Rito de Admisión, Lectorado y Acolitado

Homilía pronunciada por el Arzobispo don Florencio Roselló, el pasado 23 de noviembre, en la capilla del Seminario de Pamplona, con motivo del rito de Admisión, Lectorado y Acolitado


Queridos hermanos sacerdotes, diáconos, seminaristas, queridos Miguel, Andoni, Salva, que recibís el lectorado y acolitado, querido Andrés, que eres admitido a las Órdenes Sagradas, queridas familias de estos cuatro seminaristas, hermanos y hermanas.

Hoy la Iglesia nos convoca a una celebración profundamente significativa para nuestros seminarios y para nuestra diócesis. Pero lo es de modo especial para estos cuatro hermanos nuestros que dan un paso más en su camino de formación hacia el sacerdocio. Uno de ellos, Andrés, será admitido formalmente como candidato a las Órdenes Sagradas, y tres más, Andoni, Miguel y Salvador, recibirán los ministerios de Lector y Acólito. Damos gracias a Dios porque sigue llamando a jóvenes dispuestos a entregar la vida al servicio del evangelio.

Aunque son momentos distintos, en estos cuatro jóvenes hay algo en común: que están aquí porque han dicho sí al Señor, cada uno en su momento, pero todos han escuchado la misma voz, la misma llamada: “Ven y sígueme”. Y los cuatro han respondido como el joven Samuel: “Habla, Señor, que tu siervo escucha” (1Sam. 3, 10). Queridos seminaristas, es Dios quien llama, él tiene la iniciativa y vosotros la libertad para responder. Y habéis dicho sí. Como Samuel, estáis abiertos a la voluntad de Dios en vuestra vida.

Andrés, la Admisión a las Órdenes es la confirmación pública de que un seminarista desea ofrecerse al servicio ministerial y que la Iglesia reconoce en él signos de vocación. Desde hoy, tu formación adquiere un carácter más público, y la Iglesia te invita a dejar que Cristo Rey reine en tu interior. No es aún la consagración definitiva, pero sí un acto que te vincula de manera más profunda con la misión de Cristo. Sin este momento no hay camino, no hay sacerdocio. Un gran camino comienza con un primer paso. Después de tu entrada en el seminario este es un gran paso. La iglesia te dice que te vemos capaz de afrontar la siguiente etapa de formación sacerdotal.

Y a vosotros, Andoni, Miguel y Salvador, os voy a conferir los ministerios de Lector y Acólito. Dos servicios que, aunque humildes, son esenciales para la vida litúrgica y la evangelización. El Lectorado es una llamada al servicio de la Palabra. Algunos podrán decir: “Eso ya lo hacían”. O: “Eso ya lo hacemos nosotros sin esta ceremonia”. Es cierto, pero en muchos casos esa participación viene de la necesidad, de la conveniencia de participar en la liturgia. Pero aquí, dentro de esa llamada que Dios ha hecho a estos tres hermanos nuestros, está la de ser Lector. Esa llamada a ser sacerdote conlleva también la llamada a ser Lector. Supone acercarse a las Escrituras con amor, se os invitará a estudiarlas con profundidad y hacer vida esa Palabra de Dios que vais a proclamar.  El lector no es solo quien lee; es quien deja que la Palabra lo lea a él, lo modele, lo purifique, lo envíe. Recibir el ministerio de Lector supone prepararse bien, leer antes lo que vais a proclamar, ser conscientes de que proclamáis no vuestra palabra, sino la Palabra de Dios.

Por otro lado, el Acolitado no es solo dar la comunión ni desempañar funciones prácticas como preparar en el altar. Es aprender el modo de Jesús, que se ofrece como Pan partido y Sangre derramada. Es hacer vuestra esa ofrenda de Jesús por todos nosotros. Supone interiorizar, cada vez que dais la comunión, que es una entrega por los demás. De la misma manera debe ser vuestra vida: más generosa, más sacrificada, más solidaria por todos los que el Señor pone en nuestro camino. El Acolitado es un privilegio, pero para servir, porque la Iglesia pone en vuestras manos el pan eucarístico que sirve de alimento y de fortaleza para la gente que lo recibe. Dar la comunión es dar lo mejor que tiene la Iglesia, a Cristo. No deis la comunión por cumplir, porque toca, preparaos antes, mirad a los ojos de quien la recibe, que vuestros ojos le transmitan que le estáis regalando al Señor.

Queridos Andoni, Miguel y Salvador, recibís estos ministerios en el día de Cristo Rey que viene a servir, que tiene por trono la cruz y por honor la corona de espinas. Los ministerios de Lectorado y Acolitado no son un honor ni una distinción, tampoco un privilegio. Son un servicio. Un servicio que la Iglesia os confía para que os forméis en el estilo de Cristo, que es el estilo de la humildad, de la obediencia, de la entrega y del amor sin condiciones. Hoy no se celebra un logro, sino una misión: que Cristo quiere llegar a la gente a través vuestro.

A todos los que estamos participando en esta celebración se nos hace una doble invitación: en primer lugar, se nos invita a que nos acerquemos con respeto a la Palabra de Dios y a que vayamos profundizando que recibir a Cristo en la eucaristía es identificarnos con Él; y en segundo lugar, nos compromete a acompañar a Andrés, que ha sido Admitido a las órdenes, y a Andoni, Miguel y Salvador, que han recibido los ministerios de Lector y Acolitado, para  que oremos por ellos y les ayudemos a responder a la llamada que Dios les ha hecho.

Andrés, Andoni, Miguel y Salvador, sois un don para esta diócesis. Cada uno de vosotros representa una respuesta distinta a la misma llamada, pero todos sois expresión del amor de Dios hacia su pueblo. Hoy quiero agradecer, a vuestras familias, su generosidad; a los formadores y sacerdotes, su dedicación; y a toda la comunidad cristiana que reza por vosotros y os sostiene con su afecto. La Iglesia de Pamplona y Tudela necesita sacerdotes santos: jóvenes de oración, con entrañas de misericordia, que sepan escuchar, consolar y dar esperanza. Necesita pastores que conozcan a su pueblo y que vivan la alegría del Evangelio.

 

+ Florencio Roselló Avellanas O de M

Arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela

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