La Epifanía del Señor

Homilía pronunciada por el Arzobispo don Florencio Roselló, el 6 de enero, en la Catedral de Pamplona, con motivo de la fiesta de la Epifanía del Señor.


Querido cabildo, sacerdotes concelebrantes, hermanos y hermanas.

Celebramos la fiesta de la Epifanía del Señor, que es la manifestación del Señor a todos los pueblos, a toda la gente. El Señor sigue haciéndose presente entre nosotros. El 24 de diciembre recordábamos que Dios nacía y se hacía cercano a los pobres, a los pastores. Hoy, día de la Epifanía, Jesús sigue encarnándose en medio de nosotros, en la figura de los Magos venidos de Oriente, en los poderosos, en los de lejos. Con esta fiesta Jesús nos dice que nace para todos y quiere estar cercano a todos: pastores, Magos, sencillos, poderosos.  La Epifanía nos recuerda que Dios no se esconde, sino que sale al encuentro del ser humano, allí donde se encuentre, incluso por caminos inesperados. La Epifanía nos recuerda que la luz de Dios no es exclusiva ni privada. Es una luz destinada a atraer a todos los pueblos: «Caminarán los pueblos a tu luz y los reyes al resplandor de tu aurora» (Is 60,3).

Los Magos, son los buscadores de Dios. Representan a las naciones, a los hombres y mujeres en búsqueda, porque su vida no les llena. Los Magos, poderosos, con riquezas, van buscando una luz. El poder, la riqueza, el prestigio no les satisface, se sienten vacíos, buscan algo más. En esa búsqueda se pierden, por un momento no ven la estrella, pero insisten, perseveran, porque confían que ese Niño, ese rey que ha nacido es mucho más importante que todo el poder y las riquezas que ellos poseen.

Al llegar a Belén, los Magos encuentran no un rey poderoso, no un lugar de lujo, sino un niño con su madre y José. No se escandalizan ni se sorprenden, «Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y postrándose lo adoraron» (Mt 2,11). No hallan un palacio ni un trono, sino la humildad de un hogar pobre, la sencillez elegida para reinar. Y, sin embargo, reconocen y adoran, le ofrecen los regalos que le han traído. El gesto de postrarse ante el Niño es una confesión de fe profunda, reconocen que es mucho mayor que ellos, que han encontrado lo que buscaban. Ese Niño ha dado sentido a toda su peregrinación, a todas sus dificultades sufridas y vividas en el camino.

Los Magos encuentran una estrella, que es signo de una luz que orienta, que indica, que conduce, pero no sustituye el camino. Los Magos son libres de seguirla, podían haberla ignorado, pero entienden que es una señal. Como nos dice el evangelio según san Mateo: «Vimos salir su estrella y venimos a adorarlo» (Mt 2,2). Dios guía, pero espera una respuesta libre. En nuestro mundo, en nuestra sociedad, Dios sigue enviando estrellas que nos llevan a Dios. Estrellas en forma de personas, de acontecimientos, de lecturas, de celebraciones. Los Magos hasta que no encontraron la estrella andaban perdidos, desorientados. Hermanos busquemos esa estrella, la tenemos delante de nosotros. Y esa estrella no está en el lujo, en las riquezas, está en la sencillez, en la pobreza, como así lo vivieron los Magos.

Frente a la actitud confiada de los Magos, el Evangelio nos presenta la figura de Herodes que desconfía de ese Niño, cree que le puede quitar el poder. En sus ojos no hay fe, hay inseguridad, superficialidad. Muestra egoísmo, miedo y temor. San Agustín lo expresaba con claridad: «Los Magos buscaban con fe; Herodes temía perder su poder». El poder sin fe se convierte en miedo; el poder sin verdad engendra violencia. De ahí que Herodes, al fallar en su intento de encontrar a Jesús, ordenase una persecución y matar a todos los niños menores de dos años. Herodes, un hombre, un dirigente sin conciencia manda matar a niños inocentes, sin conocerlos, sin saber de ellos. ¿Qué se puede esperar de un dirigente sin conciencia?

En este niño vulnerable, perseguido, que Herodes quiere matar, encontramos a todos los niños de la tierra. Hoy es un día de ilusiones, de sonrisas, de sueños de muchos niños en el mundo. Hoy es un día para salir en defensa de los niños. De los no nacidos, los que no han visto la luz. Estamos normalizando esta situación, pero hay que hacer una llamada a despertar, cuando se nos dice que en España en el año 2023 ha habido 103.097 interrupciones voluntarias del embarazo (IVE). Hay que hacer una llamada a las administraciones públicas a atender, acompañar y ayudar a las madres, a las familias con medidas económicas, laborales y de incentivación a la maternidad. Entre el 60%-75% de las mujeres interrumpen el embarazo por motivos económicos o laborales, y eso tiene solución.

Este niño también nos habla de la fragilidad infantil, de la necesidad de cuidarlos. No siempre hemos cuidado de los niños, y eso ha provocado que han sufrido abusos, también en la Iglesia y no siempre se les ha protegido lo suficiente. Estos niños necesitan personas como María, como José que los protejan de abusos sexuales, que los mimen y cuiden con cariño y esmero, y no siempre ha sido así. En este niño encontramos también a niños víctimas de la guerra. Son la parte más débil, las primeras víctimas. Niños que mueren en la guerra de Ucrania, niños que tienen que emigrar, algunos han llegado a España. Niños que siguen muriendo en la franja de Gaza, a pesar de la mal llamada y peor gestionada tregua o acuerdo de paz. Niños explotados laboralmente, víctimas de trata, que son objeto de deseo. Jesús se encarna en estos niños que no verán nunca la luz, que son abusados sexualmente, otros que son víctimas de guerra o víctimas de trata para ser explotados laboralmente. El enfado de Jesús es claro para aquél que abusa de un niño “Al que escandaliza a uno de estos pequeños, más le valdría que le ataran al cuello una piedra de molino y lo arrojasen al mar” (Lc. 17, 2). Hay muchos Herodes que en estos niños ven un negocio, un producto, un número, y no una persona.

Los niños son los protagonistas de este día, pero también de nuestra historia. Una sociedad sin niños es una sociedad dormida, pero también una sociedad sin futuro. Y sobre todo, en la inocencia de los niños se hace presente el Reino de los cielos, “Dejad que los niños se acerquen a mí, de los que son como ellos, es el Reino de los cielos” (Mt. 19, 14)

El Evangelio concluye diciendo que los Magos regresaron a su tierra «por otro camino» (Mt 2,12). Quien se encuentra verdaderamente con Cristo no vuelve igual. Quien ve a Jesús cara a cara, comprende, ve y actúa. La Epifanía, la fiesta de los Reyes Magos, nos invita a dejarnos transformar, a cambiar de ruta cuando el Evangelio lo pide, a ser testigos de la luz en medio de nuestro mundo, tantas veces marcado por la oscuridad, la indiferencia y el miedo. Nos llama a cuidar y proteger a los niños de tantos Herodes sueltos y envueltos en mil peligros y ataques, en ellos está Jesús que se manifiesta a todo el mundo.

Feliz día de Reyes.

 

+ Florencio Roselló Avellanas O de M

Arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela

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