Más de 500 personas participaron en la apertura del Año Pastoral de la diócesis de Pamplona y Tudela, marcada por la presentación del Plan Pastoral 2026-29, ¡Ponte en camino!, y por la invitación del cardenal José Cobo a vivir la sinodalidad como una dimensión esencial de la Iglesia y no como una simple metodología pastoral.
La diócesis de Pamplona y Tudela ha comenzado el nuevo curso pastoral con una palabra que es, al mismo tiempo, una invitación y un desafío: caminar. «Ponerse en camino cuando no tenemos todo el mapa». Así definió el cardenal y arzobispo de Madrid, don José Cobo, uno de los rasgos fundamentales del momento que atraviesa la Iglesia y, de manera particular, el proceso que ahora inicia la Iglesia navarra con su Plan Pastoral Diocesano 2026-29, titulado significativamente ¡Ponte en camino!
Más de 400 personas llenaron el salón de actos del Seminario Diocesano el sábado 26 de septiembre para participar en la jornada de apertura del Año Pastoral 2026-27. El encuentro, presidido por el arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela, monseñor Florencio Roselló, tuvo como momento central la intervención de Mons. Cobo, invitado a compartir su reflexión sobre «Iglesia en Navarra: un corazón, un sueño y una misión». La jornada incluyó también una mesa redonda sobre la realidad diocesana, música, un diálogo con el cardenal y una comida de fraternidad.
Desde el comienzo de su intervención, Mons. Cobo quiso situar el nuevo Plan Pastoral en el contexto de un tiempo marcado por la incertidumbre. «No tenemos una cartografía clara a la que referirnos para no perdernos», afirmó. Y añadió: «No tenemos todo el mapa, sino que lo vamos haciendo. Sabemos el horizonte, pero tenemos que ir haciendo ese camino poco a poco».
Para Mons. Cobo, precisamente por eso la decisión de una diócesis de ponerse en camino adquiere un significado especial. «Cuando una diócesis, una comunidad toma conciencia de lo importante que es ponerse en camino y de las claves para ese ponerse en camino, es un don para toda la Iglesia», aseguró, antes de felicitar expresamente a la Iglesia navarra por el paso dado.
Una Iglesia que no sólo repite lo que ya hizo
Mons. Cobo recurrió a dos imágenes para explicar cómo afrontar este momento. La primera fue la de Jonás. Dios pide al profeta que vaya a Nínive, pero Jonás «sabe cuál es la llamada», mientras que «no controla el camino». No sabe cómo hacerlo y, ante la dificultad, huye.
Sin embargo, señaló Mons. Cobo, «el plan de Dios no es darle una cartografía, sino continuamente ponerlo en camino». Una imagen que, a su juicio, ayuda a comprender la situación actual de la Iglesia: «También nosotros hemos percibido que los escenarios han cambiado. Ha cambiado la sociedad, las formas de pertenencia, han cambiado las relaciones, las culturas, la transmisión de la fe e incluso las expectativas que la gente tiene respecto a la Iglesia».
Ante estos cambios, existe el riesgo de limitarse a reproducir respuestas conocidas. «Muchas veces nuestra respuesta pastoral es hacer lo que hemos hecho. Y ni siquiera pensar a dónde vamos, sino volver. Volver a repetirlo», advirtió.
Por eso, la experiencia de Jonás contiene una llamada a la confianza: «No podemos refugiarnos en lo que ya hemos hecho, ni esforzarnos por repetir cosas, sino quizá fiarnos de que Dios tiene un plan más amplio que el nuestro». Un plan que puede ser «más grande que a lo mejor todavía no tenemos la confianza de que se va a ejecutar».
La segunda imagen fue la de los músicos del Titanic. Mons. Cobo recordó a aquellos violinistas que continuaron tocando mientras el barco se hundía. «Tocan cuando el barco está en fiesta, pero también cuando el barco se está hundiendo. Y lo que hacen es tocar. Y tocar bien». Pero había algo que podía faltar: «A lo mejor no estaban interpretando suficientemente lo que pasaba alrededor». Mientras ellos continuaban con su tarea, «había gente que necesitaba barcas, había gente que necesitaba ayudas, había gente que necesitaba otras cosas». La parábola apunta directamente a la necesidad de que la acción pastoral sepa leer la realidad. No se trata únicamente de hacer bien aquello que siempre se ha hecho, sino de preguntarse qué está ocurriendo alrededor y qué está pidiendo el momento presente.
La sinodalidad no es una moda
Ese planteamiento llevó al núcleo de su intervención: la sinodalidad. El arzobispo de Madrid fue tajante al explicar que el nuevo camino pastoral de Navarra no debe entenderse como la aplicación de una técnica organizativa: «No estamos, por lo tanto, ante una técnica organizativa que se incorpora a otras muchas técnicas u otros muchos métodos de los que ahora tenemos». «Estamos, y es la expresión de vuestro plan pastoral, ante una forma de expresar la identidad profunda de lo que somos y de lo que es la Iglesia».
