Entrevista a Jesús Galdeano, Vicario Episcopal para la Vida Consagrada

“Para la vida consagrada, sueño con unas personas enamoradas de Jesús y de su Buena Nueva”


¿Cuál es hoy la misión principal de la Vicaría de Vida Consagrada en la diócesis de Pamplona y Tudela, y cómo se concreta en el día a día?
Acompañar a las personas y comunidades, en esta etapa de fragilidad y de misteriosa fecundidad, a vivir con gozo y esperanza su vocación. Y servir de puente entre la vida consagrada y el resto de la diócesis, fomentando el conocimiento mutuo, el sentido de pertenencia a la Iglesia por parte de la vida consagrada y la valoración y apoyo a la vida consagrada por parte de la Diócesis, especialmente por los sacerdotes y parroquias.

La vida consagrada adopta muchas formas distintas. ¿Qué aporta esta diversidad de carismas a nuestra diócesis?
Una enorme riqueza de vida, un generoso apoyo a la pastoral de la diócesis en todos los campos: social, educativo, sanitario, catequético… y una experiencia de la fuerza del Espíritu, en la Iglesia.

En un contexto de secularización y cambio cultural, ¿cuáles diría que son los mayores retos a los que se enfrenta actualmente la vida consagrada?
Resignificar el sentido actual de la consagración, “odres nuevos para el vino nuevo”. Volver al amor primero, recuperar la alegría de quien ha encontrado “el tesoro escondido” y se sabe portador de una “buena noticia” para todos.
El anuncio gozoso del evangelio de Jesús, con hechos y con palabras.
¿Algunos retos concretos?, pues mantener el equilibrio entre la encarnación y el compromiso y la centralidad de Jesús en nuestra vida; entre la eficacia de la misión y el trabajo y la gratuidad del esfuerzo. Evitar un modo de vida demasiado acomodado, mundanizado; la pérdida del sentido profético de nuestra vida; el individualismo, la caducidad de los compromisos, superar actitudes defensivas y meramente reactivas. El relevo generacional y el mantenimiento de todas las presencias que actualmente seguimos manteniendo.

¿Qué signos de esperanza ve hoy en las comunidades de vida consagrada presentes en nuestra diócesis?
La fidelidad viva y gozosa de los mayores, la búsqueda profunda de muchos jóvenes, la entrega y disponibilidad de la mayoría. La esperanza y la confianza en la acción del Espíritu y la promesa del Señor de que “yo estaré siempre con vosotros”.

¿Cómo es la relación y colaboración entre la vida consagrada y las parroquias, movimientos y realidades laicales de la diócesis?
Creo que vamos superando cierta autosuficiencia y el caminar en paralelo de tiempos recientes (de vacas gordas). Tanto por conciencia eclesial-sinodal como por debilidad de ambas partes, existe una creciente colaboración desde el respeto y diferencia de vocaciones se va reforzando la comunión y participación en la misión común.

La cuestión vocacional preocupa a toda la Iglesia. ¿Qué papel puede desempeñar la vida consagrada en el acompañamiento y despertar de nuevas vocaciones?
Las vocaciones son una de las mayores preocupaciones de la Iglesia, las diócesis y las órdenes religiosas. El papel de la vida consagrada es ser testigos de un modo distinto de vivir, aunque hagamos cosas parecidas, que atrae y canaliza el deseo de los jóvenes que buscan y no encuentran satisfacción en nuestra sociedad de bienestar. En definitiva, seguir más de cerca y más radicalmente el estilo de vida de Jesús, que cautiva a los que le conocen y se encuentran con El. El lema del último encuentro nacional sobre las vocaciones, y que lo es también de la Jornada Mundial de VC de este año, es “¿Para quién eres tú?”

Desde su experiencia personal, ¿qué aspectos de la vida consagrada cree que siguen interpelando con fuerza a la sociedad actual?
La alegría de una vida entregada a los demás por amor, la pobreza y sencillez de una vida con sentido, la experiencia de fraternidad, el testimonio de misioneros y misioneras en países del tercer mundo y en los arrabales de nuestras ciudades, abandonando el confort y comodidades a su alcance.

Mirando al futuro, ¿qué sueños o deseos tiene para la vida consagrada en la diócesis de Pamplona y Tudela?
Como todos los consagrados, hago míos los sueños que nos presentó nuestro arzobispo al comenzar el curso. Para la vida consagrada, en particular, sueño con unas personas enamoradas de Jesús y de su Buena Nueva, desde la reducción y la minoridad, que integran y asumen en sus vidas el misterio de la cruz y de las cruces de los hombres, la experiencia de una fraternidad vivida; sueño con unas comunidades “en salida de su tierra” (no solo geográfica), con conciencia de Iglesia y de misión en esta iglesia. ❏

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