El próximo domingo, 18 de enero, la Iglesia celebra la Jornada de la Infancia Misionera, este año con el lema “Tu vida, una misión”. Un día muy importante, en el que los niños están invitados a ayudar a los demás niños, especialmente a los que no tienen lo necesario para vivir o no conocen a Dios, porque todos somos misioneros, y podemos ayudarles con nuestra oración y nuestro dinero.
La Iglesia de Santa María de Valtierra acogerá este domingo a las doce del mediodía la eucaristía de la Jornada de la Infancia Misionera, una celebración dirigida principalmente a los niños, pero en la que se hace también un llamamiento a los adultos para que apoyen el trabajo de los misioneros con su oración y sus donativos. Previamente, a las once de la mañana, se celebrará un acto de animación misionera.
La eucaristía será presidida por el arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela, monseñor Florencio Roselló Avellanas, que estará acompañado por el delegado de misiones de la Archidiócesis de Pamplona y Tudela, Óscar Azcona Muneta, y por el párroco de la Iglesia de Santa María de Valtierra, José Miguel Arellano Macua.
Con esta Obra Pontificia, el Santo Padre implica a los niños del mundo para ayudar a otros pequeños como ellos en las misiones. Y cuenta también con adultos comprometidos, para que los misioneros sigan proporcionando educación, salud y formación cristiana a más de 4 millones de niños en 120 países.
Infancia Misionera es una escuela de formación en la fe y en la misión para los niños de todo el mundo. Y es que los niños son los grandes aliados de los misioneros y con sus oraciones y su ayuda económica hacen posible la puesta en marcha de numerosos proyectos en los países más desfavorecidos, como la acogida, alimentación, atención sanitaria y educativa de más de 1.600 niños dalits, la casta más baja y marginada de la India, o la asistencia médica, la alimentación, educación y catequesis para niños con discapacidades y refugiados de la diócesis de Solwezi, en Zambia.
Decir “Tu vida, una misión” es consecuencia necesaria de esta convicción: la vida de cada uno de los bautizados no es simplemente que tenga una misión, sino que, como el papa Francisco recordó…, ¡es una misión! Qué bueno es que, desde que empezamos a conocer a Jesucristo, le descubramos como aquel amigo al que queremos que todos conozcan también, que todos sigan, que todos quieran… Los niños, con su sencillez y con su normalidad, pueden y deben dar muestras de lo que su corazón vive y ama, y por ello ¡son una misión!

