Homilía pronunciada por el Arzobispo don Florencio Roselló, el pasado 31 de enero, en la parroquia de Santa María de Ermitagaña, con motivo de los 150 años de la fundación de las Teresianas.
Querido Abad de Leyre, párroco, sacerdotes concelebrantes, hermanas teresianas, laicos teresianos, trabajadores del colegio Santa Teresa, hermanos y hermanas todas.
Desde mi llegada a Pamplona vi en las Teresianas algo especial, me llamó la atención su estilo, su compromiso. Ayer tarde reflexionando y rezando esta homilía, una hermana teresiana me comenta que la primera comunidad que llegó a esta ciudad, un 12 de julio de 1912, se instaló, a propuesta del obispo D. José López de Mendoza, en el convento de la Merced. ¡Qué sorpresa tan curiosa! En mi casa, en la casa de los mercedarios Por eso creo que vosotras y nosotros tenemos algo en común, el espíritu de liberación de nuestros carismas, o lo que es lo mismo “libres para liberar”.
La Compañía de Santa Teresa de Jesús fue fundada por san Enrique de Ossó el 23 de abril de 1876, en Tortosa (España), naciendo como respuesta a la urgencia de atender a la educación cristiana, especialmente de la mujer. El fundador san Enrique tenía muy claro que no se trataba solo de enseñar, ni de abrir un colegio, sino que se perseguía formar personas libres capaces de transformar la sociedad desde el Evangelio. La Compañía nace para educar, pero no de cualquier manera, hay que educar desde dentro, formando personas libres, responsables, con un corazón grande y una fe pensada y vivida. Un carisma muy parecido, como he dicho, al de la Orden de la Merced. Educar para formar, para liberar, para que las/os alumnos sean independientes, y desde ahí ser enviados a transformar el mundo desde el Evangelio y desde el carisma teresiano y a la vez enviados a asumir responsabilidades en la sociedad.
Es tiempo de hacer memoria agradecida de la fidelidad de Dios en la historia de la Compañía, pero también agradecer el testimonio de tantas hermanas teresianas que han entregado su vida al servicio de niñas, niños y pobres, viviendo el carisma de San Enrique de Ossó. Hermanas que han entregado su vida en silencio y fidelidad; por comunidades educativas que han sido hogar, escuela y espacio de fe; por generaciones de alumnos y alumnas acompañados en su crecimiento humano y espiritual. Agradecimiento también a tantos laicos, he leído 7.000, que trabajan y se comprometen en vuestras obras. Agradecimiento por tantas obras sociales palpando el rostro del cautivo, del hambriento, y del inmigrante. Todo ello es obra de Dios, que se sirve de manos frágiles para realizar maravillas. Este compromiso y entrega ha hecho que la Compañía llegue hasta nuestros días como la conocemos, en la Iglesia y comprometida.
Pero tampoco podemos conformarnos solo con mirar hacia atrás, sería pobre, triste. Este aniversario es una ocasión para mirar hacia adelante, una oportunidad de proyección. Es tiempo de repensar qué queremos de la Compañía. Que religiosas y laicos reflexionen para responder, desde el carisma teresiano, a lo que la sociedad nos pide para seguir escribiendo la historia de nuestra Congregación. Este año nos interpela a todos, primero a las hermanas, os empuja a vivir con alegría vuestra consagración, y a ser signo profético en medio del mundo, no sirve de excusa que seamos mayores. A los laicos que compartís el carisma, os recuerda que sois parte esencial de esta misión, corresponsables del sueño educativo y liberador. A las comunidades educativas, que trabajáis en los colegios os confía la hermosa tarea de seguir siendo espacios donde se eduque la mente, el corazón y el espíritu. Sois continuadores del carisma teresiano en los colegios.
Me ha gustado el lema que os convoca para celebrar este aniversario “El tiempo urge y apremian las circunstancias”, palabras inspiradas en vuestro fundador. El tiempo urge y por lo tanto no podemos responder a las necesidades de hoy con los esquemas de ayer. Hay vidas que esperan, personas que necesitan ser acompañadas, hay conciencias que deben despertarse, hay jóvenes que buscan sentido. Y cuando el tiempo urge, no caben excusas ni comodidades. El tiempo nos empuja a renovarnos, a descubrir los nuevos esclavos y necesitados de hoy, las nuevas personas que hay que liberar desde el carisma teresiano. La Iglesia os necesita con vuestro carisma, pero para responder a los tiempos de hoy y a las necesidades de hoy.
Las circunstancias han cambiado y “nos apremian”, el ambiente y contexto es diferente al de 1876 en la fundación y la situación de Pamplona hoy, no es la misma que en vuestra llegada en 1912. Enrique de Ossó supo leer los signos de su tiempo a la luz del Evangelio. No se quedó lamentando la situación ni criticando la realidad. Actuó desde una profunda experiencia de Dios, desde la espiritualidad de Santa Teresa de Jesús, desde la convicción de que educar es transformar el mundo desde dentro. Un año que invita a hacer memoria agradecida, pero sobre todo a reflexionar y responder a las necesidades de nuestra Pamplona. No podemos vivir de recuerdo, de glorias pasadas, tampoco de rentas, vuestro lema es muy claro “El tiempo urge y apremian las circunstancias”.
En la segunda lectura hemos escuchado “Conserva el buen depósito, mediante el Espíritu Santo que habita en nosotros” (2Tim. 1, 14). La Compañía de Santa Teresa ha recibido un carisma precioso, educativo y evangelizador, es una joya. Lleváis 150 años, cuidadlo, no es propiedad privada, Dios a través de Enrique de Ossó os ha regalado la Compañía para el Iglesia y para el mundo.
El evangelio nos ha recordado que la Compañía de Santa Teresa ha sido llamada a ser sal y luz en el ámbito educativo y entre los pobres. Sal que da sabor, que preserva de la corrupción, que pasa desapercibida, pero transforma desde dentro. Luz que no se guarda, que no se esconde, que orienta y da esperanza.
Gracias hermanas teresianas por vuestra presencia en nuestra diócesis de Pamplona y Tudela. Conozco vuestras dos presencias: vuestro colegio, aquí al lado en Ermitagaña, que recientemente he visitado y he visto que sois luz para muchos niños, jóvenes y sus familias. Formar personas libres, familias de alumnos comprometidas. Formad en el compromiso con los pobres, ponedlos en el centro, en ellos está Jesús, como nos ha dicho el papa león XIV en Dilexi Te (cf. 9). Formad cristianos generosos. Tenéis lo mejor en vuestras aulas, el futuro de nuestra sociedad. Que el día de mañana, cuando asuman responsabilidades sean sal y luz para mucha gente que camina a oscuras, pero sobre todo sean libres, para liberar. Agradezco también a las hermanas que durante diez años vuestra casa fuese, durante diez años, la casa de la parroquia de Ermitagaña. Gracias por vuestra presencia en Echavacoy, en la parroquia del Pilar, es evangelio vivo, testimonio comprometido, y más últimamente con los conflictos de la ikastola Jaso. Gracias por vuestra presencia en ese barrio, por vuestro compromiso con los más pobres de nuestra ciudad. Sois luz y esperanza para mucha gente sin futuro ni esperanza. Gracias de corazón.
Que Santa Teresa de Jesús nos enseñe a amar la sabiduría verdadera, que es amistad con Dios. Que San Enrique de Ossó nos contagie su pasión por Jesucristo y por la educación. Y que el Espíritu Santo, que ha guiado estos 150 años de historia, nos siga conduciendo con audacia y esperanza.
+ Florencio Roselló Avellanas O de M
Arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela

