¡Gracias, jóvenes católicos navarros!

¡Gracias, jóvenes católicos navarros, por el regalo del pasado domingo, 8 de marzo! Todavía resuenan en mi corazón los ecos vivos y emocionantes de la primera Javierada. Quienes tuvimos la gracia de contemplar la explanada del Castillo de Javier llena de peregrinos no podremos olvidar fácilmente esa imagen luminosa, como era ver a miles de jóvenes, muchas familias y grupos caminando juntos, compartiendo esfuerzo y esperanza, reunidos en torno a la figura de san Francisco Javier. Una experiencia que deja huella y que quiero compartir.

Entre todos ellos quiero destacar de manera especial la presencia abundante de jóvenes. Sus rostros, su alegría desbordante, su entusiasmo y su modo de vivir la fe han sido, para muchos, un verdadero signo de esperanza. Últimamente los jóvenes están siendo cuestionados por creer, por disfrutar de una oración, por vivir con alegría la eucaristía, por encontrar en Jesús un sentido a su vida. La explanada estaba llena de jóvenes felices y contentos por creer, por tener fe, por manifestarla en público, sin miedo y con naturalidad. Jóvenes estudiantes, jóvenes trabajadores. Jóvenes con una gran formación, jóvenes con responsabilidades en sus trabajos… ¿Alguien puede pensar que estos jóvenes son “tontos” e “inocentes” como para engañarles? ¿Alguien cree que los jóvenes se dejan manipular?

El pasado domingo los jóvenes no estaban en Javier porque alguien les obligara o porque les han engañado. Quien conoce a los jóvenes debe saber que no es fácil engañarles y quien piense lo contrario es que no los conoce. ¿Alguien piensa que los 1.100 jóvenes que fueron a Roma el pasado verano para vivir el Jubileo de los Jóvenes con el papa León XIV estaban manipulados? Pensar así es un insulto a la inteligencia y a la libertad de los jóvenes. Los jóvenes estaban en Javier porque querían, porque se sentían atraídos por el misionero universal san Francisco Javier. Porque, en el silencio de su conciencia, han tomado una decisión libre y responsable: la de creer, la de confiar en Dios, la de caminar con Cristo. Y esa decisión, muy personal, la viven con orgullo sereno, con una alegría que contagia e interpela.

En un tiempo en el que con frecuencia se habla de la fe como algo del pasado o como una realidad que debería permanecer escondida en lo privado, la Javierada nos ha recordado que la fe también puede vivirse con libertad, con valentía y con alegría compartida. Nadie puede imponer la fe, pero tampoco nadie debería impedir que se viva y menos aún que se haga chiste de algo tan profundo y personal como son las creencias religiosas.

Por eso impresiona ver a tantos jóvenes libres para ir a Javier; libres para creer, libres para caminar juntos. Jóvenes que, en medio de las dificultades del camino: el frío, la lluvia y el cansancio de los kilómetros, continúan adelante con buen ánimo, cantando, rezando, conversando entre amigos. Ir a Javier no es simplemente realizar una caminata. Es manifestar públicamente que se tiene fe. Es decir, a Navarra y al mundo, que creo en Dios y que Jesús es el pozo en el cual bebo y en el cual encuentro sentido a mi vida. Los jóvenes no piden que todo el mundo crea, pero sí piden que se les respete, que se les deje creer con libertad, sin juicios ni valoraciones.

En esta primera Javierada he visto esa alegría limpia que nace de saberse acompañados por Dios y por la comunidad, por la Iglesia de Navarra. He visto jóvenes que caminan juntos, que se ayudan, que comparten comida, conversación y oración. Esa fraternidad sencilla es también una forma concreta de anunciar el evangelio. Nuestra Iglesia necesita este testimonio. El mundo necesita ver que la fe no apaga la libertad, sino que la ilumina. Creer no significa renunciar a pensar o a decidir por uno mismo, sino precisamente comprometer la propia libertad en una respuesta confiada al amor de Dios.

La Javierada sigue siendo, año tras año, una escuela de fe, de fraternidad y de esperanza. Y los jóvenes peregrinos son uno de sus signos más visibles. Si alguien quiere entender y encontrar razones por las cuales los jóvenes tienen fe y creen, que venga a las Javieradas. Allí están todas las respuestas.

 

+ Florencio Roselló Avellanas O de M

Arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela

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