Multitudinario traslado del Cristo Alzado

El pasado 18 de febrero, coincidiendo con el Miércoles de Ceniza, la Hermandad de la Pasión del Señor de Pamplona llevó a cabo el traslado del Cristo Alzado, desde los locales de la Hermandad en la calle Dormitalería, hasta la Catedral de Santa María la Real de Pamplona. Antiguamente, como explica la Hermandad en su página web, esta procesión se denominaba “Del Silencio” y se realizaba la semana anterior al traslado de la Dolorosa. Ahora, coincidiendo con el inicio de la Cuaresma, esta procesión se ha convertido en una de las más madrugadoras que se llevan a cabo en España.
La procesión, que todos los años sale, llueva o nieve, partió a las siete y media de la tarde desde los remodelados locales de la Hermandad, recorriendo las calles Dormitalería, Bajada de Javier, Compañía y Curia, hasta llegar a la Catedral, donde fue recibido por el Arzobispo don Florencio y el Cabildo Catedralicio, con el Deán, Carlos Ayerra, a la cabeza.
El cortejo procesional salió encabezado por la banda de tambores, el Hermano Guión, seguido de un grupo de romanos y mozorritos. Tras ellos, el Paso del Cristo Alzado, portado a hombros por 20 portadores, seguido de la bandera de la Hermandad, portado por tres miembros de la Junta de Gobierno, seguido del resto de los miembros de la Junta.
La imagen fue acompañada por numerosos pamploneses a lo largo de todo su recorrido, en un profundo recogimiento, marcado por el estruendo de los tambores.
Tras el recibimiento, en la puerta de la seo, la imagen fue llevada al interior de la Catedral y colocada en un lateral, donde permanecerá hasta el próximo 3 de abril, Viernes Santo, participando en los Vía Crucis que se celebran cada viernes de Cuaresma y en el Vía Crucis de las Hermanas, que tendrá lugar en la mañana de Viernes Santo.
Una vez en el interior del templo, el Arzobispo don Florencio Roselló presidió la Misa, en el marco de la cual se impuso la ceniza a los asistentes.
El Arzobispo recordó que en la Cuaresma para llegar a la conversión del corazón hay que seguir tres caminos: la oración, el ayuno y la limosna. Una oración con la que se cree un espacio de intimidad en el que abramos el corazón al Señor. Un ayuno que nos lleve a un estilo de vida más sobrio y coherente con la palabra de Dios. Y una limosna que sea el compromiso “con el Cristo pobre que se cruza en mi camino y que tiene muchos rostros”.
Y finalizó recordando que la Cuaresma “No es un tiempo triste”, sino un tiempo de regreso. “La Cuaresma es la oportunidad que Dios nos regala para volver a empezar. Para prepararnos para un tiempo nuevo; un tiempo para rezar, ayunar y dar nuestra limosna en favor de los demás”, concluyó.
Una procesión, la del Cristo Alzado, obra del roncalés Fructuoso Orduna, que marcó el inicio de la Cuaresma en Pamplona.

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