Fiesta de Pentecostés

Homilía pronunciada por el Arzobispo don Florencio, el pasado 24 de mayo, en la catedral de Santa María la Real de Pamplona, con motivo de la fiesta de Pentecostés, en elq ue se celebró el día del Apostolado Seglar.


Queridos sacerdotes, hermanos de los grupos de alabanza, hermanas y hermanos todos.

Ver esta catedral llena de los diferentes grupos de alabanza o de la renovación carismática que hay en nuestra diócesis me hace feliz. Vivimos esta comunión en la Vigilia de Pentecostés para hacer realidad la fuerza del Espíritu de este día, la comunión diocesana.

Quiero dar gracias a Dios porque por primera vez se reúnen todos los grupos de la Renovación Carismática de nuestra diócesis de Pamplona y Tudela. Durante años habéis caminado reuniéndoos cada grupo en una parroquia, en un día concreto, pero por separado. Algunos os conocíais un poco, otros de oídas, tal vez algunos ni siquiera os habíais visto nunca. Hoy el Espíritu Santo nos convoca como una sola familia. Esto es Pentecostés, una festividad que nos recuerda que, siendo diferentes, tenemos algo en común: Cristo, que nos regala su Espíritu y nos empuja a caminar anunciando el mismo evangelio, al mismo Cristo, al mismo Resucitado.

Pentecostés es precisamente ver cómo hombres y mujeres diferentes, con historias distintas, sensibilidades distintas, edades distintas, están reunidos en un mismo amor y en una misma fe. Y eso tiene hoy un significado muy profundo para nosotros. Algunos, con los que me he encontrado estos días, me habéis dado las gracias. Percibo un hambre de comunión, un deseo de familia, un anhelo de que el Espíritu Santo nos una.

Vivimos tiempos en los que fácilmente aparecen divisiones entre generaciones, diferentes sensibilidades eclesiales, entre movimientos, en las comunidades cristianas. El mundo nos acostumbra a clasificarnos continuamente: jóvenes contra mayores, tradicionales contra modernos. Pero el Espíritu Santo rompe barreras, acerca distancias y aclara confusiones. El Espíritu es ese puente que une, del que tanto habló el papa Francisco. El papa León XIV visita España con el lema “Alzad la mirada”, eso es lo que quiere ser Pentecostés: que alcemos la mirada y veamos comunión y fraternidad.

San Pablo lo dice con claridad: “Hay diversidad de carismas, pero un mismo Espíritu” (1 Co 12,4). Qué hermoso es descubrir que el otro no es una amenaza, sino un regalo. Descubrir que todos tenemos un sitio en la Iglesia, que nadie es más que nadie y que ninguno sobra. Y eso nos lo da Pentecostés. El Espíritu Santo nos habla de pluralidad, de diversidad, que se convierte en riqueza. El problema es cuando no admitimos esa diversidad de carismas, es entonces cuando llega el conflicto, el enfrentamiento. Hoy es un momento grande para nuestra diócesis, porque nos ayuda a levantar la mirada y ver más allá de nuestros criterios y poder reunirnos todos en una sola celebración.

La primera lectura ayuda a entender mi deseo como obispo en esta Vigilia: “Derramaré mi espíritu sobre toda carne; vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán, vuestros ancianos soñarán sueños y vuestros jóvenes verán visiones” (Jl 3,1). El Espíritu se derrama sobre todos: niños, jóvenes y mayores, sacerdotes y laicos, familias y consagrados. Sobre unos grupos de alabanza y sobre otros. El profeta no enfrenta a generaciones, las une. Los ancianos soñarán, los jóvenes verán visiones.

El evangelio nos comunica algo importante: “De sus entrañas manarán torrentes de agua viva” (Jn 7,38). El cristiano no está llamado únicamente a recibir, está llamado también a convertirse en fuente. Una Iglesia llena del Espíritu no se encierra en sí misma. Evangeliza. Sale al encuentro. Lleva esperanza. Transmite alegría. Esta alegría no se puede quedar aquí dentro. Pentecostés nos habla de salida, de compromiso, de no tener miedo. Esta vigilia debe reforzar a todos los grupos a salir a la calle y anunciar que Cristo vive, y que nosotros, con su Espíritu, vamos a continuar su obra.

En esta noche que hablamos de comunión, de Iglesia diocesana, quiero invitaros a prepararnos para la visita del papa León XIV a España, que tendrá lugar de los días 6 al 12 de junio. Aunque todo ha sido muy rápido, unos 400 jóvenes de Navarra participarán con la Deleju (Delegación de Juventud) en Madrid, además de otros grupos con sus parroquias y movimientos o colegios de congregaciones religiosas. Yo mismo participaré en los actos de Madrid y Barcelona. Navarra va a estar, como siempre, muy presente y cerca del papa. Os recuerdo que en febrero estuve con el papa León XIV, en audiencia privada, y León XIV me reconoció que conoce bien Navarra, ha estado dos veces, y tiene cierta “querencia” a nuestra tierra. Por eso, esta noche es la oportunidad para rezar por los frutos de su visita entre nosotros. Viene para confirmarnos en la fe y a invitarnos a la comunión y fraternidad entre nosotros. El papa viene siempre como signo de unidad.

Este fin de semana de Pentecostés también nuestra diócesis presenta su Plan Pastoral Diocesano que nos habla de comunión, de fraternidad y de Iglesia en salida. En todas las parroquias y grupos se va a hablar de nuestro Plan para los próximos tres años. Un Plan Pastoral Diocesano que lleva por lema “¡Ponte en camino!”. Es una invitación a caminar, salir en misión, a anunciar el evangelio fuera, en el mundo. A ser misioneros, hoy aquí y ahora en nuestra querida Navarra. Cuento contigo, con cada cristiano de Navarra, con cada joven, con cada mayor, con cada miembro de los grupos de alabanza. Y quiero que llegue a todos, también a los no creyentes. La Iglesia debe ser respuesta a todos aquellos que dudan o no profesan nuestra fe. Porque nuestro Plan también tiene una palabra de humanidad, de solidaridad, de cercanía para todos.

 

+ Florencio Roselló Avellanas O de M

Arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela

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