El pasado 7 de febrero, la Catedral de Santa María la Real de Pamplona fue el escenario de la Misa de acción de gracias por la Vida Consagrada, una celebración que se enmarca en la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, celebrada cada año el 2 de febrero, fiesta de la Presentación del Señor.
La celebración estuvo presidida por el Vicario General, Miguel Larrambebere, quien estuvo acompañado por el Vicario Episcopal para la Vida Consagrada, Jesús Galdeano; el Abad del Monasterio de San Salvador de Leyre, Juan Manuel Apesteguía, y varios sacerdotes pertenecientes a distintas órdenes y congregaciones religiosas presentes en la Diócesis. La diversidad de carismas y comunidades reflejó la riqueza y vitalidad de la vida consagrada en la Iglesia local.
Al inicio de la Eucaristía, el Vicario General transmitió unas palabras del Arzobispo de Pamplona y Tudela, monseñor Florencio Roselló, quien no pudo asistir por motivos de agenda. En su mensaje, el Arzobispo expresó su cercanía y gratitud a todas las personas consagradas por su servicio generoso y constante, subrayando la importancia de su presencia en la vida diocesana y recordando con afecto: “Como pastor, cuento con vosotros”.
Durante la homilía, Miguel Larrambebere invitó a los consagrados a profundizar en el sentido de su vocación, recordando las palabras de Jesús: “Vosotros sois la luz del mundo”. En este contexto, los animó a responder con fidelidad y esperanza a la llamada de ser luz en medio de las realidades del mundo actual, marcado en ocasiones por la incertidumbre y la oscuridad. “Que sepamos agradecer y responder a esta llamada del Señor de hacer presente su luz en medio de las tinieblas y de no dejarnos robar la esperanza”, señaló.
Tras la homilía tuvo lugar uno de los momentos más significativos de la celebración, la renovación de las promesas y votos de consagración. Religiosos y religiosas renovaron públicamente su compromiso de entrega total a Dios, reafirmando los votos de pobreza, obediencia y castidad, signo de una vida ofrecida al servicio del Evangelio y de los demás.
Esta jornada quiso ser, ante todo, una acción de gracias por la vida religiosa, un reconocimiento a su labor silenciosa y fecunda en parroquias, colegios, hospitales y comunidades, y una invitación a seguir reflexionando sobre su misión evangelizadora en el mundo de hoy. ❏

