Homilía en la Asociación de Amigos del Camino de Santiago

Fiesta Santiago. Estella, a 25 de julio de 2026

Hch 4, 33; 5, 12. 27 -33; 12, 2  //  Sal 66, 2-3. 5. 7-8  //  2 Cor 4, 7- 15  //  Mt 20, 20-28


Queridos sacerdotes concelebrantes, Asociación Amigos Camino Santiago, hermanos y hermanas.

No hay mejor día para celebrar esta eucaristía que en la fiesta del apóstol Santiago y no hay mejor lugar que en esta ciudad de Estella, lugar privilegiado del Camino de Santiago. Y lo hacemos dando gracias a Dios por todos los voluntarios de la Asociación de Amigos del Camino de Santiago, especialmente por quienes, con tanta generosidad y fidelidad, abren cada día las iglesias para acoger a los peregrinos.

Como arzobispo de Navarra casi puedo decir que me siento en deuda con vuestra asociación. Desde hace muchos años, de manera silenciosa, generosa y constante, hacéis posible que las iglesias del Camino de Santiago permanezcan abiertas para quienes pasan por ellas. Hoy queremos reconocer el compromiso y la entrega de los voluntarios de la Asociación de Amigos del Camino de Santiago, especialmente de quienes dedican parte de su tiempo a acoger a los peregrinos y custodiar este inmenso patrimonio de fe.

Recientemente me he reunido con los párrocos por donde pasa el Camino de Santiago en Navarra para ver la forma de ofrecer un mayor y mejor servicio de nuestras Iglesias. Una iglesia abierta no es simplemente un edificio con la puerta sin cerrar. Una iglesia abierta es un signo. Es una invitación. Es una puerta que dice al peregrino: «Aquí puedes entrar. Aquí eres bienvenido. Aquí puedes descansar. Aquí puedes guardar silencio. Aquí puedes encontrarte con Dios». Cada Iglesia es una catequesis abierta al peregrino, una caricia de Dios al peregrino que, cansado del Camino, encuentra un espacio donde Dios le habla, le llama, le abraza y le muestra su vida.

Una Iglesia abierta es una oportunidad de volver a Dios. Es una ocasión para volver a la fe; para volver, nunca mejor dicho, a la casa del Padre. ¡Cuántas personas cruzan el umbral de una iglesia del Camino sin haber entrado en un templo desde hace muchos años! ¡Cuántos vuelven a rezar después de mucho tiempo! ¡Cuántos encienden una vela por un ser querido! ¡Cuántos descubren la belleza del arte cristiano e intuyen algo de la belleza de Dios!

Quiero dirigirme a vuestra asociación, a los muchos voluntarios que colaboráis en esta bonita tarea de acercar nuestras Iglesia a los peregrinos. Sois mucho más importantes de lo que pensáis. Vosotros sois, muy a menudo, el primer rostro de la Iglesia que encuentran. A veces el único rostro de Iglesia que van a ver y con el que van a hablar. Y eso es una enorme responsabilidad, pero también una preciosa misión. No sois simplemente quienes abren una puerta física. Abrís también una puerta espiritual. Sois la puerta de la amabilidad, la puerta de la fraternidad, la puerta de la acogida, la puerta del camino a Dios. No sois únicamente guardianes de un patrimonio artístico. Sois custodios de un patrimonio mucho más valioso: la fe de un pueblo que se ha ido transmitiendo de generación en generación.

Las lecturas que hemos escuchado nos presentan el camino que todo creyente debe de recorrer: el camino del servicio, del testimonio y la entrega. La primera lectura nos habla de cómo los apóstoles “daban testimonio de Jesús con mucho valor” y eso los lleva a los tribunales. Les prohíben anunciar el nombre de Jesús, los amenazan, los persiguen…, pero ellos responden con una frase que atraviesa toda la historia de la Iglesia: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres». Esta frase es dura, exigente y nos pone a prueba. El mundo nos ofrece un mensaje fácil, cómodo, de prestigio, éxito y poder; en cambio Jesús nos ofrece un futuro de exigencia, renuncia y sacrificio, pero un camino que nos lleva a la felicidad. El apóstol Santiago prefirió este camino, aunque el final de su vida sea duro, como así nos lo relata el final de la primera lectura diciendo: “El rey Herodes hizo pasar a cuchillo a Santiago, hermano de Juan”.  Este relato es consecuencia del evangelio que hemos escuchado, donde Santiago, que buscaba los primeros puestos, que quería sentarse a la derecha o a la izquierda de Jesús, descubrió que el verdadero camino es el del servicio y la entrega. De querer sentarse al lado de Jesús pasó a entregar su vida por dar testimonio de Jesús.

Esta es la actitud de todo voluntario de Amigos del Camino de Santiago: servir, acompañar, acoger y dar testimonio. En la primera lectura nos han dicho que los apóstoles daban testimonio de Jesús con gran valor. Abrir una Iglesia o dar una explicación es una manera de dar testimonio, de ser testigos de la resurrección.

Estamos celebrando esta eucaristía con un reto importante por delante: el año 2027 es año santo, año Jacobeo. Supone una exigencia para todos, especialmente para la Iglesia de Navarra y para la Asociación Amigos del Camino de Santiago. Esta celebración nos convoca a renovar nuestro compromiso y nuestro voluntariado para ser una Iglesia abierta, una Comunidad Foral acogedora. Nos lleva a revisar nuestra forma de acoger, nuestra forma de implicarnos y, como nos ha dicho el evangelio, a revisar nuestra forma de servir mejor.

 

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