Tras un año marcado por la vivencia intensa de la fe y el peregrinaje espiritual, la Diócesis de Pamplona y Tudela ha clausurado este domingo, 28 de diciembre, el Jubileo de la Esperanza, celebrado bajo el lema “Peregrinos de la Esperanza”. El acto de clausura ha tenido lugar en dos celebraciones solemnes: por la mañana, a las 11:00 horas, en la Catedral de Tudela, y por la tarde, a las 17:00 horas, en la Catedral de Santa María la Real de Pamplona.
Ambas celebraciones han estado presididas por el arzobispo de Pamplona y Tudela, don Florencio Roselló, y han congregado a numerosos fieles, que han llenado las dos catedrales para dar gracias por el camino recorrido durante este Año Jubilar.
El Jubileo fue inaugurado por el papa Francisco el 24 de diciembre de 2024, con la apertura de la Puerta Santa en la basílica de San Pedro, y comenzó en la Diócesis el 29 de diciembre, con celebraciones en las catedrales de Tudela y Pamplona. Desde entonces, ha sido un tiempo de gracia, encuentro y renovación espiritual para miles de personas en Navarra.
A lo largo de este año, se han celebrado 53 actos jubilares, casi uno por semana, en los que han participado numerosos grupos, movimientos y colectivos de la Iglesia diocesana. Además de las dos catedrales, otros espacios significativos se han convertido en lugares jubilares, como la Casa Misericordia, el Hospital Reina Sofía de Tudela, la Cárcel de Pamplona y la Residencia Padre Menni de Elizondo, poniendo de relieve la dimensión social y misericordiosa del Jubileo.
Catequistas, jóvenes, familias, vida consagrada, sacerdotes, seminaristas, enfermos y también colectivos del ámbito profesional y social han participado en este Jubileo, que ha querido ser una experiencia abierta y acogedora, sin exclusiones, en sintonía con el deseo del papa Francisco de que “en la Iglesia caben todos”.
En su homilía, el arzobispo expresó su agradecimiento al Señor por todo lo vivido y realizó un balance “muy positivo” del Año Jubilar, subrayando que la esperanza cristiana no es ausencia de problemas, sino fortaleza para afrontarlos en un mundo marcado por la guerra, la polarización y la desesperanza.
Don Florencio destacó especialmente los momentos jubilares celebrados junto a los más vulnerables —personas privadas de libertad, ancianos, enfermos y personas con enfermedad mental—, que definió como “momentos de evangelio puro”. Asimismo, recordó el compromiso social asumido por la Diócesis con la apertura de una casa de acogida para mujeres víctimas de trata, proyecto que comenzará a hacerse realidad en el próximo mes de enero gracias a la colaboración de toda la comunidad diocesana.
El arzobispo insistió en que la clausura del Jubileo no supone un final, sino un nuevo impulso para seguir siendo testigos de esperanza en la sociedad navarra. En este contexto, presentó el Plan Pastoral Diocesano, fruto del camino recorrido durante este tiempo jubilar, que invita a toda la Diócesis a caminar con espíritu sinodal, misionero y comprometido con los más pobres.
La celebración en Pamplona contó con la participación de cerca de 100 sacerdotes, diáconos y seminaristas, la presencia del obispo emérito del Vicariato Apostólico de Aguarico, Mons. Jesús Sádaba, y el acompañamiento musical de la Capilla de Música de la Catedral, dirigida por Ricardo Zoco, con el organista Julián Ayesa y un cuarteto de metal. Al final de la celebración se interpretaron el Jubilate Deo y el himno pontificio.
El Jubileo de la Esperanza concluye hoy en la Diócesis de Pamplona y Tudela, aunque continuará en la Iglesia universal hasta el 6 de enero de 2026. Como recordó el arzobispo en sus palabras finales, la esperanza vivida durante este año está llamada a seguir dando fruto en la vida cotidiana de las comunidades, las familias y la sociedad

