El primer convocado a las Javieradas 2026 es el arzobispo. Serán mis terceras Javieradas y, si soy sincero, me han cautivado, me han enganchado. Para mí, cuando llegué a Navarra, fue una novedad positiva, sorprendente, que me impactó. Las Javieradas son para vivirlas, no para que te las cuenten. Tampoco vale decir: “Yo he asistido a muchas Javieradas”, porque cada Javierada es distinta, es nueva, como cada abrazo, cada beso, cada mirada. Son experiencias vitales. Año tras año, desde hace ya generaciones, miles de personas ponen sus pasos en el camino que conduce al castillo de Javier, lugar natal de san Francisco Javier, patrono de Navarra y misionero universal, y este año bajo el lema que nos convoca y nos interpela: «Invitados a la fe». Porque la vida de nuestro santo cambió cuando, desde la fe, dijo sí a Dios.
Las Javieradas son una expresión privilegiada de responder a esta invitación para vivir la fe. Cada paso que damos hacia Javier simboliza ese camino interior que todo creyente está llamado a recorrer, salir de uno mismo, dejar seguridades, compartir con otros, escuchar, rezar y abrir el corazón. Todos estos momentos son vivencias y experiencias de fe. No caminamos solos ni por iniciativa propia, caminamos porque hemos sido llamados, convocados, invitados. La meta de nuestra peregrinación es el castillo de Javier. Un lugar donde la fe brota por los cuatro costados. San Francisco Javier, joven, inquieto y ambicioso aceptó un día la invitación de Cristo a “ganar el mundo” de otra manera. Y así desde la fe, dejó su tierra, su familia, su casa y se aventuró a seguir al Señor.
Posiblemente alguna persona que lea esta carta me diga: “Yo voy a Javier, pero no movido por la fe”. O quizás diga: “Me mueve el amor a la naturaleza”. Es posible, lo respeto, porque Javier es casa de todos los navarros y de todos los que nos visitan. Es cierto que cualquier excusa es buena para ir a Javier. Porque allí caben “todos, todos, todos”, que nos decía el papa Francisco. De Javier siempre sales “tocado”, “removido por dentro”, seas o no creyente. Pero sí le diría que quien se acerque a Javier por otros motivos que no sean desde la fe, vaya con el corazón abierto, que no se cierre a nada ni a nadie, porque, en ese soplo, en ese caminar, Dios se hace compañero de camino. Y en Javier hay personas que han encontrado la fe, hay personas que han descubierto o se han encontrado con Dios. Pero, ¡digo más!, en Javier hay varios jóvenes, de fuera de Navarra, que han encontrado la vocación al sacerdocio y hoy son sacerdotes de la Iglesia. Dios habla, se hace presente, no te cierres al encuentro personal con él, y desde allí construye tu futuro de persona, de matrimonio, de sacerdote o de religioso.
Las Javieradas son también una experiencia profundamente eclesial, que además este año responde al Plan Pastoral Diocesano de nuestra diócesis que nos dice: “¡Ponte en camino!”. Las Javieradas responden al deseo de la Iglesia de Navarra, que es caminar juntos, mirar en la misma dirección. Porque en las Javieradas no hay distinción, todos somos iguales. Por eso caminamos juntos: jóvenes y mayores, familias, parroquias, movimientos, creyentes de largo recorrido y otros que quizá se acercan con dudas o con una fe frágil. Todos son invitados, nadie queda excluido del camino ni de la mesa del Señor.
Y cuando digo que en Javier caben todos lo digo desde la experiencia vivida en estos dos años, donde han participado grupos de presos de Pamplona y de San Sebastián, a los cuales he saludado personalmente y que el Gobierno les ha dado permiso para llegar hasta el castillo de Javier, para participar en las Javieradas. O grupos de inmigrantes que han querido acercarse a Javier a pedir la fuerza del santo y la bendición del Señor. Porque también San Francisco Javier fue inmigrante y trabajó por humanizar y dignificar a los pobres.
Con esta carta hago una invitación a todas las comunidades parroquiales, comunidades religiosas, a los grupos y movimientos, a las familias y a cada creyente, o cada curioso en actitud de búsqueda, según sus posibilidades, a participar en las Javieradas de este año. Sé que hay gente mayor o enferma que no pueden realizar la peregrinación físicamente; os animo a uniros espiritualmente con la oración, ofreciendo vuestro sacrificio y acompañando desde casa este camino, a vivir la misa a través de la televisión, porque todos estamos “invitados a la fe”.
Que las Javieradas de este año 2026 sean para nuestra diócesis un verdadero signo de comunión, un impulso renovador y una llamada a vivir con mayor profundidad nuestra condición de discípulos misioneros. Pongamos este camino bajo la intercesión de san Francisco Javier, para que nos ayude a acoger con generosidad la invitación de Dios y a ser testigos de las Javieradas y de la experiencia de fe que se vive en Javier.
+ Florencio Roselló Avellanas O de M
Arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela

