Voto de las Cinco Llagas

Homilía pronunciada por el Arzobispo don Florencio Roselló, el pasado 2 de abril, en la parroquia de San Agustín de Pamplona, con motivo de la celebración de la función de las Cinco Llagas.


Querida Corporación municipal, queridos hermanos/as. Hemos acudido a esta parroquia de San Agustín, no para cumplir con la historia, sino para agradecer la intervención de Dios en un momento duro y complicado, cuando en 1599 una ola de peste asolaba y atacaba nuestra ciudad de Pamplona. Y digo agradecer a Dios su intervención porque de no haberlo hecho, es posible que nuestra historia no se hubiese desarrollado como lo ha hecho. Mucha más gente hubiese muerto, y posiblemente ascendientes nuestros, que se salvaron, han propiciado que muchos estemos aquí. Es pues momento de dar gracias a Dios por acompañar a Pamplona en estos momentos difíciles.

Nuestro voto cumple 425 años de su celebración. Este acto institucional fue instaurado por el Regimiento por acuerdo municipal el 30 de mayo del año 1601 en agradecimiento a que la epidemia de peste que amenazaba a la ciudad quedara fuera de sus puertas.  No se trata únicamente de una tradición heredada, ni de un gesto que repetimos por costumbre. Es un acto de memoria viva, de fe compartida y de identidad común.

Aquel voto nació en un tiempo de prueba. La epidemia golpeaba con dureza a la ciudad, sembrando miedo, sufrimiento e incertidumbre. No distinguía entre ricos y pobres, entre poderosos y humildes, entre quienes habitaban grandes casas y quienes vivían en la sencillez. Morían de una clase social y de la contraria. La enfermedad igualaba a todos en la fragilidad, recordándonos que, por encima de cualquier diferencia, todos somos profundamente vulnerables.

Y en medio de aquella realidad tan dura, nuestros antepasados hicieron algo extraordinario: se unieron. Se reconocieron como un solo pueblo, necesitado de ayuda, necesitado de esperanza, y el ayuntamiento de aquella época invocó la ayuda de Dios. No hubo divisiones, no hubo privilegios, no hubo exclusiones. Hubo un clamor común que se elevó hacia el cielo. Ese es el corazón del Voto de las Cinco Llagas: la unidad, la comunión

Unidad en el sufrimiento, sí, pero también unidad en la esperanza. Porque, así como la epidemia no distinguía clases, tampoco lo hizo la intervención divina. La gracia de Dios no se reservó para unos pocos. El bien que se imploraba era para todos, y para todos llegó. La misericordia de Cristo, manifestada en sus Santas Llagas, abrazó a toda la ciudad de Pamplona sin excepción.

En cambio hoy, vivimos en una sociedad donde parece que las diferencias se acentúan. Que ser diferente y distinto parece que me hace más fuerte, aunque en el fondo me debilita. Nos preocupamos en acentuar las diferencias sociales, culturales, políticas y hasta religiosas, y sin embargo el Voto de las Cinco Llagas nos recuerda que las diferencias las creamos los humanos, y las distancias las establecemos nosotros, pero también hay algo más profundo que todo esto: nuestra condición de iguales, de hermanos, aunque no nos guste.

El voto de las Cinco Llagas de Cristo no separa, une. En ellas no hay distinción ni privilegio. No hay ricos ni pobres. Son un signo de amor universal, sin límites. Un amor está dirigido a todos: al que cree y al que duda, al fuerte y al débil. Renovar este voto es apostar por la unión, por la comunión, por la cercanía y el diálogo entre todos los actores de nuestra ciudad: sociales, políticos, culturales, religiosos. Es una llamada a crear puentes, romper muros, espacios de diálogo y cauces de paz.

El Voto de las Cinco Llagas hace un llamamiento, al ayuntamiento, a las instituciones públicas, a gobernar para todos, independientemente del signo y color político. Si en el año 1599 salimos juntos de la peste, en el año 2026 estamos llamados también a superar juntos las llagas que asolan la ciudad de Pamplona: llagas de pobreza, llagas de problemas de vivienda, llagas de soledad, de suicidios, llagas del futuro de inmigrantes, llagas del derecho a la vida. De la misma manera que quiero una Iglesia abierta a todos, con mano y diálogo tendido a todas las instituciones para mejorar la vida de todos.

Hoy, ante este Ayuntamiento que representa a todos los ciudadanos, y ante este pueblo reunido en la fe en esta parroquia de San Agustín, queremos reafirmar que nuestra historia nos llama a ser una ciudad unida. Una ciudad que, incluso en la diversidad, que en ocasiones es riqueza, sabe reconocerse como una sola familia. Que todos nos sintamos herederos de este voto, corresponsables de crear unión y comunión en nuestra ciudad de Pamplona. El voto de las Cinco llagas nos anima a superar entre todos, las llagas que castigan a  nuestra ciudad.

 

+ Florencio Roselló Avellanas O de M

Arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela

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