La idea se convirtió en una de las frases centrales de la jornada: «La sinodalidad no es una novedad que alguien se haya inventado y haya introducido ahora en la Iglesia como una moda más». Al contrario, «pertenece al ADN de la Iglesia y pertenece desde Pentecostés».
Mons. Cobo invitó así a mirar la sinodalidad no como algo extraño que llega desde fuera, sino como una recuperación de la propia tradición cristiana. «Cuando hablamos de sinodalidad estamos volviendo a casa, recuperando dimensiones de nuestra propia identidad que en diferentes momentos históricos quizás habíamos puesto en segundo plano».
El cardenal llevó también su reflexión a los primeros pasos de la Iglesia. En los Hechos de los Apóstoles, recordó, «cuando hay un problema, no decide uno: se reúne la Iglesia». Y evocó una expresión particularmente significativa: «Hemos decidido el Espíritu Santo y nosotros».
Para Mons. Cobo, esa fórmula expresa bien la dinámica del discernimiento eclesial: «El Espíritu Santo delante. Y nosotros». Una manera de entender la Iglesia que encuentra continuidad en figuras como san Cipriano, san Agustín o san Benito. De san Cipriano recordó que no quería «hacer nada importante sin el consejo de los presbíteros y el consentimiento del pueblo». De san Agustín, una expresión que resume una determinada comprensión del ministerio: «Para vosotros soy obispo; con vosotros soy cristiano». Y de san Benito, la invitación a consultar a la comunidad en los asuntos importantes porque «muchas veces —dice— Dios revela a la comunidad, incluso revela al más joven, lo que es mejor».
La cuestión fundamental, en consecuencia, no consiste en colocar la etiqueta de «sinodal» a un plan pastoral. La verdadera pregunta es otra: «¿Qué cambia en nuestra manera de vivir, de organizarnos, de tomar decisiones?». Y, sobre todo, «¿qué cambia cuando asumimos y acogemos que somos un pueblo llamado a caminar juntos?».
Una Iglesia que camina desde el bautismo
Las palabras de Mons. Cobo conectaron con el planteamiento del Plan Pastoral Diocesano navarro, que busca profundizar en la participación de sacerdotes, laicos y consagrados y avanzar hacia una Iglesia «más abierta, sinodal y participativa». En este sentido, el cardenal subrayó que la sinodalidad afecta a la propia comprensión de la Iglesia. «No se trata» simplemente de decidir juntos determinadas cuestiones, sino de asumir que todos forman parte de un mismo pueblo.
El documento sobre la jornada recoge una de sus afirmaciones más gráficas: «La Iglesia no se comprende desde arriba, sino desde la base común del bautismo hacia el servicio». Antes que obispo, sacerdote, religioso o laico «está el bautismo, que es lo que Dios ha hecho en todos nosotros». De ahí su imagen de una «pirámide invertida», en la que «arriba estamos todos los bautizados y a partir de ahí cada uno tiene su responsabilidad». No significa que todas las responsabilidades sean iguales, sino que «cada uno tiene su responsabilidad» y estas son diferentes.
En esa misma lógica, Cobo destacó dos prioridades concretas: los jóvenes y los pobres. Reclamó «dar mayor participación a los jóvenes» y «construir equipos que puedan afrontar las nuevas realidades a las que nos enfrentamos». Y lanzó una afirmación especialmente significativa sobre la relación de la Iglesia con las personas pobres: «No basta una Iglesia para los pobres, hay que caminar con ellos».
Un camino que continúa el Concilio
El arzobispo de Madrid situó este proceso en una perspectiva eclesial más amplia. A su juicio, la Iglesia está viviendo «un momento precioso» porque está extrayendo nuevas consecuencias del Concilio Vaticano II. «No estamos inventando otra Iglesia», señaló. Lo que sucede es que «en cada momento y en cada lugar, se están extrayendo todavía, como de un buen pozo, consecuencias para nuestro tiempo».
En esa perspectiva, el Plan Pastoral navarro puede ser entendido como una manera concreta de llevar a la práctica esa renovación. «Ese plan pastoral, esa experiencia que estáis haciendo, es una forma de extraer todavía esas consecuencias y esa eclesiología, esa forma de entender la Iglesia que nos regaló el Concilio». La invitación, por tanto, no consiste en tener todas las respuestas antes de comenzar. Precisamente lo contrario: comenzar el camino confiando en que el discernimiento compartido permitirá descubrir los pasos siguientes. La diócesis de Pamplona y Tudela ha elegido para los próximos tres años un lema sencillo y dinámico: ¡Ponte en camino!. Monseñor Florencio Roselló lo definió como «mi sueño» y destacó los tres ejes que atraviesan el Plan Pastoral: comunión, participación y misión.
