Homilía pronunciada por el Arzobispo don Florencio Roselló, el pasado 22 de noviembre, festividad de Santa Cecilia, en la Catedral de Santa María la Real de Pamplona, con motivo del Jubileo de los Músicos
Queridos hermanos del Cabildo, queridos coros y grupos musicales de Navarra, hermanos y hermanas.
Con gozo celebramos el Jubileo de los Músicos en este Año Jubilar al que nos convocó el papa Francisco. Lo hacemos en el día de vuestra patrona, santa Cecilia. Hoy la música, los músicos, sois los protagonistas. Siempre la música en celebraciones litúrgicas ejerce una función de acompañamiento, está en función de la celebración, de la fiesta y de las lecturas. Hoy quiero que seáis los protagonistas. A la vez que este jubileo quiere ser una oportunidad para daros las gracias por el servicio silencioso, constante y anónimo que muchos coros ofrecéis en nuestras celebraciones por las muchas iglesias de Navarra.
Me gusta la afirmación de San Agustín cuando dice: “Quien bien canta reza dos veces”. En las diferentes iglesias de Navarra he presidido muchas celebraciones, y donde hay un buen coro, la celebración sube al cielo, gana en intimidad y en profundidad. Con vuestra música, con la sensibilidad que la interpretáis, hacéis que la asamblea rece y conecte con el Señor, y hacéis más cercana la Palabra de Dios. Ayudáis a que las personas que quieren rezar conecten mejor con el Señor. No es una mera ejecución, sois colaboradores de la obra de Dios, que a través de la música se hace más comprensible.
Hoy nos inspira santa Cecilia, vuestra patrona. No fue recordada tanto por su capacidad técnica —de la que nada sabemos— como por su interioridad y sensibilidad musical. Las antiguas actas describen que “mientras sonaba la música de su boda, ella cantaba en su corazón a Cristo”. Esta frase es un programa de vida para todo músico cristiano: unir la belleza exterior con la verdad interior, permitir que la música no sea solo sonido, sino oración encarnada. La música es un puente que conecta al hombre con Dios, acorta distancias en esa relación y nos hace más humanos.
La música se hace necesaria para la evangelización y la misión. Hoy quisiera deciros, algo sencillo y profundo: la Iglesia os necesita. Para anunciar el evangelio, para vivir el evangelio y para dar sentido al evangelio. Necesita vuestra sensibilidad, vuestra disciplina artística, vuestra creatividad, vuestra capacidad de comunicar lo trascendente. Allí donde una parroquia cuida su música, suele florecer la oración; donde surge un coro, renace la comunidad; con la música la parroquia habla con Dios. Evangelizar también es hacer bello lo cotidiano, es hacer atractivo el mensaje de Jesús, permitir que al mundo llegue la Palabra de Dios. Cuántas veces una asamblea cansada empieza a cantar y recupera la esperanza; cuántas veces una melodía abre un corazón cerrado; cuántas veces un órgano que suena en esta Catedral de Pamplona hace presentir la grandeza de Dios. Decía el papa Francisco a la Asociación Santa Cecilia: “La música, en general, crea puentes, acerca a las personas, incluso a las más distantes; no conoce barreras de nacionalidad, etnia o color de piel, sino que involucra a todos en un lenguaje superior» (28-9-2019). Mucha gente se acerca al misterio, a la Iglesia, a través de la música. Sois buenos evangelizadores de la Buena Noticia al mundo. Gente no creyente o distante de la fe, a través de la música se hace preguntas, interrogantes y empieza a descubrir que Dios tiene un mensaje para él. Que Dios puede llenar ese vacío existencial que hay en muchas personas.
El evangelio que hemos escuchado encarna dos tipos de coros, muy diferentes los dos. El primero lo conforman cinco vírgenes prudentes, las que esperan al Señor y se preparan, cuidan todos los detalles, sobre todo tener aceite en las lámparas; el aceite viene a ser los ensayos, pruebas y preparación. El segundo coro el de las cinco vírgenes necias, son gente que va a lo suyo, que Dios no forma parte de su vida ni de su preparación, no tienen aceite en sus lámparas, su música no suena bien. Cuando llega el momento de recibir al Señor, de actuar, de cantar, las vírgenes prudentes llegan a tiempo, todo sale como lo habían preparado. En cambio, las vírgenes necias o imprudentes se quedan fuera, no pueden actuar porque no ha ensayado ni preparado el momento, no tienen aceite en sus lámparas y no pueden recibir al Señor.
En este Jubileo quiero destacar que vuestro ser de músicos es vocacional. vuestra vocación es hermosa y también es exigente. Porque no se trata solo de tocar o cantar. Se trata de velar, como nos decía el evangelio. Velar para que el arte no pierda alma. Velar para que la belleza no se convierta en espectáculo vacío. Velar para que la música siga siendo un camino hacia Dios y no hacia mi ego. Velar, como las vírgenes prudentes, para que la luz no se apague.
Queridos músicos, Dios os ha dado el talento de la música, es un regalo que os ha hecho. Por eso la primera palabra debe de ser gracias por el regalo musical. Y, por lo tanto, es un don que no es para vosotros, sino para los demás. Cuidad vuestro arte, estudiad, ensayad con perseverancia, formad a otros, transmitid pasión. Pero, sobre todo, cuidad vuestra vida interior: una música sin alma no evangeliza; una música sin pasión no atrae; una música sin alegría no contagia. Una música que habla de Dios transforma y atrae a las personas al evangelio. La música litúrgica ayuda a rezar con todos nuestros sentidos, como nos decía el papa León XIV en el V centenario del nacimiento de Palestina: “La música sacra ayuda a rezar con la voz, la mente y el corazón”.
Que Santa Cecilia interceda por vosotros, que el Espíritu Santo sea vuestra inspiración y que sigáis siendo generosos en ayudar al culto litúrgico.
+ Florencio Roselló Avellanas O de M
Arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela

