Las romerías navarras: camino, solidaridad y vida

Estoy diseñando en mi mente esta carta, todavía regresando en el coche de la romería de Ujué, el pasado domingo. En la Pascua, Navarra llena los caminos, sendas y carreteras que conducen a una ermita, una Iglesia o santuario bajo una advocación mariana. María es nuestra meta. Porque las romerías en Navarra tienen nombre de mujer. Estos caminos que conducen a ermitas, santuarios y lugares marianos no son únicamente recorridos geográficos; son, sobre todo, caminos del alma, caminos de fe, y caminos de esperanza. En ellos se entrelazan la fe recibida de nuestros mayores, la tradición viva de nuestros pueblos y la búsqueda sincera de Dios, a través de la Virgen María, en medio de la vida cotidiana.

Cuando vamos en romería hacia sus ermitas o santuarios, no nos dirigimos a alguien lejano, sino a una Madre cercana, que camina con nosotros, que conoce nuestras alegrías y preocupaciones, y que nos conduce siempre hacia su Hijo. Y nos dirigimos a ella porque sabemos que nos espera. En cada romería, María nos enseña a vivir la fe con sencillez, con confianza y con perseverancia. Ella nos recuerda que toda romería cristiana tiene un destino último: el encuentro con Cristo vivo. María, que, con el añadido del lugar, ha poblado Navarra de muchos nombres que con orgullo llevan niñas jóvenes y mayores en su vida personal.

Las romerías tienen también un valor comunitario y socializador muy importante. Nadie camina solo. Caminamos juntos, nos apoyamos, nos animamos, nos damos agua, compartimos alimentos, también conversaciones. La romería despierta la solidaridad, ayuda mutua, nos hace pensar en el otro. Pero también tiene otro valor socializador, porque reúnen a familias, vecinos y amigos; fortalecen los lazos entre los pueblos; crean espacios de encuentro y de fraternidad. Las romerías consiguen conversaciones, encuentros y miradas que no se producen en el resto del año. Son esos pequeños milagros que sorprenden, pero que nos gustan. En un mundo donde tantas veces experimentamos la soledad o la polarización social, estas romerías son una oportunidad para redescubrir el sentido de pertenencia, de comunidad, de Iglesia. Aquí vale la persona, no la ideología, vale el ser humano por encima de cualquier otra categoría.

Las romerías tienen una mirada universal, no hace distinciones, la ermita, el santuario, siempre está con la puerta abierta, todos son bien acogidos. Caminamos a encontrarnos con la Virgen romeros de diferentes sensibilidades, diferentes opciones políticas, inclusive vendremos con dudas de fe, pero con una devoción fuerte a la Virgen, ¡que no me toquen a mi Virgen!, suele decirlo alguien que no practica. Siempre somos bienvenidos, también los de fuera de Navarra, también los de fuera de España, como bastantes de los que llenan las largas caravanas de romeros, especialmente del mundo latino. En estas romerías en donde más integrados se sienten, donde más acogidos se encuentran. Cada Iglesia, cada ermita, es nuestra casa, es casa de todos. Y la Virgen es la Madre de todos, inclusive de los que se acercan con dudas o tal vez ni practican la fe, pero la Virgen también es su Madre.

Pero, sobre todo, las ermitas de Navarra, son un santuario de fe. En ellas hemos ofrecido a Dios lo mejor que teníamos, y hemos puesto nuestra vida y la vida de nuestras familias en manos de la Virgen: unos ponen a sus hijos, otros un enfermo de la familia, encontrar un trabajo, o solucionar un problema familiar. Muchas piedras de nuestras ermitas navarras han sido testigos de oraciones silenciosas, de lágrimas derramadas, de promesas cumplidas. Muchas ermitas guardan nuestros secretos como el mejor tesoro que poseen. La Virgen escucha a todos y se convierte en un símbolo de la fe, de confianza.

Las romerías nos llevan al camino, porque nos empujan a salir de casa, a ponernos en camino. Es caminar por las calles de nuestros pueblos, con túnicas, con cruces al hombro, rezando, cantando. La gente nos ve, no tenemos complejo ni temor a manifestar públicamente nuestra fe. Hacemos visible nuestra fe y hacemos visible nuestro amor a la Virgen. El día de la romería es una manifestación pública de que somos cristianos, que creemos. Un ejemplo de testimonio de nuestra fe, de nuestro amor a la Virgen Nuestra Madre, es signo de orgullo de lo que es nuestro, porque a la Virgen la consideramos como de casa, de nuestra familia, ¡es Nuestra Madre!

Querida Navarra, tenemos un tesoro y un legado que debemos cuidar y conservar. Las romerías navarras son un ejemplo de amor y fidelidad a María nuestra Madre. Ella nos espera en su ermita, en su santuario con la puerta abierta y los brazos extendidos.

 

+ Florencio Roselló Avellanas O de M

Arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela

 

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