Vigilia Pascual

Homilía pronunciada por el Arzobispo don Florencio Roselló, el pasado 4 de abril por la noche, en la Catedral de Santa María la Real de Pamplona, con motivo de la celebración de la Vigilia Pascual, en el marco de la cual 34 catecúmenos recibieron los sacramentos de iniciación.


¡Alegraos!, esto les dice Jesús a las mujeres que fueron al sepulcro, y añadió “no está aquí, ha resucitado”, ¡Felices Pascuas!, Jesús está vivo. Lo mismo nos dice esta noche Jesús a nosotros, ¡Alegraos! Hemos comenzado en silencio, con las luces apagadas, y la Resurrección de Jesús nos ha traído la vida, la luz, y hemos cantado el Pregón Pascual rompiendo el silencio.

Esta noche hemos visto y leído que Dios no abandona a su pueblo. Desde la creación del mundo, del hombre y la mujer, que hemos leído en el Génesis, al relato del mar Rojo, que así nos lo ha dicho la lectura del Éxodo, donde Israel experimenta la liberación, el paso de la esclavitud a la libertad, de la muerte a la vida. Este paso, este “éxodo”, en el que Dios está cerca del pueblo, es lo que celebramos esta noche..

El evangelio que hemos escuchado nos relata cómo las mujeres van al sepulcro al amanecer. Van con miedo, con tristeza, con el corazón roto. Pero allí reciben el anuncio que cambia la historia: “No está aquí, ha resucitado” (Mateo 28,6). Este anuncio no es solo una noticia, es un envío y una misión: “Id aprisa a decir a sus discípulos…” (Mateo 28,7). La Resurrección nos convierte en testigos. Cristo que irrumpe en nuestras noches, en nuestros miedos, en nuestras vacilaciones, nos empuja a transmitir la Buena Noticia, ¡ha resucitado!

Las mujeres del Evangelio, las grandes protagonistas de la Resurrección, pasaron del miedo a la alegría, a la misión. Ese es también nuestro camino. No podemos quedarnos en el sepulcro, mirando al pasado. Cristo nos precede, nos espera en Galilea, es decir, en la vida cotidiana, en lo sencillo. ¿Por qué Galilea? ¿Por qué no Jerusalén, donde ha tenido lugar la pasión y la resurrección? Galilea es el lugar de los comienzos. Es donde Jesús llamó a los discípulos, donde compartió la vida con ellos, donde anunciaba el Reino. Galilea representa la vida cotidiana, lo sencillo. Es el lugar donde todo empezó.

El Papa Benedicto XVI explicaba que Galilea es “el lugar de la vida diaria donde el Señor nos precede”. Es decir, el Resucitado no se encuentra solo en lo extraordinario, sino en lo cotidiano. Esto es muy importante para nosotros. A veces pensamos que para encontrar a Dios necesitamos situaciones especiales, momentos extraordinarios. Pero la Pascua nos dice lo contrario: Cristo nos espera en nuestra “Galilea”, en nuestra vida concreta. Nuestra Galilea es nuestra familia, nuestro trabajo, nuestras relaciones, nuestras alegrías y nuestras dificultades. Galilea es la segunda oportunidad, es el volver a empezar. En un mundo de caídas, de errores, la Resurrección nos abre a la vida, a una nueva oportunidad, a volver a comenzar. Los discípulos habían abandonado a Jesús, habían fallado, por eso ir a Galilea implica salir de uno mismo, es volverlo a intentar y confiar en Dios nuevamente. Galilea es la esperanza de los caídos, de los pobres, porque allí tienen una nueva oportunidad.

Esta noche es especial, 37 catecúmenos resucitan a la Iglesia. Van a recibir esta noche los sacramentos de la iniciación cristina: bautismo, comunión y confirmación. Para ellos comienza una nueva vida, van a abrazar nuestra fe, la fe en Jesucristo que esta noche ha resucitado. Algo que he escuchado de ellos y me han comentado catequistas y personas que les están acompañando, es que su vida personal también está cambiando. La fe, abrazar a Jesucristo, no deja indiferente a nadie. Cambia mi mirada de fe y la mirada de la vida misma.

Queridos catecúmenos, hoy vuestros nombres van a ser inscritos en el libro de la vida, en el libro de la fe, en el libro de la Iglesia. Esta es vuestra Pascua, es vuestra liberación. Habéis recorrido un camino de preparación, de búsqueda, de escucha de la Palabra. Habéis experimentado la acción de Dios en vuestra vida. Y hoy dais un paso decisivo. Os veo felices, contentos, ¿sabéis una cosa?, es para estar felices, os lleváis lo mejor que os puede ofrecer este mundo, la fe en el que nunca falla, la fe en Jesucristo. Y, sobre todo, con vosotros en la Iglesia suena una música nueva. Estáis diciendo que nuestro mensaje es Buena Noticia, que algo nuevo está surgiendo.

Os recuerdo lo que dijo el Papa San Juan Pablo II: “No tengáis miedo de abrir vuestro corazón a Cristo”. Cristo no quita nada; lo da todo. Vuestra vida va a gozar de plenitud, de dar sentido a situaciones que antes no sabíais explicar. El paso del Mar Rojo que hemos escuchado es también vuestro paso. Cada día estamos llamados a salir de nuestras esclavitudes y dificultades.

Queridos catecúmenos: la Iglesia se alegra profundamente con vosotros. Pero también os recuerda que hoy es solo el comienzo. La vida cristiana es un camino, a veces exigente, pero siempre lleno de gracia y felicidad. No camináis solos: la comunidad, la Iglesia os acompaña, os sostiene, y reza por vosotros. No tengáis miedo de las dificultades. Como decía el Papa Benedicto XVI: “Quien cree, nunca está solo”. Os animo a que os planteéis el futuro, imagino que ya lo habéis hecho. Habéis llegado hasta aquí, hoy vais a recibir los tres sacramentos de iniciación cristiana, pero ¿ya os habéis planteado dónde vais a vivir vuestra fe? ¿dónde vais a crecer en la Iglesia? ¿dónde vais a caminar?

Queridos hermanos que acompañáis a estos catecúmenos, vosotros, en nombre de la diócesis, de la Iglesia, sois los que acogéis a estos nuevos cristianos. Hagamos que se sientan en casa, acogidos y queridos. Felices por haber encontrado el camino de plenitud y felicidad. Pero también sois un espejo para nuestra reflexión que nos lleva a preguntarnos cómo vivimos estos sacramentos que vais a recibir vosotros. Vuestro compromiso nos lleva a renovar nuestro compromiso, hoy sois nuestra conciencia

 

Las mujeres del Evangelio no se quedan en el sepulcro. Son enviadas: “Id y decid…” (Mateo 28,7). También nosotros somos enviados. Nuestra fe no puede quedarse dentro de las paredes de esta catedral. Seamos testigos de la Resurrección de Jesús en nuestros ambientes cotidianos. Contemos lo que esta noche hemos vivido, que 37 nuevos catecúmenos han abrazado la fe. Sí, algo espiritual se está moviendo, Dios sigue siendo Buena Noticia. No tengamos miedo en anunciarlo y proclamarlo en nuestros ambientes.

 

+ Florencio Roselló Avellanas O de M

Arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela

 

 

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