Al inicio de la jornada, además, Menchu Larrayoz leyó un mensaje enviado por el cardenal secretario de Estado del Vaticano, Pietro Parolin, en nombre del papa León XIV. El Pontífice animaba a la diócesis a «ponerse en camino, dispuestos a peregrinar juntos con fe y esperanza, arraigados en el amor de Cristo que une y renueva, dóciles al Espíritu Santo y valientes en dar testimonio del Evangelio».
Una ventana abierta a la diócesis
La jornada quiso poner también rostro concreto a ese «caminar juntos». Tras la intervención del cardenal Cobo tuvo lugar la mesa redonda «Ventana abierta de nuestra diócesis», un espacio pensado para mostrar, desde experiencias muy diferentes, algunos de los caminos que ya se están recorriendo en la Iglesia de Navarra. La mesa reunió a cinco personas vinculadas a ámbitos diversos de la vida diocesana, social y misionera.
El primero en tomar la palabra fue Pablo Sánchez Bergasa, ingeniero pamplonés, fundador y director de Medicina Abierta al Mundo, la ONG desde la que lidera el desarrollo de IncuNest, una incubadora neonatal de bajo coste destinada a hospitales situados en zonas con pocos recursos o en contextos de especial vulnerabilidad. Desde 2017, Sánchez Bergasa trabaja en el diseño, fabricación, envío y seguimiento de estas incubadoras, que ya han llegado a 37 países y han contribuido a salvar la vida de miles de bebés prematuros. Su labor recibió el Premio Princesa de Girona 2025, reconocimiento que sitúa su experiencia como un ejemplo de compromiso social y de servicio a quienes viven situaciones de especial vulnerabilidad.
Junto a él participó María José Hurtado, profesora e integrante del equipo diocesano de Catequesis. Su presencia permitió incorporar a la mesa la perspectiva de la transmisión de la fe y del acompañamiento educativo, una dimensión especialmente relevante.
La familia estuvo representada por Javier Lucia, delegado de Familia de la Archidiócesis de Pamplona y Tudela. Su participación permitió acercar a la jornada una de las realidades fundamentales de la vida cotidiana y pastoral de la diócesis: el acompañamiento de las familias y su papel en la transmisión de la fe y en la construcción de comunidades cristianas capaces de afrontar las transformaciones sociales actuales.
Desde el ámbito rural y comunitario llegó el testimonio de María Ángeles Domeño, integrante del grupo «Enviados», del valle de Salazar. El grupo fue distinguido con el I Premio Comprometidos 2026, un reconocimiento que recibió en la Catedral de Pamplona el domingo 24 de mayo, día de Pentecostés. Su presencia permitió mostrar otra de las dimensiones de ese «caminar juntos» que propone el Plan Pastoral: comunidades concretas, arraigadas en sus territorios.
Completó la mesa Katya Palafox, doctora universitaria y delegada de Trata de la Archidiócesis de Pamplona y Tudela. Su testimonio acercó a la jornada una realidad de especial dureza y vulnerabilidad, recordando que la misión de la Iglesia también pasa por hacerse presente allí donde la dignidad de las personas está más amenazada.
Cinco experiencias diferentes y un mismo escenario: una Iglesia que trata de mirar hacia fuera, reconocer las realidades que tiene delante y descubrir en ellas caminos concretos para la misión. De algún modo, la mesa redonda puso rostro a una de las preguntas planteadas por Cobo durante su intervención: «¿Qué cambia en nuestra manera de vivir, de organizarnos, de discernir, de tomar decisiones?». Y también a su advertencia al hablar de los músicos del Titanic: no basta con «tocar bien»; es necesario interpretar «lo que pasaba alrededor».
La mañana continuó con un espacio musical protagonizado por José Vives Unanua, profesor de música del colegio Teresianas de Pamplona y conocido por sus proyectos pedagógicos musicales y por la composición de villancicos escolares que han alcanzado una notable difusión en redes sociales. Entre sus creaciones están «Skaravinagre», un villancico con ritmo de ska y ambiente sanferminero, y «La cachava de San José».
Después llegó uno de los momentos más participativos de la mañana: el diálogo con el cardenal José Cobo, antes de concluir la jornada con una comida de fraternidad en el propio Seminario Diocesano. Para facilitar la participación de las familias, durante toda la mañana hubo también servicio de guardería.
La jornada de apertura del Año Pastoral 2026-27 se convirtió así en una primera expresión pública del camino que la diócesis quiere recorrer durante los próximos tres años. El Plan Pastoral 2026-29, ¡Ponte en camino!, tiene como ejes la comunión, la participación y la misión, y busca profundizar en la participación de sacerdotes, laicos y consagrados en el caminar de la Iglesia navarra.
Al final queda la imagen con la que Mons. Cobo había comenzado su reflexión: caminar sin disponer de «todo el mapa». No como una carencia que paraliza, sino como una oportunidad para discernir juntos. «Sabemos el horizonte, pero tenemos que ir haciendo ese camino poco a poco», había dicho. Y ese camino, para la diócesis de Pamplona y Tudela, ya ha comenzado. n

