Homilía pronunciada por el Arzobispo don Florencio Roselló, el pasado 8 de agosto, en la Catedral de Santa María la Real de Pamplona, con motivo de la clausura del Campamento Internacional de la Orden de Malta.
Prelado de la Orden de Malta, deán de la Catedral de Pamplona, capellanes, voluntarios, amigos enfermos, jóvenes venidos de tantos países, miembros de la Orden de Malta, hermanos y hermanas.
Con gozo y alegría os acojo en esta Santa Iglesia Catedral de Pamplona, centro de la fe de nuestra iglesia diocesana, pero también lugar donde a lo largo de la historia convergían las grandes celebraciones religiosas del reino. Sus caballeros acudían a las ceremonias solemnes, participaban en las principales festividades litúrgicas y encontraban en el obispo de Pamplona un referente espiritual para su misión. De manera especial, la Orden Hospitalaria de San Juan compartía con la iglesia de Pamplona una misma sensibilidad hacia la acogida del peregrino y el cuidado de los enfermos. Navarra era una tierra profundamente marcada por el Camino de Santiago y la hospitalidad cristiana formaba parte de su identidad. En este contexto, en nuestra Catedral de Pamplona la espiritualidad hospitalaria de los caballeros sanjuanistas encontraba una expresión privilegiada.
Muchos siglos después, la soberana Orden de Malta os acercáis hoy a esta Catedral de Pamplona con los mismos sentimientos de vuestros inicios: anunciar el evangelio, celebrar los sacramentos y servir a Cristo en los más necesitados a través de actividades de carácter espiritual y asistencial. Vuestro lema Tuitio fidei et obsequium pauperum —la defensa de la fe y el servicio a los pobres— enlaza perfectamente con la tradición que durante siglos ha representado esta catedral: una fe que se convierte en caridad y una caridad que nace de la fe. Por eso me atrevo a deciros que hoy estáis en vuestra casa.
Esta defensa de la fe y el cuidado de los enfermos lo representa vuestro Malta Camp Spain 2026, donde habéis vivido un cuidado y una entrega generosa en favor de los enfermos. Como el padre del evangelio, apurado y desesperado, también hemos acudido a este campamento para que el Señor actúe en medio de nosotros. Venimos a que nos aumente la fe. Nuestras posibilidades son limitadas, pobres y caducas. Solo nuestra confianza en Jesús podrá mover montañas y transformar personas. Esta catedral, que ha sido testigo a través de los siglos de cómo nobles y villanos, ricos y pobres, han abrazado la fe, hoy os recibe y os dice a cada uno: “Levantaos y alzad la mirada”.
Pero Jesús nos pide una actitud dinámica, activa, no solo receptora. Por eso, nos dice: “Levántate y anda”, que es el lema que nos acompaña estos días. Es poner también de nuestra parte. Es superar las dificultades, los problemas, las contrariedades de la vida, que a veces nos paralizan. Dios nos podrá ayudar, pero solo si ponemos de nuestra parte. Por eso nos pide que nos levantemos, que no nos hundamos, que andemos. Aquí Jesús nos está proponiendo el lema de la visita de León XIV a España: “Alzad la mirada”. Supone salir de nosotros mismos, dejar a un lado nuestros intereses, dificultades y preferencias y dar cabida a las necesidades de los hermanos que me necesitan, los enfermos, a los que la Orden de Malta cuida con especial cariño. Jesús nos empuja a levantarnos y alzar la mirada para mirar el futuro con esperanza. Como os dijo también el papa León a la Orden de Malta en los días previos a este campamento: “Os animo a vivir estos días con renovada esperanza y ardor apostólico, recordando que la fidelidad a la antigua y siempre nueva sabiduría del evangelio es el mejor camino para quienes, guiados por el Espíritu Santo, desean amar a Dios y al prójimo, sirviendo especialmente a los que más sufren” (León XIV). Vuestro campamento estos días es la viva imagen de la Iglesia convertida en hospital de campaña que el papa Francisco repetía con frecuencia, un lugar donde nadie sobra y donde todos son acogidos.
El lema de vuestro campamento nos invita al camino, “Levántate y anda”. La fe es algo dinámico, en movimiento; la fe nos lleva al compromiso, no podemos quedarnos parados. Y en este camino no podemos olvidar el lugar donde hemos pasado estos días: el castillo de Javier. San Francisco Javier escuchó también una invitación de Cristo. Él también tuvo que levantarse. Se puso en movimiento. Tuvo que dejar seguridades, proyectos personales, comodidades y prestigio. Y comenzó un camino que lo llevó hasta los confines del mundo. También para evangelizar y ayudar a los pobres, como vosotros. Su vida nos recuerda que el cristiano siempre está llamado a salir de sí mismo. Quizá el Señor no nos pida cruzar océanos, pero sí nos pide cruzar la distancia que a veces existe entre nuestro corazón y el del hermano. Nos pide levantar la mirada, alzar la vista, para ver al hermano que me necesita.
Pidamos a la Virgen Santa María la Real, patrona de esta Catedral, que hoy nos acoge bajo su manto, que nos acompañe siempre. Que san Francisco Javier, que nos ha acompañado en este Malta Camp Spain 2026, siga despertando en nosotros el entusiasmo misionero para levantarnos y andar. Y que San Juan Bautista, el beato Gerardo, fundador de la Orden de Malta, nos enseñe a permanecer fieles al carisma que desde hace casi un milenio identifica a nuestra institución: defender la fe y servir a los pobres y a los enfermos con un amor humilde, concreto y alegre.
+ Florencio Roselló Avellanas O de M
Arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela

