“Una persona muy herida no habla del presente y menos aún del futuro; vive mirando hacia atrás.”
El Padre Mateo Bautista García, Religioso Camilo y animador internacional de los grupos Resurrección, está de viaje pastoral para acompañar a los grupos de duelo de más reciente creación en la Península, por este motivo hizo una parada en la Diócesis de Pamplona y Tudela, donde acaban de ponerse en marcha dos grupos, uno en Cintrúenigo y otro en Mutilva.
¿Cómo nació la Pastoral del Duelo?
Comencé un 12 de octubre de 1993, así que el grupo va a celebrar 33 años.
La iniciativa surgió al comprobar cómo acompañábamos a los familiares, por ejemplo en las terapias intensivas, donde atendíamos a niños, jóvenes o adultos, pero cuando la persona moría ahí terminaba nuestra labor. Nos dimos cuenta de que el verdadero sufrimiento apenas comenzaba después.
¿Qué necesidades detectaron en las personas que habían perdido a un ser querido?
Vimos que al principio todo el entorno te apoya, te anima y te visita, pero con el tiempo eso pasa y la herida queda.
Y son heridas que van más allá de las emociones, de la tristeza, del miedo o de la angustia. Hay heridas profundas: no reconocerse herido, no aceptar la realidad de la muerte, no entender el porqué, el cómo ni el para qué. Aparece una crisis de sentido, una crisis de esperanza y también de proyectos.
Una persona muy herida no habla del presente y menos aún del futuro; vive mirando hacia atrás. Eso afecta a la autoestima, a la motivación. Son heridas que no las sana el tiempo. Llevan un proceso y uno solo no puede recorrerlo.
¿Por qué consideró importante crear grupos de acompañamiento?
Porque incluso una persona creyente no está blindada ante estas realidades ni ante estos sufrimientos.
Por eso, en 1993, aunque ya habíamos empezado a hacer algunas cosas años antes, vimos la necesidad de ofrecer un acompañamiento basado en la relación de ayuda, con mucha empatía y con sentido humano y cristiano.
Nosotros seguimos a alguien que no murió viejo, sino joven; no murió enfermo, sino sano; no murió en una cama, sino en una cruz. Y como en la Iglesia somos comunidad, quisimos que el acompañamiento también fuera comunitario, a través de lo que llamamos grupos de mutua ayuda.
¿Cómo funciona actualmente la Pastoral del Duelo?
Tenemos varias modalidades, pero esencialmente son dos son las más significativas.
Por un lado, está el ministerio de escucha y acompañamiento individual, con entrevistas personalizadas. Cuando vemos que la herida es más profunda, proponemos un seguimiento dentro de grupos de mutua ayuda.
Siempre comenzamos con una charla informativa, luego realizamos dos entrevistas personalizadas y, después, la persona puede incorporarse a un proceso de 28 semanas o de 12 semanas, según las circunstancias.
Esta pastoral tiene en cuenta el antes, el durante y el después de la muerte.
¿Quiénes coordinan los grupos de mutua ayuda?
Generalmente los coordinan dos personas, un hombre y una mujer. Pedimos que hayan pasado por la experiencia de una muerte, que hayan realizado su propio trabajo de duelo —cuya misión es sanar la herida— y que hayan compartido tiempo con coordinadores veteranos, además de recibir formación permanente.
Queremos ofrecer recursos para que los dolientes sean protagonistas de su propio proceso de sanación.
¿Qué aspectos trabajan en el acompañamiento del duelo?
Trabajamos desde seis dimensiones básicas.
La primera es la corporeidad, porque este tipo de heridas se somatizan. Nosotros decimos que cuando no se le ponen palabras al sufrimiento, el cuerpo grita.
Después está el mundo emocional, teniendo en cuenta los cuatro sentimientos básicos: alegría, tristeza, miedo y enojo.
También trabajamos el mundo afectivo, porque hay una crisis profunda en el amor, en el amar y sentirse amado.
Otra dimensión es la mental. Muchas veces aparece la depresión, porque el no entendimiento es la puerta de muchos sufrimientos.
También abordamos el tema relacional: la relación con la familia, con el mundo, con los compañeros de trabajo, etc.
Está además la dimensión del valor personal: “yo antes me comía el mundo y ahora el mundo me come a mí”.
Y, finalmente, la dimensión espiritual y religiosa, donde muchas personas llegan heridas e incluso resentidas con Dios.
¿Qué recursos ofrecen a las personas para afrontar el duelo?
Hablamos de tres grandes recursos. Primero, los recursos personales, porque nadie puede hacer este proceso por mí. Es necesario ordenar los temores, abrir el corazón y afrontar el sufrimiento. Después están los recursos comunitarios, porque nadie debería vivir el duelo en soledad. Y finalmente, los recursos de la gracia.
Nuestro deseo es que cada parroquia pueda contar con un grupo de Pastoral del Duelo, al menos con estas dos iniciativas: el ministerio de escucha personalizada y los grupos de mutua ayuda, también en modalidad virtual.
¿Cómo ha sido la acogida de esta iniciativa en Navarra?
La acogida ha sido excelente. Hemos estado con el Arzobispo don Florencio, que nos ha dado todo su apoyo y nos ha animado a seguir adelante.
¿Dónde puede informarse la gente que esté interesada?
Tenemos una página web con mucha información: pastoralduelo.org. También contamos con varias publicaciones. El último libro se titula “Sanar la muerte de un ser querido”. ❏

