Las catedrales de Tudela y Pamplona acogieron la celebración de la Misa Crismal los pasados días 31 de marzo y 1 de abril, respectivamente.
El martes 31 de marzo, los sacerdotes de la zona de la Ribera renovaron su compromiso de consagración ante la presencia de numerosos fieles, religiosos y religiosas. Mons. Florencio Roselló felicitó a los sacerdotes allí presentes, recordándoles la entrega que le hicieron al Señor el día de sus ordenaciones.
Y hoy, miércoles 1 de abril, la celebración se ha realizado en la Catedral de Santa María la Real de Pamplona, donde numerosos sacerdotes han vuelto a renovar sus promesas de consagración, en un templo lleno de fieles.
En las dos celebraciones, durante la homilía, don Florencio recordó a los sacerdotes que “la Misa Crismal es la misa del ungido, cada uno de vosotros habéis sido ungidos por Dios para el servicio del pueblo. Vuestra consagración es entrega generosa”. Explico que “no somos sacerdotes por nuestras cualidades y nuestras preferencias, sino porque hemos sido llamados, hemos dicho “SÍ” y después hemos sido ungidos, consagrados y enviados. La fortaleza de nuestro ministerio es la unción como sacerdotes, a imagen y semejanza del mismo Jesús. La unción sacerdotal nos lanza al mundo y nos compromete con él”. Y pidió a los laicos que cuidaran de los sacerdotes. “Rezad por ellos, estad cerca de aquellos que veáis más solos, más necesitados. Ellos son un regalo de Dios para nosotros, cuidemos este regalo, es especial”, dijo.
Posteriormente, los sacerdotes renovaron las promesas sacerdotales y se bendijo, primero, el óleo de los enfermos, con el cual que ungirá a los enfermos para que reciban el alivio del Señor. Seguidamente se bendijo el óleo de los catecúmenos, con el cual se unge a los que recibirán el bautismo, para hacerlos fuertes contra el mal. Finalmente, don Florencio consagró el crisma con el que se ungirá a los recién bautizados, con el que los confirmados serán signados, con el que se sellarán las manos de los presbíteros y la cabeza de los obispos cuando sean ordenados y se marcarán las iglesias y los altares el día de su dedicación, para expresar la unción invisible del Espíritu Santo.
Tras la consagración, don Florencio ha derramado perfume sobre el óleo para confeccionar el santo crisma y después ha soplado sobre la boca del ánfora. Al término de la celebración, los sacerdotes pasaron a recoger sus óleos para llevar a sus respectivas parroquias. ❏

