“Mi misión es dar a conocer el Ordo Viudarum, explicarlo con fidelidad y ayudar a que esta vocación pueda ser discernida con serenidad en nuestra Iglesia”
Patricia Machín, laica consagrada que colabora con la Diócesis en varias parroquias, ofrece voz y difusión al proyecto del Ordo Viduarum, una vocación para mujeres que, tras haber vivido el sacramento del matrimonio y quedar viudas, sienten la llamada a dedicar su vida a la oración y al servicio a la Iglesia y a los demás. Hablamos con ella para que nos explique un poco más en qué consiste esta orden que se pondrá en marcha en nuestra Diócesis Pamplona y Tudela.
¿Qué es exactamente el Ordo Viduarum y cuál es su origen?
El Ordo Viduarum es una vocación de consagración para mujeres que, tras haber vivido el sacramento del matrimonio y quedar viudas, sienten la llamada a dedicar su vida a la oración, la sobriedad y al servicio a la Iglesia y a los demás.
Su origen es apostólico. San Pablo (I Tim. 5 y I Cor. 7) ya habla de las “viudas verdaderas” inscritas en la comunidad cristiana. Y los Padres de la Iglesia reconocen esta vocación como un estado de vida y le dan orientaciones prácticas y el Concilio de Nicea (325) las menciona como un grupo eclesial diferenciado. Es, por tanto, una vocación antigua, bíblica, patrística y plenamente eclesial.
¿Cuál es el carisma del Ordo Viduarum? ¿En qué consiste su espiritualidad y misión?
El carisma del Ordo Viudarum se sostiene en tres dimensiones:
a) Dimensión esponsal: “La viudez consagrada no se define por una ausencia, sino por una presencia nueva y transformadora: la de Cristo”, esposo definitivo del alma, con el que vive una relación de intimidad
b) Dimensión escatológica. Es signo de la Iglesia que espera al Esposo: “Anticipa, con su vida, la esperanza de la Iglesia que aguarda la venida del Esposo”.
c) Misión: Oración constante e intercesión (siguiendo a la profetisa Ana); Servicio humilde en la vida parroquial y diocesana.; Testimonio de fidelidad y esperanza en un mundo herido.
¿Qué proceso de discernimiento y formación se requiere?
La mayoría de las Diócesis que lo han restablecido, establecen:
a) Un Discernimiento personal y acompañamiento espiritual, que incluye entrevistas, oración profunda y diálogo con su director espiritual, el obispo o sus delegados. Es un proceso estructurado… que garantiza la autenticidad de la vocación.
b) Una Formación inicial, en que se abordan temas como la espiritualidad de la viudez consagrada, la vida de oración, la doctrina de la Iglesia y la misión pastoral.
c) Un Acompañamiento. No es un programa rígido, sino un acompañamiento espiritual continuo. Se concreta en encuentros de oración, acompañamiento estable y espacios de crecimiento en la fe.
“La praxis internacional muestra que esta vocación se adapta con naturalidad a la edad, salud, situación familiar y disponibilidad de cada mujer.”
En una sociedad donde la viudedad se vive en soledad, ¿qué aporta esta propuesta?
Aporta sentido, acompañamiento y esperanza. La viuda consagrada transforma la soledad en fecundidad espiritual: “Su vida se convierte en un testimonio de confianza radical en Dios, de oración perseverante y de servicio humilde”.
En una sociedad marcada por la fragmentación, ellas son un signo de consuelo, una presencia estable de oración, un apoyo espiritual para quienes atraviesan pérdidas.
¿Cómo puede ayudar el Ordo Viduarum a resignificar el duelo desde la fe?
El Ordo Viudarum no niega el dolor, sino que lo transfigura. Se puede expresar con una frase: “La persona redescubre su vínculo nupcial primigenio con Cristo… ofreciendo su soledad como testimonio de que el amor de Dios trasciende la muerte”.
El duelo se convierte en un camino de esperanza, una experiencia de continuidad del amor, una apertura a una nueva fecundidad espiritual.
¿Cómo surge la iniciativa de implantar el Ordo Viduarum en Pamplona y Tudela?
La iniciativa nace de una inspiración del Espíritu Santo, recibida en la oración, que me llevó a realizar un estudio riguroso de investigación que confirmó la riqueza bíblica, patrística y pastoral del Ordo Viudarum. Tras elaborar ese estudio, mantuve varios encuentros con el Vicario de Vida Consagrada, al que fui presentando y contrastando todo lo investigado. Posteriormente, expuse el conjunto del trabajo al Sr. Arzobispo, quien lo recibió y lo sometió a un discernimiento pastoral siguiendo los cauces propios de la diócesis. Por tanto, la iniciativa no surge de una idea personal, sino de un proceso rezado, estudiado, acompañado y discernido en la Iglesia.
