchos de ellos han seguido o están siguiendo, simultáneamente al grupo Resurrección, otro tipo de terapias de ayuda individuales; pero notan que necesitan algo más, sienten que necesitan hacer su duelo de la mano de Dios.
Para las personas no creyentes, el grupo Resurrección está abierto a su participación, pero con la condición del respeto mutuo: El grupo respetará sus creencias siempre que la persona no creyente respete las del grupo. Cada Encuentro semanal del grupo Resurrección inicia y termina haciendo la señal de la cruz; en cada Encuentro se ora, se medita sobre un pasaje evangélico adecuado al tema del Encuentro, se cuestiona qué haría Jesús si estuviera en el lugar del doliente…
En todo caso, si una persona no creyente se siente llamada a integrarse en un grupo Resurrección, y tras algunos Encuentros semanales siente que no encaja con el resto de sus compañeros del grupo, puede abandonarlo sin problema alguno, ya que no hay que abonar cantidad alguna para entrar al grupo Resurrección o para salir de él. El grupo es un instrumento de la gracia de Dios que sana los corazones. Y la gracia es gratis, por su propia definición.
Para quien está atravesando ahora mismo un duelo, ¿qué palabra de esperanza le ofrecería desde su experiencia de acompañamiento cristiano?
La muerte del ser querido es un evento que desestructura la vida, la pone patas arriba, la deja sin sentido y hace que aparezcan, en el centro del ser, todo un cortejo de demonios interiores, de sentimientos y pensamientos negativos que te destrozan la vida y te roban la felicidad: rabia, culpa, tristeza, depresión, extrañeza, crisis existencial, crisis de fe, retraimiento social, pérdida de la paz interior y del gusto por la vida…
Si no haces nada con toda esa negatividad interior, si sólo dejas pasar el tiempo y no haces nada más, el sufrimiento te pasará factura, se instalará en tu interior, echará raíces, y puede resultarte muy difícil volver a ser feliz; incluso imposible, en algunos casos. Ante el sufrimiento no debes aislarte, no debes ceder a la tentación de tragarte tu propio sufrimiento.
Pero, si eres valiente y tomas la decisión de querer dominar tu sufrimiento, y tienes la humildad suficiente como para reconocer que necesitas ayuda, el Grupo Parroquial de Ayuda Mutua al Duelo Resurrección te ayudará, te escuchará, te acompañará, sanará tus heridas con una metodología probada en muchos países durante más de 32 años. Y así, siendo dócil y perseverante en tu trabajo de duelo, te convertirás en una persona más madura, más grande, más consciente de la realidad, profundamente feliz; y estarás más cerca de Dios, que es la fuente de todo bien. ❏

