Catequistas ¡¡Gracias!!

Con este título quiero comenzar mi carta semanal en La Verdad. Esta semana en la que celebramos en la diócesis nuestra jornada de catequistas, os digo ¡¡GRACIAS!! Sí, con mayúscula. Porque grande y mayúscula es vuestra aportación a la Iglesia a través de vuestro compromiso en la catequesis de vuestras parroquias.

Gracias por vuestra disponibilidad, muchas veces silenciosa y no reconocida. Gracias por el tiempo que regaláis a la preparación de las catequesis, por el cuidado con que acompañáis a niños, adolescentes, jóvenes y adultos, por vuestra presencia cercana a las familias, y por la paciencia con la que sembráis la fe, aun cuando no veis inmediatamente sus frutos. En una sociedad secularizada, donde Dios ha perdido protagonismo en nuestra sociedad, vosotros sois ese faro que alumbra y guía a muchos niños, jóvenes y a sus familias. En medio de estas realidades, vuestra fidelidad es un signo precioso de esperanza. Cada sesión preparada con cariño, cada conversación paciente, cada gesto de acogida es una semilla del Reino.

Sois palabra viva de la evangelización de la Iglesia. Allí donde un catequista acoge, escucha, acompaña y anuncia la Palabra de Dios allí está la Iglesia. Allí donde un catequista invita a los niños y jóvenes a rezar, a vivir la eucaristía, allí está la Iglesia. Allí donde un catequista visita a un niño enfermo de su grupo y se interesa por la salud de la familia del niño, allí está la Iglesia. Allí donde un catequista detecta situaciones de pobreza y necesidad de la familia de un niño de su grupo y trata de ayudar y acompañar, allí está la Iglesia.

El catequista no es solo quien enseña una doctrina, sino quien acompaña un camino. Acompaña el despertar religioso de un niño, las dudas de un adolescente, la búsqueda de un joven, el retorno de un adulto a la fe. Acompañar implica cercanía, escucha, respeto por los tiempos y confianza en que Dios también hace su camino. Esto también os hace testigos privilegiados del encuentro de los niños, jóvenes y adultos con Dios. Es un gozo ver cómo son abrazados por Dios en la Iglesia.

El lema de la Jornada del catequista de este año es “Caminando juntos”. Este lema nos está diciendo que nadie cree solo, nadie vive la fe en solitario. Creemos en comunidad. Los discípulos cuando se aleja de la comunidad abandonan, y dejan solo a Jesús en la cruz, solo Juan, de los discípulos, permanece con él. Y la catequesis no se entiende como una actividad pastoral al margen de toda la parroquia. Camina con el resto de miembros y grupos e la parroquia. Para vivir la fe, primero hay que pasar por la catequesis para comprender el misterio de la fe, y el gozo del gran acto de amor de Jesús de dar la vida por nosotros. No hay catequesis sin parroquia. No hay catequesis sin comunidad.

El lema de “Caminar juntos” nos dice que en la catequesis caben todos, como nos decía el Papa Francisco. La Iglesia no es una aduana donde unos pasan y otros son rechazados. En nuestra diócesis en “este todos” queremos incluir también a personas de necesidades especiales. Por eso, con gozo y alegría os anticipo, que el trabajo que ha venido desarrollando la Delegación de catequesis de nuestra diócesis, ha elaborado un apartado para acoger y atender a personas “con necesidades especiales”, para que sea cual sea su situación, puedan vivir la fe en la Iglesia, y lo que es más importante, la puedan vivir en comunidad. Me siento orgulloso que nuestra diócesis sea una Iglesia de puertas abiertas donde todo el mundo, si quiere, tiene un sitio.

Queridos catequistas, gracias por vuestra entrega, por vuestra gratitud, disponibilidad, alegría y esperanza que siempre trasmitís. Aunque tengáis la sensación de la invisibilidad de vuestra labor de catequistas “Dios, que ve en lo escondido te lo recompensará” (Mt. 6, 6). Dios lo ve y yo os lo agradezco. Y vuestra labor va más allá de lo visual, es una labor que deja huella en el corazón del niño, del joven o del adulto a quien acompañáis. Queridos catequistas, ¡No os canséis! ¡Os necesito! ¡¡¡Gracias!!!

 

+ Florencio Roselló Avellanas O de M

Arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela

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