Mi misión es sencilla: darlo a conocer, explicarlo con fidelidad y ayudar a que esta vocación pueda ser discernida con serenidad en nuestra Iglesia local.
¿Qué te ha motivado personalmente a impulsar esta iniciativa?
Tres motivos. Una inspiración del Espíritu Santo, clara; la investigación, que confirmó la hondura y actualidad de esta vocación; y la realidad pastoral, especialmente la soledad, el duelo y la necesidad de oración en la diócesis.
Hay una sinergia de motivos: Aparte la inspiración dicha, la situación (de soledad, el duelo) y, por otro lado, la disponibilidad de muchas viudas, las necesidades de la Diócesis y de las parroquias… La investigación realizada me confirmó la hondura y actualidad de esta vocación.
¿Qué acogida ha tenido por parte del Arzobispo don Florencio?
Una vez presentado el estudio y realizado el discernimiento inicial, el Sr. Arzobispo ha mostrado una acogida positiva y abierta. Ha valorado la solidez del fundamento bíblico y patrístico, su reconocimiento por el Magisterio reciente y la experiencia de otras diócesis que ya lo han restaurado. Su actitud ha sido de interés, prudencia y disponibilidad para seguir avanzando en el discernimiento pastoral, siempre con serenidad y fidelidad a la tradición de la Iglesia.
¿Hay ya mujeres interesadas en consagrarse o en proceso de discernimiento?
El Ordo Viudarum es una realidad desconocida en nuestro entorno, y por eso el primer paso es: la comunicación y presentación, para que pueda ser comprendida y valorada. Solo después de esta etapa de difusión, y si el Señor lo quiere, surgirán mujeres atraídas por esta vocación, como ha sucedido en numerosos países.
¿Qué pasos concretos se darán en los próximos meses?
Después de este momento de información y difusión, los siguientes pasos serán: Reunir un pequeño grupo inicial de acompañamiento espiritual, tener entrevistas personales, organizar la formación inicial, celebrar encuentros de oración y, si el Arzobispo lo estima oportuno, primeras admisiones al itinerario del Ordo.
¿Qué frutos esperas que dé esta vocación en la Iglesia local?
El Ordo Viudarum puede aportar una fecundidad espiritual y apostólica, a la Iglesia y a las propias viudas. Se trata de una forma de vida eclesial y cristocéntrica: nace de la relación con Cristo Esposo que se expresa en una vida marcada por la entrega, el servicio humilde, la obediencia eclesial, la entrega, la castidad vivida como disponibilidad total a Dios, y la capacidad de estar en el mundo sin perder la unión con el Señor.
Entre los frutos concretos que puede aportar destacaría:
– Una oración constante por la diócesis, por los sacerdotes y por las vocaciones, sostenida desde una vida de castidad consagrada y de unión esponsal con Cristo.
– Un servicio humilde y discreto, que brota de la propia experiencia de fragilidad y se transforma en cercanía hacia quienes viven duelo, soledad o sufrimiento.
– Una presencia femenina madura, profundamente eclesial, que vive su vocación siempre bajo la mirada del pastor, en obediencia y comunión con el obispo, como signo de unidad.
– Una vida en el mundo, pero anclada en Dios, mostrando que es posible vivir la fe con radicalidad sin abandonar las responsabilidades y realidades cotidianas ni las obligaciones familiares y sociales.
– Una red de esperanza, recordando a tantas Estoy segura de que mujeres que no están solas y que su historia puede convertirse en un lugar donde el Espíritu Santo hace florecer vida nueva.
– Un testimonio de fidelidad y de amor esponsal a Cristo, especialmente significativo en un tiempo de fragilidad familiar y afectiva.
Esta vocación está viviendo un momento de florecimiento internacional, está renaciendo con fuerza en Italia, Argentina, Polonia, Estados Unidos y en otras diócesis, sobre todo, de Europa y América. Es una verdadera primavera del Espíritu Santo, que muestra que la Iglesia sigue generando vida incluso en las heridas más profundas.
Como recordaba el Papa Francisco “Vuestra consagración es un don que el Señor da a su Iglesia… para renacer a la esperanza”. ❏

