Estoy escribiendo esta carta en medio del viaje del papa León XIV a España. Tengo el gusto y privilegio de estar en la mayoría de los momentos acompañándole. Cada discurso, sermón u homilía, tiene una palabra nueva, un proyecto nuevo, y un futuro esperanzador para nuestra Iglesia de Navarra.
Impactante fue el discurso en el Palacio Real. El papa León XIV animó a la reconciliación como tarea urgente. A toda la clase política española les animó a superar las divisiones y los muros que nos alejan unos de otros. Manifestó que había venido a España para alentar una “reconciliación y cooperación más profunda entre las distintas fuerzas de la nación”. El Papa no propone ignorar las diferencias, sino impedir que se conviertan en muros. En este ambiente tan polarizado, también en nuestra querida Navarra, la Iglesia está llamada a ser signo de unidad, de diálogo y fraternidad.
Un segundo aspecto fue la defensa de la dignidad humana. León XIV vinculó repetidamente la paz y la convivencia con el respeto a la dignidad de toda persona. Esta preocupación quedó confirmada pocas horas después cuando decidió visitar un centro de Cáritas “CEDIA 24 horas”, dedicado a la atención de inmigrantes y personas sin hogar. Su primer gesto pastoral en España fue acercarse a los más vulnerables.
Distintos medios de comunicación reflejaron que el Papa convocó a más de 500.000 jóvenes a la Vigilia juvenil del sábado 6 de junio en la plaza de Lima de Madrid. Una Vigilia que nos dejó varios mensajes, no para los oídos sino para la vida. El primer mensaje que dirigió a los jóvenes fue, buscar la verdad en un mundo de apariencias. Sin citar la encíclica Magnífica humanitas”, que ha publicado recientemente, advirtió a los jóvenes que muchas de las cosas que circulan en las redes sociales pueden engañar y confundir, y les recordó que Dios es la verdad. Frente a la cultura de la apariencia, de la imagen, el Papa animó a desarrollar un espíritu crítico y una conciencia capaz de discernir.
Una segunda reflexión que nos regaló el papa León XIV es una llamada a una fe coherente y testimonial. Insistió en que la fe se transmite principalmente mediante el testimonio. Habló de una vida coherente con el Evangelio, capaz de mostrar a los demás la belleza de creer. No presentó la evangelización como una estrategia de propaganda religiosa, sino como el fruto natural de una vida transformada por Cristo.
El pasado domingo 7 de junio celebramos la festividad del Corpus Christi. El primer punto de su reflexión fue recordarnos que la Eucaristía se entiende como presencia real que sostiene la esperanza. El primer gran énfasis de León XIV fue recordar que Cristo permanece verdaderamente presente en medio de su pueblo. El Corpus Christi recuerda que Dios no abandona nunca a la humanidad. El Señor continúa caminando con su pueblo y alimentándolo con el Pan de Vida. La Eucaristía es el signo más claro de esa cercanía divina. Esta enseñanza posee una enorme importancia pastoral para Navarra. Muchos creyentes viven hoy la fe en un contexto cultural donde Dios parece haber desaparecido del horizonte público.
Quizás la frase más fuerte pronunciada por el Papa en la homilía fue «Nadie puede arrodillarse ante Dios y despreciar al hermano». León XIV estableció una relación inseparable entre la adoración eucarística y la caridad. La Eucaristía no puede convertirse en una experiencia intimista ni emotivista. Quien recibe a Cristo está llamado a reconocerlo también en los demás, especialmente en los pobres y en quienes sufren.
El Papa nos recordó que la adoración conduce a la misión. La adoración eucarística no puede encerrarse en sí misma. El Señor que se ofrece en el altar es el mismo que espera ser reconocido en los pobres, en los enfermos, en los inmigrantes. La adoración auténtica transforma el corazón y lo hace más sensible y cercano a las necesidades de los demás, Entiendo que las parroquias no deberían limitarse a ser lugares de culto simplemente, sino también espacios de acogida, acompañamiento y solidaridad.
Una reflexión que ha destacado el Santo Padre es destacar una Iglesia que sale en procesión. La celebración del Corpus finalizó con una procesión eucarística por la plaza Cibeles. Fue muy significativa y aprovechó para recordar que, la procesión simboliza una Iglesia que no se encierra en sus templos. Cristo sale a las calles para encontrarse con las personas allí donde viven, trabajan, sufren y esperan. El Evangelio no puede permanecer oculto. La procesión quiso mostrar que Dios quiere vivir cerca de su pueblo y comprometerse con él.
Palabras que nos hablan de transparencia, coherencia, honestidad, testimonio, misión y compromiso.
+ Florencio Roselló Avellanas O de M
Arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela

