Declarar la guerra al hambre: la apuesta de Manos Unidas por la paz y el desarrollo

El pasado 5 de febrero, en un encuentro informativo celebrado en Navarra, Mayte Fortún, delegada de Manos Unidas en la Comunidad Foral; Juan Zabala Osés, vicario episcopal de Pastoral Social y Promoción Humana de la Diócesis; y María Dolores Martínez de la Ballina, misionera en Mozambique desde hace 18 años, han ofrecido un recorrido por la realidad actual del hambre en el mundo, la labor que desarrolla Manos Unidas y el impacto concreto que tiene la solidaridad de tantas personas también en los lugares más golpeados por la violencia y la pobreza.

«Por desgracia, vivimos en un mundo en conflicto», ha subrayado Mayte Fortún durante su intervención. Una afirmación respaldada por cifras que interpelan la conciencia: 78 países están actualmente inmersos en guerras y más de 700 millones de personas pasan hambre. Un dato que revela una realidad a menudo olvidada o invisibilizada. «El hambre es una forma de violencia que no hace ruido, no ocupa portadas, pero mata a personas y arrasa el futuro de los más desfavorecidos», ha denunciado.

La delegada de Manos Unidas en Navarra ha puesto el foco en una paradoja especialmente dolorosa: mientras el gasto militar mundial alcanzó los 2,7 billones de dólares, la inversión destinada a construir y mantener la paz apenas supuso el 0,5% de esa cantidad. Una desproporción que evidencia cuáles son las prioridades del sistema global y que refuerza el mensaje central de la campaña: no habrá paz sin justicia, ni desarrollo sin dignidad.

Frente a esta realidad, Manos Unidas reafirma su compromiso histórico. «Llevamos 67 años luchando contra el hambre, la pobreza y la desigualdad», ha recordado Fortún, insistiendo en que la paz no se construye únicamente con la ausencia de guerra, sino con educación para la convivencia, instituciones democráticas estables y justicia social y económica. Una visión profundamente evangélica que sitúa a la persona en el centro y defiende el derecho de todos a una vida digna.

Uno de los pilares que sostiene la labor de Manos Unidas es la generosidad de las personas que hacen posible la puesta en marcha de proyectos de desarrollo en los países más empobrecidos. Mayte Fortún ha agradecido expresamente este compromiso solidario, recordando que en 2024, Manos Unidas recaudó en España 51,1 millones de euros.

De esta cantidad, 48 millones de euros se destinaron directamente a financiar proyectos de desarrollo, mientras que el resto se empleó en labores de sensibilización y educación para el desarrollo, una tarea imprescindible para generar una ciudadanía comprometida y consciente de las causas estructurales del hambre.

En Navarra, la respuesta solidaria fue especialmente significativa. La recaudación alcanzó los 2.520.557 euros. Gracias a estos fondos, fue posible poner en marcha 17 proyectos en países de África, América y Asia, concretamente en Ghana, Tanzania, Honduras, India (dos proyectos), Angola, Etiopía, Malawi, Mozambique, Colombia, República Democrática del Congo, Senegal, Togo (dos) y Bolivia (tres). Proyectos que han facilitado el acceso a alimentación, agua potable, atención sanitaria y educación, y han promovido también el cuidado del medio ambiente, los derechos de la mujer, la equidad y la defensa de los derechos humanos, abordando el desarrollo desde una perspectiva integral.

El compromiso de Manos Unidas Navarra no se detiene. En 2025, un ejercicio aún pendiente de auditoría, se han llevado a cabo 15 proyectos, y en este año 2026 se iniciarán cuatro nuevos proyectos en Haití, Paraguay, India y Etiopía, financiados gracias a las aportaciones de socios y colectas parroquiales. El importe total destinado a estas nuevas iniciativas asciende a 258.383 euros.

Detrás de estas cifras hay historias concretas, comunidades que recuperan la esperanza y personas que ven transformadas sus condiciones de vida. Una realidad que conecta directamente con la misión evangelizadora y social de la Iglesia, como ha destacado el vicario episcopal de Pastoral Social y Promoción Humana.

Juan Zabala ha recordado que, en una sociedad como la nuestra, marcada por la abundancia y el bienestar, Manos Unidas actúa como una llamada constante a la conciencia. «No podemos olvidarnos de otras personas cuya realidad socioeconómica es mucho más vulnerable que la nuestra», ha afirmado.

Uno de los momentos más conmovedores del encuentro ha sido el testimonio de María Dolores Martínez de la Ballina, misionera en la provincia de Nampula, en Mozambique, donde reside desde hace 18 años. Perteneciente a la asociación Misioneros Seglares Vicencianos, casada y madre de tres hijos, su vida es reflejo de una vocación misionera vivida en familia y en medio de una realidad compleja, marcada por la pobreza y la violencia.

Desde 2023, y con el apoyo de Manos Unidas, María Dolores impulsa el proyecto Centros Karibu, destinados a la integración de niños y niñas desplazados a causa de la guerra. «En estos centros comparten un espacio seguro, reciben apoyo escolar, participan en actividades lúdicas y deportivas, reciben apoyo psicológico y seguimiento de salud y alimentación», ha explicado.

Los Centros Karibu son mucho más que un lugar físico: son un refugio de esperanza para menores que han visto truncada su infancia por el conflicto armado. Allí encuentran protección, acompañamiento y la posibilidad de reconstruir su futuro en un entorno de cuidado y afecto.

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