250 aniversario del retablo de la Virgen del Camino

Homilía pronunciada por el Arzobispo don Florencio Roselló, el pasado 25 de agosto, en la parroquia de San Saturnino de Pamplona, con motivo del 250 aniversario de la bendición e inauguración del retablo de la Virgen del Camino


Del 25 de agosto de 1776 al 25 de agosto de 2026, han pasado 250 años de la inauguración de la capilla de la Virgen del Camino en la parroquia de San Cernin.

El entonces obispo de Pamplona, don Juan Lorenzo de Irigoyen y Dutari, bendecía solemnemente esta capilla que hoy contemplamos. Las obras se habían prolongado durante años, desde mediados del siglo XVIII, y fueron posibles gracias al esfuerzo de la Obrería de San Saturnino. Según cuenta el párroco de aquella época, don Juan Albizu, ayudaron a la construcción las aportaciones de los vecinos, de los gremios y cofradías, de los pamploneses que vivían lejos de su ciudad y de tantos fieles que quisieron ofrecer sus bienes para levantar una digna morada a la Virgen.

A esta capilla barroca le faltaría esplendor si no fuese la casa de la Virgen del Camino, la casa de María. Esta capilla quedaría incompleta si no albergase en ella a la “Reina y Señora de Pamplona”, tal y como la proclamó el arzobispo don José María Cirarda en 1987 con motivo del quinto centenario de la aparición de la talla. La capilla es esplendorosa, pero no veneramos una construcción, una capilla, sino a María nuestra madre en su advocación Virgen del Camino. Según cuenta la tradición, se apareció en el año 1487 en la parte superior del presbiterio de la Iglesia. Esta celebración es mucho más que un aniversario arquitectónico. Es la celebración y devoción de todo un pueblo. Es la celebración de la relación entre Pamplona y la Virgen del Camino.

Según nos cuentan, después de su aparición estuvo primero alojada en una hornacina del antiguo claustro, que posteriormente se derribó porque amenazaba ruina. Luego estuvo en otros lugares del templo. Pero como la devoción a la Virgen del Camino fue creciendo se vio la conveniencia de construir una capilla para la Virgen, más amplia y más digna, donde realmente se pudiese venerar a la Virgen. Como decían los antiguos, para nuestra Madre lo mejor. Unas obras que comenzaron en 1758 y fueron terminadas en 1776.

Pero la celebración de hoy no quiere quedarse en el recuerdo y la nostalgia. Aunque es importante saber nuestra historia, es conveniente mirar al futuro, trazar un camino. Es bueno que nos hagamos la siguiente pregunta: ¿qué significado tiene para nosotros la advocación Virgen del Camino? Es hacernos caminantes con María, junto a Jesús, como lo hizo ella en el momento de la concepción, que se fio de Dios. Cuando caminó hacia su prima Isabel para acompañarla y ayudarla en su embarazo por ser ya mayor. Cuando defendió la vida de Jesús, cuando Herodes quería matar a su hijo, con su huida a Egipto. Caminar con María para buscar a Jesús cuando lo perdió en el templo. Y sobre todo cuando ese camino le llevó estar a los pies de la cruz. Hoy estamos llamados a andar el mismo camino que María. Necesitamos una Madre que nos recuerde cuál es el verdadero camino. El camino es Cristo. «Yo soy el camino, la verdad y la vida», nos dice Jesús. Por eso, celebrar a la Virgen del Camino es renovar nuestra amistad con Jesucristo. Todo camino que hizo María acabó en Jesús.

Hoy es un día de alegría que nos lleva a hacer nuestras las palabras del profeta Isaías en la primera lectura, donde nos dice: «Desbordo de gozo con el Señor y me alegro con mi Dios» (Is. 61, 10). Estamos de fiesta, celebramos a María, nuestra Madre en la advocación de la Virgen del Camino. Hoy toda la fiesta nos habla de gozo y agradecimiento. En este agradecimiento destacamos el que la Virgen sea Reina y Señora de Pamplona. Cuando una ciudad mantiene durante siglos una devoción mariana, esa devoción se convierte también en patrimonio espiritual de sus habitantes. La fe de Pamplona no se entiende sin la devoción a nuestra Madre la Virgen del Camino. Por eso, al celebrar hoy estos 250 años reconocemos que la Virgen del Camino pertenece a Pamplona, que ella es la que ilumina nuestro camino, la que alumbra nuestro futuro. Al decir de María Reina, no estamos diciendo que ejerce un poder político o mundano, sino que, como Jesús, nos muestra otro camino: el del servicio y el del segundo plano, como muestra en el evangelio de las bodas de Caná.

Cuando decimos que María es el camino que nos lleva a Cristo nos fijamos en el evangelio que hemos leído y en las palabras de María: “Haced lo que Él os diga” (Jn. 2, 5).  María no dice: «Haced lo que yo os diga». Dice: «Haced lo que Él os diga». Lo dice en contra de Jesús, pues Él le dice a su madre: “No ha llegado todavía mi hora” (Jn. 2, 4). Pero María, como buena madre, conoce a su hijo y sabe que al final hará la voluntad de su Padre y no dejará desamparados a los novios de la boda. Toda la misión de María consiste en llevarnos a Jesús. Toda auténtica devoción a la Virgen termina en Cristo. Por eso, si amamos de verdad a la Virgen del Camino tendremos que preguntarnos si estamos dispuestos a escuchar a su Hijo.

Los que estamos asistiendo a esta novena tenemos el firme compromiso de seguir manteniendo la devoción a la Virgen del Camino. De transmitir su historia, de cuidar su capilla, de expandir su devoción y, sobre todo, de comunicar y compartir que la Virgen del Camino es Reina y Señora de Pamplona. Nuestra ciudad tiene una protección especial, María se ha quedado con nosotros para mostrarnos el camino que nos lleva a Jesús.

 

+ Florencio Roselló Avellanas O de M

Arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela

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