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El Papa nos ha dicho (2): Por la dignidad humana

El papa ha terminado su viaje, pero en todos ha quedado la sensación de que ha dejado huella. En esta segunda carta recojo cómo su mensaje es universal, pero, sobre todo, ha hecho una defensa de los derechos humanos en todas sus dimensiones. A nadie ha dejado indiferente.

El primer principio que quiero poner en valor es la defensa de la convivencia social ante la creciente y crispante polarización que vive nuestra sociedad española. Una reflexión que hizo en el Congreso de los Diputados el 8 de junio, donde expresó su preocupación por el clima de crispación y enfrentamiento existente en muchas democracias y en España de manera especial. Señaló que la pluralidad política es legítima y necesaria, pero advirtió que las diferencias políticas no deben desembocar en la descalificación permanente del adversario.

Según sus palabras, discrepar no significa humillar al otro. Invitó a los representantes políticos a practicar una cultura del respeto y del diálogo, basada en la búsqueda del bien común. Presentando como una herramienta fundamental para la convivencia la paz, que respeta a quien piensa diferente, “capaz de sostener la amistad cívica y el respeto mutuo en medio de la discrepancia”. El papa León avisó a los políticos de que necesitamos caminos de diálogo, de paz, de tolerancia, de respeto personal e institucional, cuidando el lenguaje y las relaciones personales.

El segundo principio que León XIV trasladó es la defensa de la vida en todas sus formas. Comienza la reflexión preguntándose ante los congresistas y senadores “si una mayoría puede convertir que lo legal sea verdaderamente humano” y que hay bienes, como la vida “que ninguna mayoría puede vulnerar”. La defensa de la vida humana no es solo un “interés confesional, sino una meta de la civilización”; no es algo solo de la Iglesia sino de toda la humanidad. Y se muestra claro en la defensa de la vida cuando dice que “toda vida humana debe de ser reconocida y custodiada desde su concepción hasta su ocaso natural”, manifestándose en contra del aborto y de la eutanasia. En esta defensa, el papa recordó a los políticos que “la autoridad lleva siempre consigo una responsabilidad” y es que “todo ser humano debe ser reconocido como sujeto de derechos y deberes” y el primer derecho es el “derecho a la vida”.

En la vigilia en Montjuic, el papa León denuncia la violencia contra la mujer, que en bastantes ocasiones desemboca en el feminicidio y se convierte en otra forma de muerte de manera no natural. El papa nos llama a abordarla “sea personalmente, sea como sociedad”, porque son vidas que se van de forma violenta contra la voluntad de la mujer y también en contra de la voluntad de Dios. Y en esta misma vigilia, el papa hace un llamamiento para cuidar la enfermedad mental que en esta oración una persona que la padeció la llamó “enfermedad silenciosa”, que en algunos casos conduce al suicidio, otra vida que su final no es natural. El papa se dirige al sistema sanitario para que “incluya entre sus prioridades este malestar invisible y generalizado, que afecta también a los jóvenes” y que en algunos casos su única salida ha sido el suicidio.

Un tercer principio que ha abordado el papa ha sido el de dos colectivos estigmatizados en nuestra sociedad: los presos y los inmigrantes, a los que ha llevado un mensaje de esperanza, ha reclamado su dignidad humana y ha hecho una llamada a la conciencia de nuestra sociedad. En su visita a la prisión de Brians1, animó a los presos a no mirar al pasado sino a centrarse en el futuro: “Los errores de la vida no determinan la identidad de una persona” y ni mucho menos nos quitan el futuro, sino que ofrecen la posibilidad de cambiar nuestras decisiones. Al final les lanzó un mensaje de futuro: “¡Dios te ama como eres, pero te sueña mejor!”, animándolos a comenzar de nuevo.

El mensaje sobre el drama de las migraciones, en el muelle de Arguineguín, impactó a todos los presentes. En primer lugar, puso en valor la dignidad de los inmigrantes al decir: “La dignidad humana no tiene pasaporte”, y se reafirma cuando reclama que “ninguna persona pierde su valor por ser migrante o refugiada”. Estas afirmaciones ya habían sido precedidas por las que manifestó en el Congreso de los Diputados: “La afirmación de la dignidad humana no puede permanecer abstracta cuando tantas personas se ven obligadas a dejarlo todo”, no buscan el delito, no buscan hacer daño, dejan todo “para buscar paz, seguridad y futuro” nos ha dicho el papa León XIV.

Es una llamada a las conciencias de los ciudadanos cuando el papa denunció que el Mediterráneo y el Atlántico se han convertido en “cementerios sin lápidas”, y esto supone un riesgo y es que la sociedad se acostumbre a ello y se conforme con contar muertos y considerar normales estas tragedias. En el Congreso de los Diputados llamó a las naciones a afrontar este problema de la migración de manera coordinada con otras naciones: “Cuando la respuesta institucional se hace cercana, justa y coordinada, las fronteras dejan de ser lugares de abandono y pueden convertirse en espacios de protección responsable de la dignidad humana”.

Para el papa León XIV la dignidad de la persona es su prioridad evangélica, como nos recordaba en Arguineguín: “Cada vida humana es una bendición de Dios” y nadie puede ser tratado como una mercancía. Nadie puede comprarla, venderla, usarla o descartarla, porque en cada persona “resplandece la imagen y semejanza del Creador”.

 

+ Florencio Roselló Avellanas O de M

Arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela

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