Seguramente si te preguntase cómo está tu parroquia, qué necesidades tiene, una de las contestaciones que me dirías sería que “hacen falta sacerdotes” para atender toda la actividad pastoral que tiene la parroquia. Y en algunos casos esos comentarios están cargados de exigencias. Posiblemente tengan razones más que suficientes para pedir más sacerdotes. Pero, ¿te has preguntado de quién es la responsabilidad de que haya más o menos curas en nuestra diócesis? Imagino que no. ¿Te has preguntado por qué no hay más curas en tu parroquia o en las parroquias de alrededor?
Pero voy más allá. ¿Sabes cuántos seminaristas tiene la diócesis? ¿Sabes algún nombre de los seminaristas? ¿Has visto alguna vez alguno? Pensarás, ¡qué conversación más extraña tiene el arzobispo! Cercano ya el “Día del seminario” me atrevo a hacer estas preguntas y esta reflexión porque vemos el seminario y las vocaciones a la vida religiosa como algo lejano y ajeno a nosotros, y ¡no es así!, es tarea de todos. Sigo profundizando en el interrogatorio. Cuando ves algún joven con inquietud vocacional ¿le animas? ¿Se lo dices al sacerdote de tu parroquia para que le pueda acompañar? Cuando ves un joven que puede ser sacerdote ¿qué haces?
Necesitamos vocaciones, sacerdotes que tomen el testigo de los que nos han precedido. En nuestra Iglesia de Navarra los sacerdotes se van haciendo mayores, algunos están enfermos, otros apurando hasta el final dando auténtico testimonio de entrega y compromiso pastoral. Necesitamos relevos, necesitamos jóvenes que tomen el testigo, como nos dice el lema de este año.
Decir a un joven “toma el testigo” no es cargarlo con un peso insoportable, ni con una responsabilidad inasumible. Es invitarlo a participar en una aventura hermosa, exigente y fecunda. Es invitarlo a la felicidad, a una aventura apasionante. Es decirle que vale la pena gastar la vida por el Evangelio, que no hay mayor alegría que servir, que no hay libertad más grande que entregarse por amor. Que hay niños, jóvenes, mayores, y pobres que le están esperando.
Pero este testigo no lo pasan solo los obispos o los formadores del Seminario. Lo pasa toda la comunidad cristiana, porque es la primera que necesita al sacerdote. Cada parroquia que reza por las vocaciones, cada familia que habla de la fe con naturalidad, cada sacerdote que vive su ministerio con alegría y coherencia, está diciendo silenciosamente a los jóvenes: “Merece la pena”.
Seguramente habrás estado muchas veces en el edificio del seminario de Pamplona, en encuentros, reuniones, jornadas, quizás algún lector de esta carta no habrá entrado dentro, pero habrá pasado al lado, es un edificio muy grande. El seminario es casa y formación de los seminaristas. Casa porque en él los seminaristas tienen su espacio vital, su habitación, su ritmo de vida, comedor, capilla, espacio para el deporte. Pero también es espacio de formación, porque en él se forman humana, espiritual, intelectual y pastoralmente, preparándose para un ministerio que exige corazón grande, mente abierta y estar bien preparados para asumir la responsabilidad pastoral. Allí se forman los que en el futuro anunciarán la Palabra, celebrarán la Eucaristía y perdonarán los pecados en tu parroquia. Todo eso lo aprenden en el seminario.
A los jóvenes os digo: te has preguntado ¿para quién eres?, te has preguntado ¿qué quiere Dios de ti? La Iglesia os necesita. Necesita vuestra fe, vuestra alegría, vuestra generosidad. No tengáis miedo en haceros preguntas, ni en preguntar al Señor qué espera de vosotros. No desechéis nunca la vocación sacerdotal como una posibilidad real y hermosa. Dios no quita nada; lo da todo.
Si alguna vez sentís en el corazón una inquietud, una llamada discreta, no la apaguéis. Habladlo con un sacerdote, rezadlo, dejad que otros os acompañen. El Señor sigue llamando, sigue diciendo: “ven y sígueme”.
En el día del Seminario quiero agradecer a los sacerdotes de nuestra diócesis su entrega y compromiso silencioso y responsable; a los formadores del seminario por vuestro acompañamiento, a los profesores del CSET por vuestra docencia y enseñanza a los seminaristas. Finalmente quiero agradecer a los propios seminaristas el SI a Dios. Y sobre todo, hacerlo en este tiempo en que se necesita generosidad y valentía. Vosotros sois un ejemplo alegre y confiado de que este camino del sacerdocio vale la pena y os hace felices.
Quiero terminar esta carta con las palabras que el papa Francisco regaló a los seminaristas de Pamplona, San Sebastián y Redemptoris, en la Audiencia en Roma el 16 de noviembre de 2024: “Sean así valientes, desprendidos e incansables para llevar la misericordia divina que el Señor tan generosamente ha derramado en ustedes al elegirlos para este ministerio”.
+ Florencio Roselló Avellanas O de M
Arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela

