Despedida de las Benedictinas de Estella

Homilía pronunciada por el Arzobispo don Florencio Roselló el pasado 1 de marzo, en la capilla del Convento de las Benedictinas de Estella, con motivo de la despedida de las religiosas.


Queridas hermanas benedictinas. Durante bastante tiempo en vuestro horizonte estaba este día, pero en vuestro interior os repetíais constantemente: “No ha llegado la hora”, igual que Jesús lo dijo en varias ocasiones.  Vivimos esta celebración cargada de emoción, de gratitud y también de alegría. Las Hermanas Benedictinas dejan su monasterio en Estella para continuar su vida en Burgos. Después de una presencia secular, he leído que desde el siglo XIII, y en este monasterio desde 1971. Y ahora sí, hoy sí que “ha llegado la hora”. Humanamente podríamos pensar que es un momento triste, un final, una pérdida. La palabra de Dios nos invita a mirarlo con esperanza, con una luz distinta, desde la fe.

Cuando Jesús dice “ha llegado la hora” no habla de fracaso ni de derrota. No es una hora oscura sin sentido. Es la hora en que se cumple la voluntad del Padre, es la hora de beber el mismo cáliz de Jesús. Es la hora en que algo nuevo se inicia, para vosotras comienza una nueva vida lejos de Estella, en Burgos. Para Jesús, la “hora” es el paso decisivo hacia la vida; y una vida nueva, una vida plena, a la Resurrección. Es cierto que la hora incluye cruz, desprendimiento y dolor, pero es el camino para llegar a esa nueva vida que Dios nos propone.

Hoy decimos: “Ha llegado la hora para esta comunidad benedictina”. No como un cierre de comunidad, sino como un paso dentro del camino de Dios. La vida monástica siempre ha sido peregrinación interior, obediencia confiada, disponibilidad total. Las hermanas no pertenecen a un lugar, pertenecen a Dios. Y hoy os llama a otro lugar para que vuestra vida sea fecunda. Y cuando Dios llama, su “hora” lo hace para que demos fruto.

La vida benedictina, marcada por la estabilidad, también conoce estas horas inesperadas en las que la fidelidad se expresa no quedándose, sino partiendo; no resignándose, sino luchando, fiándose de Dios. Reconozco que no es fácil dejar un lugar lleno de historia, de recuerdos, de rostros queridos. No es fácil cerrar una etapa. Pero el evangelio nos enseña que cuando llega la hora, Dios cierra un capítulo, pero no cierra vuestra historia. No cierra vuestra consagración, seguiréis siendo consagradas benedictinas. Marcharse, dejar Estella, dejar este monasterio, no significa perder la identidad. Significa vivirla en otro lugar. El carisma sigue siendo el mismo: buscar a Dios, vivir la fraternidad, sostener la Iglesia con la oración, cantar cada día: “Nada anteponer al amor de Cristo”, que decía San Benito. Dios no os despoja del carisma ni de vuestra consagración, os invita a salir como a Abraham y vivir vuestra vida contemplativa benedictina confiando en el Señor.

La Palabra de Dios que hemos escuchado hoy parece elegida providencialmente para este momento que vivimos. La primera lectura nos presenta a Abraham escuchando una palabra desconcertante de Dios: “Sal de tu tierra, de tu patria y de la casa de tu padre, hacia la tierra que yo te mostraré”. Es una llamada exigente. Abraham tiene que dejar lo conocido, lo seguro, lo suyo. No recibe un plan ni garantías humanas. Solo una promesa: “Yo estaré contigo… haré de ti una bendición.” Y Abraham, dice la Escritura, con sencillez admirable, “se puso en camino como le había dicho el Señor”. Ahí está la fe verdadera: no entenderlo todo, pero confiar. Hoy, de algún modo, esa misma palabra resuena en la vida de esta comunidad. También para vosotras ha llegado la hora de salir. Imagino que, como Abraham, con muchas dudas e interrogantes. Pero también a vosotras el Señor os dice: “Yo estaré contigo… haré de ti una bendición”.

Y salir, no porque hayan fallado, no porque su historia aquí no haya sido fecunda, todo lo contrario: solo cabe echar una mirada alrededor y la presencia, las miradas de la gente que os acompaña, son de fecundidad y de agradecimiento. En este agradecimiento quiero recordar la acogida que habéis dado tantas veces al Seminario de Pamplona que, en una época, venían a realizar retiros y aquí se llenaban de Dios. Muchas gracias de corazón. Vais a salir de aquí precisamente porque la vida consagrada es disponibilidad permanente a la voluntad de Dios. Humanamente a mí también me cuesta entender vuestra salida, lo he hablado varias veces con María Teresa, la abadesa, pero desde la fe lo entiendo y acepto, como lo entendió Abraham, y acepto que “ha llegado vuestra hora”.

El evangelio nos enseña la meta y la razón de nuestra salida. Esta celebración, rodeadas de mucha gente que os quiere, es la Transfiguración que os prepara y os fortalece para coger la cruz. Algunas de vosotras estaréis pensando: “Ojalá no terminase nunca esta celebración”. Jesús muestra su gloria para fortalecer a los discípulos antes de la pasión. Esto nos ayuda a entender lo que vivimos hoy. A los ojos humanos, podríamos ver solo la renuncia, la despedida, el cierre de una etapa. Dios nos regala una transfiguración, con esta celebración, para abrazar la cruz de vuestra salida con amor. Una cruz que os llevará a la resurrección. La cruz no es el final, es el camino para resucitar.

“La hora de Jesús” le lleva a la cruz, pero sobre todo a la Resurrección. “La hora de las monjas benedictinas”, pasando por la cruz, a una nueva vida resucitada. Sí, hermanas, ha llegado vuestra hora, el momento en el que Dios os dice como a Abraham: “Sal de tu tierra, de Estella” y ponte en camino. Coger la cruz es luchar, coger la cruz es madurar las decisiones, coger la cruz es fiarse de Dios. Una cruz para vivir, para soñar y para resucitar.

Nuestra celebración debe de ser alegre, gozosa, porque Dios les ha regalado una nueva hora. Ver esta celebración, esta decisión, con tristeza por parte de quienes estamos aquí es ser egoístas, porque pensamos solo en nosotros y no en la comunidad de benedictinas. Ellas están llamadas a resucitar, sí, repito, pasando por la cruz, pero resucitar al final. Queridas hermanas benedictinas, dad gracias a Dios porque os ha ofrecido su hora, la hora de una nueva vida, de una nueva entrega. ¡Confiad en el Señor!

 

+ Florencio Roselló Avellanas O de M

Arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela

 

Scroll al inicio
Navarra
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.