Homilía en la Festividad de Santa Ana

Catedral de Tudela, 26 de julio de 2026

Eclo 44, 1.10-15  //  Sal 131, 11. 13-14. 17-18  //  Gál 4, 4-7  //   Mt 13, 16-17


Queridos sacerdotes, alcalde, corporación municipal, autoridades civiles y militares, hermanos y hermanas todas.

Una anciana, una mujer mayor, ha llenado nuestra catedral, ha paralizado nuestra ciudad de Tudela y la ha convertido en fiesta. ¿Tanta fuerza tiene santa Ana? Y eso que el papa León XIV, en su visita a España, recogió unas palabras del papa Francisco al decirnos: “No normalicemos la soledad de los ancianos”. Santa Ana, junto con san Joaquín, encabezan esa resistencia ante la tentación de la sociedad de convertirlos en soledad.

Para mí, que me quedé casi de niño sin abuelos, siempre los he visto como la gran riqueza familiar. Y me gustó cuando el otro día me dijo un sacerdote de esta diócesis: “Qué suerte tiene, con su edad, que tenga todavía una abuela como santa Ana”. Y tiene razón: Tudela me brinda que cada año pueda celebrar la fiesta de una abuela especial, que pueda pensar en los mayores y en lo mucho que representa nuestra patrona para nuestra ciudad de Tudela. Me ayuda a pensar en mis abuelos, conocí solo dos y ya fallecieron hace muchos años. Pero los que conocí me dejaron huella.

Si santa Ana es la madre de María, también es la abuela de Jesús. Y hoy así lo recordamos. ¡Qué hermoso resulta pensar que Dios quiso tener una abuela! No es un detalle sin importancia. Es una forma de decirnos que ninguna generación sobra en el plan de Dios. Los abuelos ocupan un lugar insustituible en nuestras familias y también en nuestra Iglesia. Son memoria viva. Son paciencia. Son experiencia. Son serenidad. Con frecuencia son quienes sostienen la unidad familiar cuando aparecen las dificultades. En una sociedad como la nuestra, azotada por la crisis económica, la crisis de la vivienda, los abuelos han sido el pilar de los hijos. ¡Cuántas veces han cuidado de los nietos para que los padres pudieran trabajar! ¡Cuántas veces han compartido su pensión con hijos o nietos en momentos de dificultad económica! ¡Cuántas veces han sido el primer catequista, enseñando una oración sencilla, haciendo la señal de la cruz o llevando al nieto a la catequesis y a la iglesia! La misma Iglesia debe agradecer a los abuelos, a las personas mayores que sostienen las parroquias, especialmente en los pueblos y zonas rurales: unas abren la Iglesia, otras limpian, otras leen. Nuestra diócesis debe mucho también a nuestros mayores.

Pero quizás el mayor regalo de santa Ana es haber preparado a María para ser madre de Dios. Santa Ana también entregó su hija a Dios. Una entrega que como buena madre le provocaría dolor, pena e incertidumbre, pues todo en torno al nacimiento de Jesús era misterioso. Santa Ana aquí se muestra generosa entregando a su hija María, siendo muy joven todavía, a los planes de Dios, que no siempre fueron claros. Toda la vida de santa Ana está orientada hacia María. Y toda la vida de María está orientada hacia Cristo. Este es el camino: santa Ana no nos retiene en ella, no quiere que nos quedemos contemplándola, sino que miremos más allá, a María. Y la Virgen siempre nos lleva a Jesús.

La figura de santa Ana es un misterio. Desde el silencio construye un gran proyecto. No se le conoce ninguna palabra, ninguna frase, ni de duda ni de gozo, ni de pena ni de alegría. No conocemos ninguna palabra suya. No conocemos ningún milagro realizado por ella. No sabemos prácticamente nada de su vida. Y, sin embargo, la Iglesia la venera desde hace siglos porque comprendió que hay existencias cuya fecundidad solo puede medirse desde Dios. Hay personas que sostienen el mundo desde el silencio. Una actitud que contrasta con la mentalidad de hoy en día, donde quien no chilla no existe, quien no alza la voz no cuenta. Y santa Ana, desde el silencio generoso, entrega a su hija María a Dios para construir la obra de amor más generosa, para ser madre de Dios, por amor.

En Tudela santa Ana obra un gran milagro: unir a toda una ciudad en torno a su figura. Ha logrado paralizar la ciudad para vestirse de fiesta y dejar de lado las diferencias. Posiblemente santa Ana es el nexo de logra unir toda una ciudad por encima de diferencias políticas, de sexo, inclusive de creencias; sí, digo bien, de creencias. Santa Ana logra unir e invitar a salir a ver a su patrona a toda una ciudad. A continuación de esta misa, contemplarán la procesión personas que creen, que no creen, pero que ante santa Ana no presentan dudas: es su patrona, su motivo de fiesta y lo que les acerca a muchos paisanos nuestros. Santa Ana paraliza la ciudad para hacernos a todos más hermanos.

La primera lectura nos regala una frase que nos compromete e interpela: “Sus descendientes han sido fieles a la alianza” (Eclo. 44, 13). Nos viene a decir que nosotros somos fieles a nuestros mayores, que les imitamos, que son nuestros modelos, que su vida ha calado en nuestra vida. ¿Es así?, ¿realmente somos fieles a nuestros mayores, a nuestros abuelos?, ¿les imitamos?, ¿su vida ha dejado huella en nuestra vida? Santa Ana es modelo para todos los tudelanos; nuestros abuelos, ¿son modelo de vida para nosotros? Este es el mejor homenaje que podemos hacerles: imitar su vida, recordar sus palabras, imitar su comportamiento.

Al concluir esta eucaristía, quisiera invitaros a hacer una oración muy sencilla. Cuando paséis delante de la imagen de santa Ana miradla despacio. Pensad en vuestra madre. Pensad en vuestra abuela. Dad gracias por quienes os enseñaron a amar. Por quienes os enseñaron a rezar. Por quienes os sostuvieron cuando más lo necesitabais.

Scroll al inicio
Navarra
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.