“La peste no distinguía entre ricos y pobres, entre poderosos y humildes, nos igualaba y nos recordaba que somos profundamente vulnerables”, ha subrayado
La parroquia de San Agustín ha acogido esta tarde la celebración del Voto de las Cinco Llagas, un acto institucional instaurado por el Regimiento (hoy Ayuntamiento) por acuerdo municipal el 30 de mayo del año 1601 como agradecimiento a que la epidemia de peste bubónica que amenazaba a la ciudad quedara fuera de sus puertas. Un Voto, por tanto, que se viene renovando desde hace 425 años.
La celebración ha estado presidida por el arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela, monseñor Florencio Roselló, que ha estado acompañado del párroco de San Agustín, Peio Orbegozo, en una iglesia que ha completado su aforo. El arzobispo ha recordado a los presentes que por aquel entonces “la epidemia golpeaba con dureza a la ciudad, sembrando miedo, sufrimiento e incertidumbre. No distinguía entre ricos y pobres, entre poderosos y humildes, entre quienes habitaban grandes casas y quienes vivían en la sencillez. Morían de una clase social y de la contraria. La enfermedad igualaba a todos en la fragilidad, recordándonos que, por encima de cualquier diferencia, somos profundamente vulnerables”.
Una sociedad dividida
“Y en medio de aquella realidad tan dura -ha subrayado- nuestros antepasados hicieron algo extraordinario: se unieron. Se reconocieron como un solo pueblo, necesitado de ayuda, necesitado de esperanza, y el ayuntamiento invocó la ayuda de Dios. No hubo divisiones, no hubo privilegios, no hubo exclusiones. Hubo un clamor común que se elevó hacia el cielo. Ese es el corazón del Voto de las Cinco Llagas: la unidad”. Una unidad que ha llamado a recuperar “en una sociedad donde parece que las diferencias se acentúan. Que ser diferente y distinto parece que me hace más fuerte, aunque en el fondo me debilita. Nos preocupamos en acentuar las diferencias sociales, culturales, políticas y hasta religiosas. Y, sin embargo, el Voto de las Cinco Llagas nos recuerda que las diferencias las creamos los humanos y las distancias las establecemos nosotros, pero también hay algo más profundo que todo esto: es nuestra condición de iguales, nuestro ser de hermanos, aunque no nos guste”.
Por ello, el arzobispo ha destacado que “el Voto de las Cinco Llagas hace al llamamiento al Ayuntamiento, a las instituciones públicas, a gobernar para todos, independientemente del signo y color político. Si en el año 1599 salimos juntos de la peste, en el 2026 estamos llamados a superar juntos las llagas que asolan la ciudad de Pamplona: llagas de pobreza, llagas de problemas de vivienda, llagas de soledad, de suicidios, llagas del futuro de los inmigrantes, llagas del derecho a la vida”. Y ha finalizado subrayando que “de la misma manera que quiero una Iglesia abierta a todos, con mano tendida y diálogo en las instituciones para mejorar la vida de todos”.

