Homilía pronunciada por el Arzobispo don Florencio Roselló, el pasado 1 de mayo, en el Palacio de Congresos y Auditorio de Navarra, Baluarte, con motivo de los 50 años de presencia del Camino Neocatecumenal en Navarra.
Hoy la Iglesia en Navarra se reúne con un corazón profundamente agradecido. Celebramos 50 años de la llegada del Camino Neocatecumenal a esta tierra. Pero que el ambiente no nos confunda, que pecaríamos de orgullo y vanidad, porque lo que celebramos no es una historia humana, sino la fidelidad de Dios que ha cumplido su promesa en medio de su pueblo. Estamos aquí no para celebrar una obra nuestra, sino para proclamar que Dios ha sido grande con nosotros. Ni nuestras caídas ni nuestros abandonos ni nuestras miserias han hecho que Dios se canse de nosotros. Por eso, la palabra que mejor resume este momento es sencilla, pero profunda: GRACIAS, SEÑOR.
Mirando desde fuera vuestra vida, si algo me ha llamado positivamente la atención es que en estos 50 años muchas personas se han acercado a la Iglesia. El Camino les ha cambiado la vida, no solo la vida de fe, sino también la vida personal. Este caminar en comunidad transforma, cambia, renueva. El Camino puede llamarse un hospital de la fe. Personas que antes estaban alejadas, que habían perdido la fe o no la tuvieron nunca, que estaban llenas de heridas por la vida, personas vacías en busca de sentido, se han encontrado con el Señor que ha salido a su encuentro, no porque buscasen esta vida en la Iglesia, muchos de vosotros cuando os habéis acercado al Camino lo habéis hecho con dudas, con escepticismo, con interrogantes, sin saber muy bien a dónde veníais. Ha sido Dios quien ha tomado la iniciativa y hoy estáis aquí con un largo camino de fe.
Vuestro acercamiento ha sido a través de la comunidad, que tantas veces invocáis en el Camino. No ha sido a nivel individual. Dios os ha tocado, os ha llamado, pero en esa respuesta os ha acompañado la comunidad, vuestra familia en la fe. Vuestro acercamiento, vuestro cambio y transformación tiene nombre de comunidad. La comunidad es la que salva. La comunidad nos ha dicho: no estamos solos, que la vida del que llama a nuestra puerta se convierte en nuestra vida, nos afecta a todos.
Porque Dios nunca falla, así nos lo ha relatado la primera lectura. En ella hemos escuchado palabras llenas de fuerza: “La promesa que Dios hizo a nuestros padres nos la ha cumplido a nosotros” (Hch. 13, 32-33). Supone que nuestra vida merece la pena, que a pesar de las caídas, de los fallos, como tuvo el pueblo de Israel en el desierto, Dios sigue a nuestro lado y lo que promete lo cumple. Nos regaló la tierra prometida, nos envío a su Hijo, que se entregó por todos nosotros, y luego resucitó, dando sentido así a nuestra vida. La resurrección es una fuerza que transforma la vida. Esto lo hemos visto en estos 50 años: la conversión de muchas personas, el acercamiento a la Iglesia de otras. Hoy es un día para hacer historia, balance, y ver cómo el Señor ha ido tocando muchas vidas a través del Camino Neocatecumenal, a través de hacerse presente Dios en nuestra historia. Las palabras de la promesa cumplida, que nos habla la primera lectura, no son solo para el pueblo de Israel, Hoy también son para nosotros, porque también nosotros podemos decir que “Dios ha cumplido su promesa en Navarra” y una forma de hacerla visible es el Camino Neocatecumenal. Hace 50 años, cuando empezaba el Camino aquí, nadie imaginaba esta celebración. Por eso no nos cansemos de repetir el salmo 125: “El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres”.
El evangelio que hemos escuchado nos prepara para la sociedad actual. Vivimos momentos complejos, donde es difícil vivir y manifestar nuestra fe. Jesús nos quiere tranquilizar cuando nos dice: “No se turbe vuestro corazón” (Jn. 14, 1a). Vivimos en un tiempo de incertidumbre, de miedo, de crisis de fe. También en la Iglesia hay desafíos, cansancio, incluso desorientación. Pero, a pesar de todo, Jesús nos dice: “No tengáis miedo. Creed en Dios y creed también en mí” (Jn. 14, 1b). Nuestra mayor seguridad es Cristo. Jesús invita a sus discípulos a apoyarse en Dios Padre, a confiar en que Él sigue conduciendo la historia, incluso cuando no se entiende lo que sucede.
Jesús pronuncia estas palabras del evangelio en un momento de crisis: está a punto de ser entregado, los discípulos están confundidos, no entienden lo que está pasando. La vida de muchos de los que estamos esta noche aquí necesita estas palabras: “No tengas miedo”, “no se turbe vuestro corazón”. En este tiempo de Pascua hemos escuchado que Jesús es el pan de vida, es la puerta para entrar, es la luz, es el Buen Pastor, pero hoy da un paso más y en el evangelio hemos escuchado que Jesús se presenta como “el camino, la verdad y la vida”, un camino que pasa por la cruz, una verdad que molesta y que llevó a la muerte a Jesús, y una vida que está amenazada por las guerras y por leyes que amenazan el principio y fin de la vida de mucha gente. Y en medio de este ambiente estamos llamados a ser sus testigos, a dar razón de nuestra esperanza, en un ambiente difícil para vivir la fe.
Como obispo quiero aprovechar para dar gracias a Dios por la presencia del Camino en Navarra. A la persona de D. Miguel Flamarique, que tanto le debe el Camino. A la vez os animo a ser presencia en celebraciones y actividades de nuestra Iglesia diocesana. Todos juntos y unidos somos el rostro que peregrina en Pamplona y Tudela. También agradezco vuestra ayuda a nuestra Iglesia, desde la oración a múltiples colaboraciones que se os han pedido, algunas conocidas, otras anónimas. Cuento con vosotros a nivel diocesano. Quiero dar gracias también por los presbíteros que acompañáis a las comunidades. Muchos de vosotros habéis nacido en las propias comunidades. Sois fruto de esta historia de gracia. Vuestra vida es un signo de que Cristo sigue llamando y sigue actuando en su Iglesia. Gracias al seminario Redemptoris Mater por la bendición de las vocaciones, muchas de ellas trabajando y evangelizando en nuestra diócesis. Sois testigos de una espiritualidad que anuncia.
Que esta celebración de los 50 años no sea un recrearse en lo conseguido, con el riesgo de que el orgullo y la vanidad mate nuestra historia, sino una renovación de la evangelización, de una misión que continua. Renovación del anuncio de un Evangelio que sigue vivo y a nosotros se nos ha llamado a ser sus testigos, como nos ha dicho san Pablo en la primera lectura.
+ Florencio Roselló Avellanas O de M
Arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela

