Homilía pronunciada por el Arzobispo don Florencio Roselló, el pasado 24 de mayo, en la iglesia del colegio de los Salesianos de Sarriguren, con motivo de la fiesta de María Auxiliadora
Querida familia salesiana, hermanos y hermanas.
Preparando esta homilía he leído una frase de san Juan Bosco: “Ella lo ha hecho todo”, que refleja la importancia de María Auxiliadora en su obra fundacional y en el día a día. Era una manera afectiva y espiritual de expresar que veía a María como madre, guía y protectora de su misión. Encontraba a María Auxiliadora en todo lo que hacía san Juan Bosco, por eso le da todo el protagonismo a ella. Sin renunciar a que María nunca buscó protagonismo, al contrario, siempre aparece como una presencia discreta y silenciosa, pero decisiva. Esto me recuerda a María en las bodas de Caná, cuando los novios no tienen vino. Ella no repone el vino, sino que les dice a los criados: “Haced lo que Él os diga” (Jn. 2, 5). En esta escena, María “auxilia” a los novios en la boda ante la falta de vino. Con esto nos muestra que María es una madre cercana, que escucha las necesidades y el llanto de sus hijos. Una madre que no abandona cuando llegan las dificultades. Una madre que sostiene especialmente a los más frágiles.
En el corazón salesiano, María Auxiliadora tiene siempre el rostro de los jóvenes más pobres. Don Bosco la invocaba pensando en aquellos muchachos sin familia, sin educación, sin futuro, expuestos a la calle y a la miseria. Y María respondía suscitando personas generosas, educadores, catequistas, cooperadores y bienhechores capaces de ofrecer hogar, escuela y esperanza.
Celebrar la fiesta de María Auxiliadora en el mismo día de Pentecostés es poner a María en el centro. La Virgen auxilia a los discípulos después de la muerte de Jesús, todos se reúnen en torno a ella. Los discípulos están decepcionados tras la muerte de Jesús -unos han huido, otros se han escondido, pero todos han desaparecido- y es en torno a María cuando vuelven nuevamente a la comunidad. María los auxilia, les da seguridad y futuro; los prepara para recibir el Espíritu Santo. María es la que convoca, rescata y recupera. Hoy, María Auxiliadora es la que nos ha traído aquí, como llevó a los discípulos al cenáculo.
María estaba con los discípulos perseverando en la oración. María está en el corazón de la Iglesia naciente. Está acompañando. Está sosteniendo la esperanza de quienes todavía no comprenden del todo el camino. Ese es el rostro de María Auxiliadora: una madre que acompaña los procesos humanos y espirituales. Una madre que no abandona en el miedo ni en la oscuridad. Una madre que permanece. Y María es la que empuja a la iglesia naciente a salir, a evangelizar, a anunciar el evangelio.
Es lo que hizo con la familia salesiana, reunir, convocar y enviar a los salesianos a predicar, a anunciar el evangelio. Así lo entendió Don Bosco, que no difundió simplemente una devoción mariana, sino que enseñó a experimentar a María como madre viva y cercana, especialmente para los jóvenes pobres y abandonados. Él veía en María Auxiliadora a la gran protectora de quienes no cuentan, de quienes viven en las periferias materiales y existenciales. Su nombre expresa su compromiso: auxiliar, cuidar, proteger, sobre todo a los más vulnerables. Un carisma que no me han contado, sino que he experimentado en mi época anterior a ser obispo, con los salesianos de Alicante, Valencia y Castellón, por mi vinculación con el mundo de la cárcel. Vosotros en labores de prevención y yo, los que no conseguían salvar la prisión, atendiéndolos entre rejas. Pero muchos, gracias al trabajo preventivo, evitaron entrar en la cárcel. ¡Cuántos jóvenes fueron auxiliados por el carisma de María Auxiliadora y de D. Bosco!
En el evangelio hemos escuchado que Jesús entra en medio de sus discípulos y les dice: “La paz con vosotros”. Por dos veces les desea la paz, en una situación de tensión, de incertidumbre en sus vidas. Los discípulos estaban encerrados por miedo. Jesús no los reprende. Se pone en medio de ellos, les muestra las heridas y les comunica el Espíritu Santo. María Auxiliadora, cuando cuida, acoge y auxilia les transmite sobre todo paz. A muchos jóvenes sin rumbo ni destino, ser acogidos por el carisma salesiano es entrar en un espacio de paz, en un espacio de tranquilidad. La paz que nos trae Jesús es una paz interior, pero también exterior. Es hermoso pensar que también María Auxiliadora entra muchas veces en nuestras vidas cerradas y llenas de miedo para devolvernos la paz y abrirnos nuevamente a la misión.
Como mercedario que soy, me siento muy cercano al carisma salesiano, quizás porque las dos familias religiosas tenemos unas advocaciones marianas que se complementan y en muchos casos coinciden. María Auxiliadora aparece como la madre que auxilia, acompaña y protege especialmente a los jóvenes, los humildes y quienes atraviesan dificultades. La Virgen de la Merced quiere ser “merced” para el mundo entero: alivio para el oprimido y libertad para quien vive encadenado física o espiritualmente. Su caridad tiene un carácter profundamente liberador. La relación entre ambas advocaciones puede entenderse, entonces, como dos expresiones complementarias de una misma misión maternal. La Merced libera; Auxiliadora sostiene. La Merced rompe cadenas; Auxiliadora acompaña el camino.
La gran misión salesiana sigue siendo la misma que en tiempos de Don Bosco: hacer sentir a cada persona que es amada por Dios y que nunca está sola. Que María Auxiliadora nos enseñe a acompañar con paciencia, a servir con alegría y a vivir abiertos al Espíritu Santo.
+ Florencio Roselló Avellanas O de M
Arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela

