Homilía pronunciada por el Arzobispo don Florencio Roselló, el pasado 29 de agosto en la iglesia de las Franciscanas Concepcionistas de Estella, con motivo de la profesión solemne de Jyoti Bhabor
Querida hermana Jyoti, hoy celebramos un momento especial. Dios ha llamado a tu corazón y has dicho que sí. Y, como María, has dicho: “Hágase en mí según tu palabra”. Hoy es un día en el que dices que te fías de Dios, que la vida que te ofrece el Señor te llena mucho más que la que te ofrece el mundo. Hoy sobran las palabras, porque se quedan pequeñas. Hoy tu rostro lo dice todo. Te sientes tocada y amada por Dios, y eso lo demuestran tu mirada y tu sonrisa.
Hermana Jyoti, celebramos y festejamos que el Señor se ha fijado en ti. Al igual que María en el Magníficat estás diciendo: “Porque ha mirado la humillación de su esclava”. Celebramos que Dios te ha mirado, se ha fijado en ti y has dicho SÍ. La profesión solemne que hoy realizas es una respuesta a esa llamada, a ese amor primero que es el que va a sostener tu vocación. La comunidad te ayudará, te sostendrá en momentos difíciles, pero si el centro de tu vida no es Cristo, no tiene ningún sentido lo que estamos haciendo aquí.
Tu respuesta no es como un regalo que le haces a Dios, como si le hicieses un favor. Hoy estás aquí para responder a una llamada que Cristo te ha hecho. Hasta llegar hasta aquí has tenido ayuda, acompañamiento, formadoras, la propia comunidad, el capellán de la comunidad, pero ¿a quién te consagras hoy? No te engañes, es a Dios. No das este paso porque la comunidad es muy buena, no estás aquí porque tus formadoras han sido excelentes; no estás aquí porque hay gente de Estella que ayuda y apoya a la comunidad; no respondes a Dios porque el capellán o capellanes son muy buenos. Estás aquí porque Cristo es el centro de tu vida, porque Cristo es el amor primero. Es Cristo quien te ha traído a esta comunidad, es Cristo quien te ha llamado y es Cristo quien te sostiene. Como nos ha dicho san Pablo en la segunda lectura: “Todo lo estimo basura con tal de ganar a Cristo”. Hoy lo dices en voz alta, con esta profesión solemne dejas claro dónde está tu prioridad: en Cristo. Como nos decía san Agustín, cuya fiesta celebramos ayer: “Nos hiciste, Señor, para ti”. Dios te ha hecho para Él. Cuando una religiosa o religioso hace profesión solemne está diciendo que quiere que Cristo sea el centro, el absoluto de su existencia.
Querida Jyoti, en la vida religiosa la profesión solemne se ve como una meta que una vez alcanzada está todo conseguido, pero no es el final de un camino. Es el comienzo de una vida más intensa, más comprometida, más auténtica. Es una manera nueva, más profunda y definitiva, de comenzar cada día. Hoy entregas tu vida de manera especial, pero mañana también volverás a entregarla. Hoy comienzas un tiempo donde cada día vas a realizar una nueva profesión solemne, porque cada día seguirás diciendo sí a Cristo. Vivirás tu profesión solemne en lo pequeño, en lo cotidiano, en lo que nadie ve.
La clave de tu profesión solemne está en el “permaneced en mí” que nos ha dicho Jesús en el evangelio. Esta es la palabra que habrás de recordar muchas veces a lo largo de tu vida, porque la fidelidad no consiste en vivir permanentemente la emoción del día de la profesión. Todos los días de tu consagración religiosa no serán como hoy. La emoción pasará. Las flores se marchitarán. Pero quedará lo esencial: Cristo y tu sí a Cristo. Recuerda siempre este día, porque cada día tendrás que renovarlo. Cada día es un volver a decir sí, como si hicieses la profesión solemne de manera más sencilla, más humilde, pero con el mismo valor que hoy.
Hoy haces tu profesión solemne en la familia Concepcionista Franciscana. Estás llamada a imitar a san Francisco de Asís, que nos anima a mirar a Cristo con un corazón pobre, humilde y sencillo. Y a caminar con santa Beatriz de Silva para descubrir el misterio de María Inmaculada, que es una existencia limpia, abierta a Dios. Beatriz conoció las seducciones del poder, de la belleza y del prestigio. Vivió en una corte donde todo parecía importante y, sin embargo, descubrió que solo Dios permanece. Hoy santa Beatriz podría decirte: guarda el corazón libre. No busques seguridades fuera del Señor. Cuando lleguen la noche o el cansancio, vuelve siempre al primer amor, que es Cristo.
La gran herencia de santa Beatriz es María Inmaculada, pero no como una devoción, sino más bien como un estilo de vida de una consagrada contemplativa. La Inmaculada es la mujer del «sí» sin reservas. Toda su existencia fue de Dios. No buscó protagonismo; dejó que Dios obrara en ella. Esa es también tu vocación. Ser concepcionista es pedir cada día la gracia de un corazón limpio, sencillo y transparente. No un corazón perfecto por sus propias fuerzas, sino purificado continuamente por la gracia.
Que María Inmaculada te enseñe a decir cada día «hágase». Que san Francisco te enseñe la alegría de pertenecer enteramente a Cristo. Que santa Beatriz de Silva te acompañe en el camino de una vida transparente a Dios. Hoy ella te anima a permanecer en el amor de Cristo, porque ahí está toda la santidad y la entrega de tu sí a Dios.
+ Florencio Roselló Avellanas O de M
Arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela

