Fiesta de Santa Clara

Homilía pronunciada por el Arzobispo don Florencio Roselló, el pasado 11 de agosto, fiesta de Santa Clara, en el Monasterio de Santa Clara de Olite, con motivo de la Profesión Solemen de dos religiosas: las hermanas Rosa María y Micaela.


Queridos hermanos sacerdotes, comunidad de monjas clarisas, hermanas Rosa María y Micaela que emitís hoy vuestra profesión solemne, hermanas y hermanos todos.

Celebramos la fiesta de Santa Clara, que hoy se ve enriquecida con la profesión solemne de dos hermanas, Rosa María y Micaela. No hay mejor día, mejor escenario, para poner la vida de estas dos jóvenes bajo la mirada de nuestra madre santa Clara. Ante Dios nos dicen: “Quiero ser tuya para siempre”.

Hoy, toda la comunidad mira de manera especial a nuestra madre Clara como modelo y referencia. Celebrar a vuestra madre fundadora es una oportunidad para renovar vuestra vocación y vuestra consagración religiosa. Al mirar a santa Clara le pedimos que renueve vuestra vocación, que os conceda permanecer unidas a la vid, sí, pero no como quien se aferra por miedo, sino como quien se deja abrazar por el amor más grande. Que os ayude a guardar la Palabra, como María, como ella misma, y a ser testigos de la luz del evangelio desde el silencio fecundo del claustro.

La vocación de las clarisas hoy es ser memoria viva de Dios. Vuestra clausura no es una huida del mundo, sino una manera particular de abrazarlo, una forma de dar testimonio de Jesús pobre y humilde. Santa Clara llamó a Cristo «espejo» de su vida. También vosotras estáis llamadas a miraros continuamente en ese espejo. Estáis llamadas a testimoniarlo, primero entre vosotras, en la propia comunidad, pero también ante la gente que se acerque a vuestro monasterio, de Olite y de fuera, entre las personas que os piden consejo y oración. Hoy es un día especial para hacerse preguntas: ¿se parece nuestra vida cada día un poco más a la de Jesús? ¿Se reconoce en nuestra fraternidad su manera de amar, de perdonar, de servir y de confiar en el Padre? En nuestra vida y oración, ¿se visualiza que nuestro centro es Jesús? ¿Renunciamos a las riquezas del mundo por el tesoro del evangelio?

Queridas hermanas Rosa María y Micaela, hoy hacéis vuestra profesión solemne en la familia de santa Clara. Es un sí para toda la vida. También yo hice a muchos años mi profesión solemne en la Merced. Es una llamada que cautivó mi corazón y que hoy ha cautivado el vuestro. No es una llamada al éxito, al poder, a la riqueza. Es una respuesta al encuentro personal con el Señor, en el desierto, solas, vosotras y Él, tal y como hemos escuchado en la primera lectura de Oseas: “La llevaré al desierto y le hablaré al corazón”. Y después pronuncia una palabra decisiva: “Te desposaré conmigo para siempre”. Antes de que vosotras lo eligierais, Él os había elegido. Antes de que vosotras comenzarais a buscarlo, Él ya había salido a vuestro encuentro.

Queridas Rosa María y Micaela, la vocación es una historia de amor. Dios llama. Dios habla al corazón y espera una respuesta libre. La profesión solemne no es simplemente asumir un compromiso extraordinariamente exigente, es responder a un amor recibido. Vosotras no decís hoy solamente: “Voy a vivir de esta manera”. Decís algo mucho más profundo: “He descubierto que Cristo merece toda mi vida y quiero entregársela para siempre”.

Vuestra profesión solemne nos dice que queréis consagraros para siempre, para toda la vida. Esta decisión choca con el ambiente actual. A la gente le cuesta comprometerse y más para toda la vida. Ponemos plazos, condiciones, vuestro sí en la profesión solemne llama la atención a personas ajenas a la vida religiosa. Pero el evangelio nos anuncia que existe un amor que no es provisional. Dios ama para siempre. Y precisamente porque Dios ama para siempre es posible responderle también para siempre. Hoy la Iglesia contempla con admiración vuestro gesto. Porque vuestro “para siempre” recuerda a todos que la fidelidad es posible. Recuerda que no todo en la vida tiene que estar sometido al cálculo, a la comodidad o a la conveniencia. Hay una entrega que nace del amor y que encuentra su alegría precisamente en darse por entero.

La clave de vuestra profesión solemne está en el “permaneced en mí” que nos ha dicho Jesús en el evangelio. Esta es la palabra que habréis de recordar muchas veces a lo largo de vuestra vida, porque la fidelidad no consiste en vivir permanentemente la emoción del día de la profesión. La emoción pasará. La celebración terminará. Las flores se marchitarán. Las fotografías quedarán como recuerdo. Pero quedará lo esencial: Cristo y vuestro sí a Cristo.

Vuestra permanencia en el Señor, vuestra profesión solemne la emitís para vivirla en comunidad. Aunque vuestra respuesta ha sido individual, hay una comunidad que os ha acompañado, discernido, acogido. La comunidad ha sido parte de vuestro camino. Si vuestra experiencia en esta comunidad no hubiese sido positiva, no darías este paso. Por eso vuestro sí a Dios es también un sí a vuestra comunidad de Clarisas de Olite.

Que vuestra consagración diga a las jóvenes que merece la pena entregar la vida por un amor grande. Que la comunidad de Santa Clara de Olite sea siempre un lugar donde Dios pueda seguir llamando y donde otras jóvenes puedan descubrir, mirando vuestro testimonio, que también ellas pueden decir un día: “Señor, aquí estoy. Toda mi vida es para Ti”.

 

+ Florencio Roselló Avellanas O de M

Arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela

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