Fiesta de Nuestra Señora de la Merced

Homilía pronunciada por el Arzobispo don Florencio Roselló, el 24 de septiembre, en la prisión de Pamplona, con motivo de la fiesta de Nuestra Señora de la Merced


Celebrar hoy la fiesta de Nuestra Señora de la Merced, patrona de las prisiones, es abrir de par en par el corazón a la esperanza más radical. Como obispo de esta diócesis y miembro de la familia mercedaria, visitar esta cárcel es asumir como propia vuestra suerte, vuestros dolores y vuestros anhelos. Durante muchos años he estado comprometido con las personas que están en prisión. En muchas ocasiones han sido mi familia, mi vocación y mi compromiso. Inclusive he pasado más tiempo con muchos presos que con mi familia. He compartido situaciones y alegrías como si fuesen mías. Hoy invito a todos los que estamos esta mañana aquí a que miremos de frente los muros de esta cárcel de Pamplona, que aun sabiendo que son muy altos, os digo que el amor de Dios no conoce rejas ni fronteras. Os digo que ahí fuera hay vida, hay familia, hay ilusión, hay oportunidades, y que cuando lleguen hay que aprovecharlas.

Muchas veces os he hablado, a los presos, de que otra libertad es posible, de que es posible salir de la marginación, de la vulnerabilidad y de la prisión. Durante mi estancia en Pamplona he recibido la visita de hombres y mujeres que conocí en diferentes prisiones donde ejercí como capellán. Estos hoy participan de la vida de la sociedad: con un trabajo, construyendo un futuro, muchos han reconstruido lazos familiares, otros han superado situaciones donde les señalaban al salir de prisión y ellos siguieron luchando. En estas personas he visto el rostro de la reinserción, el rostro de la libertad entendida y aprovechada. Como dijo el papa León XIV en su visita a la cárcel de Brians 1: “Los errores de la vida no determinan la identidad de la persona”. Con estas palabras el santo padre animaba a los presos a superar el pasado y alzar la mirada al futuro. Si la ley concede la libertad una vez que he pagado mi pena, ¿quién tiene derecho a condicionar el futuro de un preso porque alguien lo diga?, ¿quién tiene derecho a señalar con el dedo mi pasado en prisión?

Nadie tiene derecho a recordar el pasado de un preso cuando este ya ha cumplido con la sociedad. Nadie tiene derecho a cerrar la puerta de la libertad a un preso cuando este ha cerrado la puerta del delito. Nadie puede obligar a un preso a mirar hacia atrás cuando este ha luchado por construir un futuro. Una persona es mucho más que un error, mucho más que una caída, mucho más que un delito. El pasado no puede condicionar el futuro, sería inmoral e ilegal.

Queridos hermanos y hermanas en prisión, sentid la cercanía y el cariño del papa Francisco cuando decía: “¿Por qué ellos y no yo?”. Porque él no se consideraba mejor que ningún preso, él se preguntaba por qué los presos estaban en la cárcel y no el propio Francisco. Y, por otro lado, el papa León tuvo una frase de cariño cuando dijo a los presos de Brians 1: “Dios te ama como eres, pero te sueña mejor”. Esta frase es la mejor terapia, la mejor motivación para la reinserción. Valora al preso como persona y le ofrece un futuro esperanzador. Es un “voto de confianza en el preso” cuando le dice: “Te sueña mejor”. Le está diciendo que si quiere puede, que si se lo propone lo consigue. Que Dios, rico en misericordia, tiene puesta su confianza en él, aunque toda la sociedad le marque y le señale por haber estado en prisión. Dios siempre le soñará mejor. Esta frase es profundamente rehabilitadora, porque Dios le quiere como es y tiene un futuro mejor para él. Dios le está diciendo que tiene muchas posibilidades de salir de la marginación y de la vulnerabilidad. Cuando Dios te sueña mejor te está diciendo que Dios no mira tu pasado, que no recuerda tus caídas. Dios te está diciendo que tienes un futuro.

Este sueño de Dios lo comparte también la Virgen de la Merced. Ella es la patrona de las prisiones porque, como madre, te sueña mejor y te quiere mejor.  Ella no nos dice que lo que está mal esté bien. No nos invita a negar nuestras responsabilidades. La misericordia no borra la verdad ni elimina la responsabilidad, pero nos recuerda algo fundamental: un error, incluso un error grave, no tiene la última palabra sobre una persona. Siempre puede comenzar algo nuevo, porque ella confía en tus posibilidades y cualidades. Ella confía en que puedes levantarte.

El evangelio que hemos leído nos ha llevado al Calvario, lugar de tormento y de muerte, para convertirlo en espacio de vida y esperanza. Jesús nos hace el mejor regalo a los hombres y mujeres en prisión: nos regala a su madre. Jesús está en la cruz. Y allí, en medio del dolor, contempla a su madre y al discípulo amado y dice: «Mujer, ahí tienes a tu hijo». Y después al discípulo: «Ahí tienes a tu madre». Estas palabras tienen una significación especial en la cárcel. En un ambiente de soledad, de orfandad, recibir el regalo de la madre, de la Virgen de la Merced, es recibir vida, es recuperar la esperanza. En la cárcel nos falla mucha gente: un amigo, “un colega”, una relación; en casos de reincidencia, la familia también se cansa; falla también el propio preso. La cárcel es un cementerio de propósitos fallidos, de ilusiones desvanecidas. Pero nuestra madre, la Virgen de la Merced, no falla, espera, confía. Hoy, de manera especial, pido a todos los hombres y mujeres en prisión que miren a la Virgen de la Merced y pongan sus sueños, sus proyectos, sus trabajos y sus propósitos a sus pies para que los tome en sus manos y nos ayude a hacerlos realidad. No lo olvides: Dios te sueña mejor de lo que eres y la Virgen de la Merced te quiere mejor y más que nadie.

 

+ Florencio Roselló Avellanas O de M

Arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela

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